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DISCURSO DEL
PRESIDENTE DE MÉXICO,
ERNESTO ZEDILLO
Diciembre 21, 1994


Compañeras y compañeros del
Colegio Nacional de Economistas;
Señoras y señores:

Me es especialmente grato acompañarlos, compañeras y compañeros, en esta ceremonia.

Celebro la decisión del Colegio Nacional de Economistas de restaurar el otorgamiento del Premio Nacional de Economía Política Juan Francisco Noyola. Esta distinción sobresale en la comunidad de economistas del país por su importancia y su prestigio.

El desarrollo con justicia, bienestar y equidad al que aspiramos, hace necesario un conocimiento cada vez más riguroso, profundo y de alta calidad de los asuntos económicos del país. Por eso, a nombre del Gobierno de la República felicito muy sinceramente a quienes hoy reciben el Premio Juan Francisco Noyola, tanto en la categoría de investigación como a quienes concursaron con tesis de grado.

Los trabajos de ustedes contribuyen a un mejor entendimiento de la economía mexicana, así como a la búsqueda de alternativas viables para atender sus problemas.

Por eso, ustedes podrán valorar la pertinencia de ampliar los márgenes de acción de la política cambiaria que se dio ayer en el marco del Pacto para el Bienestar, la Estabilidad y el Crecimiento.

Ahora debemos trabajar para que los nuevos márgenes de la política cambiaria tengan efectos reales y positivos en la economía al promover las exportaciones, la inversión, el crecimiento y, de manera muy especial, la creación de empleos.

El acuerdo entre los sectores productivos del país pone de manifiesto el compromiso compartido y la solidaridad que tenemos todos los mexicanos para mantener nuestra economía en el curso de la recuperación.

La decisión de hacer más flexible la política cambiaria y mantener, al mismo tiempo, los compromisos esenciales del Pacto, es muy importante y adecuada, ya que durante 1994 algunos desequilibrios de la economía que hasta un año antes se estimaron como sumamente manejables, fueron tomando una proporción muy preocupante.

Los cambios en las condiciones externas -señaladamente la escasez de capitales en los mercados internacionales, reflejada en un alza sustancial en las tasas de interés- así como la aparición de circunstancias internas hasta hace un año inexistentes, dieron una dimensión distinta a los desequilibrios acumulados, que no eran causa de preocupación seria hasta 1993.

Ustedes saben que entre estos factores internos sobresalen la zozobra causada en la población por los brutales asesinatos de figuras destacadas de nuestra vida política y, asimismo, el conflicto en el estado de Chiapas.

La tensión de las últimas semanas alteró drásticamente la percepción prevaleciente en los mercados financieros, propiciando muy fuertes presiones sobre el mercado cambiario. Esto hizo indispensable actuar en ese ámbito. No haberlo hecho habría significado cancelar, en el corto y en el mediano plazo, las posibilidades de recuperación económica de nuestro país.

Ante eventos que afectan las expectativas en los mercados es necesario construir márgenes de flexibilidad que permitan a la política económica hacer frente a perturbaciones externas e internas. Es responsabilidad irrenunciable del gobierno adoptar aquellas políticas que signifiquen los menores costos para la población en su conjunto.

Como dije hace unos días, el Gobierno de la República no rehuirá ninguna responsabilidad y hará lo necesario para lo que hoy significan circunstancias adversas se transformen en factores positivos para facilitar el crecimiento económico con estabilidad que todos deseamos.

La nueva flexibilidad no será excusa para abandonar la disciplina económica. En 1995 el Gobierno Federal ejercerá un presupuesto totalmente equilibrado. De su parte, el Banco de México -con apego a su autonomía- ha reiterado que llevará a cabo una política monetaria conducente a reducciones permanentes en la tasa de inflación.

La nueva flexibilidad cambiaria debe marcar el inicio de una nueva etapa hacia el crecimiento económico, fundado en mucho mayor medida en el ahorro interno y en el impulso a nuestras exportaciones.

No debe olvidarse que el gran esfuerzo de apertura efectuado durante los últimos años, incluyendo la negociación del Tratado de Libre Comercio, se realizó para abrir mercados a nuestras exportaciones y, con ello, abrir oportunidades para la creación de empleos.

Para lograrlo, y aprovechando la oportunidad que nos da la flexibilidad cambiaria, durante 1995 desplegaremos una activa política en favor de las exportaciones. Ahora debemos desplegar el potencial exportador de nuestra economía, siempre sin sacrificar los saldos positivos de la política económica.

Por eso, a partir de las nuevas circunstancias, buscaremos y lograremos la estabilidad de precios, lo que exige una disciplina estricta en el ejercicio de las finanzas públicas.

Es también indispensable que todos los sectores productivos mantengan la disciplina y el esfuerzo. Sabemos que, para que los esfuerzos económicos fructifiquen, necesitamos avanzar en otros ámbitos de la vida del país.

No puede haber estabilidad económica si no hay estabilidad política. Estoy convencido de que los esfuerzos de diálogo, acercamiento, respeto mutuo y búsqueda de consensos que he venido realizando con los distintos partidos y fuerzas políticas del país, es un esfuerzo que vale la pena; es un esfuerzo que nos llevará a resolver diferencias sin mengua de nuestra pluralidad; es un esfuerzo que fortalecerá la corresponsabilidad de todos en la construcción de mejores condiciones económicas, sociales y políticas.

En este momento, nadie puede eludir su responsabilidad para con el país, si bien entendemos que la desconfianza y la intolerancia recíproca acumulada por años, no se superan en unos cuantos días. Debemos encontrar, y lo estamos haciendo, el camino para resolver las tensiones políticas, en el marco de la institucionalidad y del cumplimiento de las leyes.

Justamente, ese es el propósito que ha animado mi iniciativa de acudir a dialogar con los Diputados y los Senadores en su propia sede, así como intercambiar, también en su casa, opiniones con los asambleistas.

Con ese mismo ánimo, mantendré el diálogo con las dirigencias de los partidos políticos y de todas las organizaciones sociales; con ese ánimo, mantendré invariablemente la posición de que la solución al conflicto en Chiapas únicamente se dará a través del diálogo, la negociación, el entendimiento respetuoso.

El Gobierno Federal mantiene e insistirá en su posición de que el diálogo es el único camino para avanzar hacia una paz digna, justa y definitiva en Chiapas. Tenemos clara conciencia acerca de las condiciones de profunda injusticia, miseria y abandono, que provocaron la inconformidad y abonaron la violencia.

Por eso ratificamos que, a través del diálogo y la negociación, quienes se han inconformado deben ser parte de la concepción y aplicación de una solución con justicia, dignidad y respeto a la Constitución de la República.

De ahí que, para resolver el conflicto en Chiapas, el Gobierno Federal mantiene una agenda enteramente abierta. No descartamos el tratamiento de ningún tema, pues sabemos que la solución comprende asuntos políticos, incluyendo sus aspectos electorales; la justicia agraria, los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, la impartición y procuración de justicia para todos, y la atención resuelta y cabal a las demandas sociales.

Para construir las condiciones que permitan esa solución, he propuesto la integración de una Comisión de Mediación, que refleja la presencia de los partidos políticos en el Congreso de la Unión.

Aún más: el número de miembros de cada partido en la Comisión no depende de su representación proporcional en el Congreso. Se trata de que todos los partidos políticos representados en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República, participen en igualdad de condiciones en el esfuerzo por el diálogo y por la paz.

La pluralidad partidista de esta Comisión y su integración con miembros de un poder independiente del Ejecutivo, garantiza que sus juicios, evaluaciones y recomendaciones, serán claramente neutrales.

Deseo insistir en que la labor de esta Comisión no anula ni obstruye los esfuerzos que otras instancias pueden hacer por el diálogo y por la paz. Así, si el EZLN considera que la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), puede facilitar su primer paso hacia el diálogo, invito a los miembros de la CONAI a que sean el primer eslabón entre la Comisión de Mediación, integrada por legisladores, y por el propio EZLN.

En la búsqueda del diálogo y la paz, el Gobierno Federal no va a rehuir ninguna responsabilidad. Por eso, habrá un representante del gobierno para enlazarse, primero con la Comisión de Diálogo y Mediación por la Paz, así como para, en su momento, dialogar directamente con el EZLN.

Sabemos con toda claridad cuál es la función mediadora que puede desempeñar la Comisión propuesta, y sabemos también cuáles son nuestros deberes y nuestras tareas. Por eso, el Gobierno Federal está consciente de que la procuración del diálogo y la paz no cancela su obligación constitucional de cumplir y hacer cumplir la ley.

La disposición permanente, abierta y franca al diálogo, no releva al gobierno de su obligación de procurar la justicia y la seguridad entre los mexicanos.

Compañeras, compañeros:

La economía mexicana debe recuperar su capacidad de crecer y de repercutir en el bienestar de las familias. Sociedad y gobierno comparten las responsabilidades del desarrollo, bajo la convicción de que su avance es fundamental para el fortalecimiento de la nación, la expansión de oportunidades productivas y la satisfacción de nuestra profunda aspiración de justicia social con equidad.

Sé que en esa responsabilidad compartida, México contará con el talento y el esfuerzo de sus economistas.

Este periodo gubernamental se inicia en circunstancias económicas y políticas sumamente complejas. Es indispensable admitir con plena objetividad el tamaño de los retos que enfrentamos, pero debemos hacerlo con plena conciencia de nuestra fortaleza como nación.

No hay llaves mágicas para resolver los problemas que se han acumulado y que hoy afrontamos, pero estoy seguro que los superaremos con trabajo, disciplina y un profundo sentido de responsabilidad y justicia. Así serviremos a todos los mexicanos.

Muchas gracias.

En el salón Manuel Avila Camacho de la residencia oficial de Los Pinos, el Primer Mandatario mexicano, Ernesto Zedillo Ponce de León, encabezó la ceremonia en la que hizo entrega del Premio Nacional de Economía Política Juan Francisco Noyola 1994.


México, D.F. 21 de diciembre de 1994


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