Diciembre 94 Noviembre 94 Octubre 94 Septiembre 94 Agosto 94 Julio 94 Junio 94 Mayo 94 Abril 94 Marzo 94 Febrero 94 Enero 94

 

HOMILÍA DOMINICAL DEL
OBISPO SAMUEL RUIZ
Febrero 19, 1994


Hermanos y hermanas de
San Cristóbal de las Casas:

La paz del Señor esté con todos ustedes y reine en sus corazones, en su hogar y en nuestra ciudad. Todos ustedes han sido debidamente informados sobre las jornadas de diálogo a realizarse entre el señor licenciado Manuel Camacho Solís, comisionado para la Paz, y los delegados del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, para encontrar vías pacíficas de solución a los graves problemas que nos aquejan. También son sabedores del encargo que se me ha hecho a participar como mediador en este diálogo.

Desde un principio hemos tenido clara conciencia que toda la Diócesis está implicada en este encargo de mediación; por tal razón se han organizado jornadas de ayuno y oración en todas las parroquias y capellanías. Esto nos ha llenado de esperanza, pues sabemos que el único que en verdad puede darnos la paz que nace de la justicia, es Dios, nuestro creador y salvador.

Ahora nuestro corazón se llena de agradecimiento al Señor, pues nos ofrece la oportunidad no sólo de ser mediadores para la paz, sino de cobijar estas jornadas. La oración se transforma en actos concretos: a Dios le pedimos paz y él nos demanda ofrecer todo cuanto tenemos, nuestra vida y su misma casa para trabajar esforzadamente y llenos de fe en esta labor.

Nuestra Diócesis y esta ciudad de San Cristóbal de las Casas se hacen así más católicas, son lugar de encuentro entre quienes por años han vivido separados y que después de una dolorosa confrontación deciden encaminarse a dar soluciones reales y posibles a los agravios que aquejan a la inmensa mayoría de la población.

Esta situación coloca a nuestra ciudad y a nuestra Iglesia ante los ojos de México y del mundo; ahora como siempre debemos hacer efectiva la palabra de nuestro Señor que nos dice: "Ustedes son luz para el mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre un cerro. No se enciende una lámpara para esconderla debajo de la cama" (Mt. 5, 14). Somos lugar donde se está gestando una paz fundada sobre bases nuevas de justicia y fraternidad.

Ahora somos Evangelio vivo, anuncio de buena nueva al estado, al país y al mundo, pues en nuestro seno se está anunciando esta paz tan buscada. La responsabilidad histórica que nos ha tocado, por gracia de Dios, no es sólo para la historia nacional, sino también para la historia de salvación.

Los resultados que se obtengan de estos diálogos, trascienden el momento presente, pues son antecedente de caminos nuevos para solucionar las confrontaciones que en nuestro mundo se dan. Hermanos y hermanas: resuenan en nuestro corazón las palabras con que Jesús inició su vida apostólica: "El reino de Dios está cerca, tomen otro camino y crean en el Evangelio" (Mc. 1, 15).

La Providencia divina ha permitido que este episodio de la vida nacional se inicie en la Cuaresma, así como el pueblo de Dios fue purificado y preparado en el desierto durante cuarenta años, antes de entrar en la tierra prometida.

Nosotros, la Diócesis y los habitantes de esta ciudad, necesitamos colocarnos en este ambiente de preparación, de purificar nuestro corazón, somos llamados a la Conversión, a la Reconciliación y al Perdón, para ir hacia una paz nueva y encaminarnos a tiempos nuevos.

La paz y los tiempos nuevos no son solamente una promesa, son realidad, están ya presentes: "El reino de Dios está entre ustedes" (Lc. 17, 21). Por esta razón necesitamos sentirnos interpelados por el Señor y por los acontecimientos, y actuar según nuestras mejores costumbres cristianas y ciudadanas, para ser anfitriones hospitalarios de este diálogo por la paz.

Se nos ha comunicado que nuestra ciudad y específicamente nuestra Catedral ha sido escogida como entorno para este México nuevo. Nuestra Catedral tendrá un nombre nuevo: Catedral de la Paz. "Amor y verdad se han dado cita, justicia y paz se abrazan" (Salmos 85:11), por eso nuestra ciudad será llamada: Ciudad donde se abrazan la paz y la justicia.

Esto nos lleva a buscar el hacer pacífica nuestra ciudad, alejando de nuestra vida todo rencor u odio que pueda obstaculizar este bello camino. Evitemos durante estos días:

-- Toda clase de provocaciones.

-- Todo disturbio.

-- Toda manifestación partidista.

-- Toda actitud irresponsable.

-- Toda manifestación en favor o en contra de un Ejército u otro.

-- Dejemos de lado toda querella antigua.

Que nuestra única preocupación sea el estar decididos por la paz. Mostremos con signos externos nuestra voluntad pacificadora: marquemos nuestros hogares con el signo de la paz, banderas blancas, letreros que digan paz, signos de la paloma de la paz, sin ningún tipo de mensajes provocativos o reivindicativos.

Así como las organizaciones civiles y otros grupos sociales harán un círculo de vigilancia y protección para evitar problemas; nosotros hagamos un cerco ante Aquel que puede darnos la paz: nuestro padre Dios.

Organicemos jornadas de oración, pongamos en práctica todas las hermosas expresiones de fe que hemos conservado y practicado durante décadas: Ofrezcamos al Señor de la vida, a nuestro creador, a Dios "padre y madre" perfumes de dulce aroma, sacrificios espirituales; que nuestro ayuno sea agradable a El, para que nuestra luz resplandezca, nuestro recto obrar marcha delante de nosotros y la gloria de Dios nos siga por doquier (Cfr. Is. 58, 8).

Las medidas de seguridad previstas nos exigen estar dispuestos a soportar sacrificios y algunas incomodidades en nuestro diario quehacer. Es importante el superarlos con generosidad y espíritu de comprensión; todo será en favor de la paz.

Les anuncio que el culto en la santa Catedral quedará restringido durante un tiempo posterior a esta celebración eucarística de hoy, sábado 19 de febrero, a las 8:00 A.M. El próximo domingo llegarán los participantes en el diálogo. Por tal motivo el culto a la Catedral y las celebraciones se trasladarán a nuestros hogares, a los demás templos y a toda nuestra ciudad. Seremos la CIUDAD DE LA PAZ.

Queremos invitar de la manera más fraterna a nuestros hermanos evangélicos para que nos unamos todos en este empeño por la paz. Pensemos que podremos y deberemos dar con nuestra actitud acogedora una nueva forma de vivir el turismo en nuestra ciudad; de suerte que los visitantes retornen a sus países trasformados en mensajeros de paz.

¡Vayan en nombre del Señor,
sembradores de la paz!

Que la paz del Señor esté
con todos ustedes.

 

Monseñor Samuel Ruiz García
Obispo de la Diócesis de
San Cristóbal de las Casas

 

 

Versión estenográfica de las palabras pronunciadas por el obispo Samuel Ruiz García, durante la homilía que celebró el sábado 19 de febrero de 1994, en la Catedral de San Cristóbal de las Casas. 


Diciembre 94 Noviembre 94 Octubre 94 Septiembre 94 Agosto 94 Julio 94 Junio 94 Mayo 94 Abril 94 Marzo 94 Febrero 94 Enero 94