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CONFERENCIA DE PRENSA
DEL SUBCOMANDANTE
MARCOS, MANUEL CAMACHO
Y SAMUEL RUIZ
Febrero 22, 1994


OBISPO SAMUEL RUIZ:

Buenas tardes o quizá más bien buenas noches a todos ustedes. Estimados amigos de los medios de comunicación, en el ámbito nacional como en el ámbito internacional:

Hoy, a partir de las 9:00 horas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional presentó su pliego de peticiones sobre puntos nacionales, aspectos relacionados con etnias y asuntos referentes a las regiones de Chiapas.

Por su parte, el comisionado para la Paz, licenciado Manuel Camacho Solís, presentó una respuesta general al pliego de peticiones.

A partir de esta respuesta global, se organiza el trabajo subsiguiente para preparar concreciones en función de acuerdos futuros.

El trabajo avanza con gran responsabilidad de ambas partes. Todo nos permite augurar resultados positivos. Este es mi informe como mediador, ante ustedes.

 

SUBCOMANDANTE MARCOS:

Buenas noches. Va a tardar un poco, así que cambien los cassettes; los censores que preparen las tijeras, que el Comité Clandestino Revolucionario Indígena - Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional quiere decir algunas cosas antes de decir en su palabra, en general sobre lo que está ocurriendo en esta mesa de diálogo, aprovechando que aquí están presentes los principales medios de comunicación.

Primero nos hemos enterado que hay alguien que se dice miembro de nuestro Ejército, que está en los Estados Unidos de Norteamérica haciéndose portavoz como combatiente de nuestro Ejército. Esto es falso. No tenemos combatientes en otros países haciendo este tipo de trabajo.

El segundo punto es que el veto que había acordado nuestro Ejército a los autodenominados noticiarios de una cadena televisiva se mantienen, no sabemos cómo está llegando la señal ahí. Nada más les recuerdo que digan: ¡No a la Piratería!. No podemos hacer nada, nosotros no tenemos satélites para intervenir esa señal, pero sí que quede claro que no es con aprobación nuestra.

Queremos dirigirnos otra vez a todo México y a los pueblos hermanos del mundo, aprovechando que están ustedes aquí, la prensa nacional e internacional, con estas palabras:

Por mi voz habla la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Cuando bajamos de las montañas cargando a nuestras mochilas, a nuestros muertos y a nuestra historia, venimos a la ciudad a buscar la Patria. La Patria que nos había olvidado en el último rincón del país; el rincón más solitario, el más pobre, el más sucio, el peor.

Venimos a preguntarle a la Patria, a nuestra Patria, ¿por qué nos dejó ahí tantos y tantos años? ¿Por qué nos dejó ahí con tantas muertes? Y queremos preguntarle otra vez, a través de ustedes, ¿por qué es necesario matar y morir para que ustedes, y a través de ustedes todo el mundo, escuchen a Ramona --que está aquí-- decir cosas tan terribles como que las mujeres indígenas quieren vivir, quieren estudiar, quieren hospitales, quieren medicinas, quieren escuelas, quieren alimento, quieren respeto, quieren justicia, quieren dignidad?

¿Por qué es necesario matar y morir para que pueda venir Ramona y puedan ustedes poner atención a lo que ella dice? ¿Por qué es necesario que Laura, Ana María, Irma, Elisa, Silvia y tantas y tantas mujeres indígenas hayan tenido que agarrar un arma, hacerse soldados, en lugar de hacerse doctoras, licenciadas, ingenieros, maestras?

¿Por qué es necesario que mueran los que murieron? ¿Por qué es necesario matar y morir? ¿Qué ocurre en este país? Y hablamos a todos: a los gobernantes y a los gobernados. ¿Qué ocurre en este país que es necesario matar y morir para decir unas palabras pequeñas y verdaderas sin que se pierdan en el olvido?

Venimos a la ciudad armados de verdad y fuego, para hablar con la violencia el día primero de este año. Hoy volvemos a la ciudad para hablar otra vez, pero no con fuego; quedaron en silencio nuestras armas de fuego y muerte, y se abrió el camino para que la palabra volviera a reinar en el lugar donde nunca debió de irse: nuestro suelo.

Venimos a la ciudad y encontramos esta bandera, nuestra bandera. Eso encontramos; no encontramos dinero, no encontramos riquezas, no encontramos nadie que nos escuchara otra vez. Encontramos la ciudad vacía y sólo encontramos esta bandera.

Venimos a la ciudad y encontramos esta bandera y vimos que bajo esta bandera vive la Patria; no la Patria que ha quedado olvidada en los libros y en los museos, sino la que vive, la única, la dolorosa, la de la esperanza.

Esta es la bandera de México, nuestra bandera. Bajo esta bandera vive y muere una parte del país, cuya existencia era ignorada y despreciada por los poderosos; muertes y muertes se iban sumando bajo el cielo de esta bandera, sin que otros mexicanos voltearan: ustedes.

¿Por qué tenemos que dormir con las botas puestas y el alma en un hilo cuidando esta bandera? ¿Por qué brincamos selva, montañas, valles, cañadas, caminos reales y carreteras cargando y cuidando esta bandera? ¿Por qué la traemos con nosotros como la única esperanza de democracia, libertad y justicia? ¿Por qué las armas acompañan y velan día y noche esta bandera, nuestra bandera? ¿Por qué?

Y nosotros queremos preguntarles si hay otra forma de vivir bajo esta bandera, otra forma de vivir con dignidad y justicia bajo esta bandera. Ustedes nos han dicho que sí; nos han hablado con palabras de verdad, nos hablan al corazón diciendo: denle una oportunidad a la paz.

Nosotros hemos recibido su mensaje y hemos venido aquí con ánimo verdadero y honesto. No traemos dos corazones, no hay fuerzas oscuras detrás nuestro ni venimos aquí buscando otra cosa que no sea hablar y escuchar sin armas.

Cuando nosotros nos sentamos a la mesa del diálogo con el mediador, el obispo don Samuel Ruiz, y el comisionado para la Paz, licenciado Manuel Camacho Solís, nos desarmamos, dejamos nuestras armas a un lado y entramos y hablamos de hombre a hombre, sin armas de por medio, sin amenazas ni presiones.

Si traemos armas ahorita o cuando no estamos en la mesa del diálogo, son armas personales únicamente para defendernos en caso de que haya una agresión de alguna gente que se sienta agredida u ofendida por nuestra palabra de verdad y de justicia.

Ustedes nos han dicho que le demos una oportunidad a la paz y nosotros hemos venido aquí con ánimo verdadero y honesto. Si hay otro camino al mismo sitio, al lugar donde esta bandera ondeé con democracia, libertad y justicia, muéstrenlo.

No jugaremos con la sangre de los nuestros. Si es posible lograr que esta bandera, nuestra bandera, su bandera de ustedes, se eleve con dignidad, sin que sea necesaria la muerte que abona el suelo en que se planta, sea.

Abriremos esa puerta y seguiremos caminando con otros pasos. Si es posible que no sean ya necesarias ni las armas ni los Ejércitos, sin que haya sangre y fuego para lavar la historia, sea.

Pero si no. ¿Y si nos vuelven a cerrar todas las puertas? ¿Y si la palabra no logra saltar los muros de la soberbia y de la incomprensión?

¿Y si la paz no es digna y verdadera, quién --preguntamos-- nos negará el sagrado derecho de vivir y morir como hombres y mujeres dignos y verdaderos? ¿Quién nos impedirá entonces vestirnos otra vez de guerra y muerte para caminar la historia? ¿Quién?

Ustedes tienen la palabra: los que gobiernan y los gobernados, los pueblos todos de este mundo. Respondan ustedes, sabremos escuchar. Les pedimos que den un lugar en su corazón de ustedes para nuestro pensamiento; no nos dejen solos. Con ustedes, todo somos. Sin ustedes, somos otra vez ese rincón sucio y olvidado de la patria.

Nosotros, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, hemos venido con la misma esperanza con la que venimos el día primero de este año; no la esperanza del poder, no la esperanza del beneficio para unos cuantos, sino la esperanza de una paz con justicia, dignidad, democracia y libertad.

Por eso nos hicimos soldados, para que un día no sean necesarios los soldados. Escogimos este camino suicida de una profesión cuyo objetivo es desaparecer: soldados que son soldados para que un día ya nadie tenga que ser soldado.

Y es por esta bandera que nosotros nos hicimos soldados. Pero si ahora nuestro pueblo, nuestra gente, ustedes, nos dicen que es posible hacer esto sin que haya muerte y sangre, nosotros venimos a escuchar y a aprender también de ustedes.

La Patria, no esa idea que está entre letras y libros; la Patria que queremos todos, tiene que nacer otra vez. En nuestros despojos, en nuestros cuerpos rotos, en nuestros muertos y en nuestra esperanza tendrá que levantarse otra vez esta bandera.

Pase lo que pase, nosotros sabemos que en este largo y doloroso parto de la historia, algo y todo pusimos. No hay dolor que no sólo riman, sino que se hermanan y juntos marchan.

Por eso somos soldados que quieren dejar de ser soldados, porque los muertos de antes y de mañana, los vivos de hoy y de siempre, los de todos que llamamos pueblo y Patria, los sin nada, los perdedores de siempre antes de mañana, nosotros, los sin nombre, los sin rostro, podamos cultivar el poderoso árbol del amor que es viento que limpia y sana; no el amor pequeño y egoísta, el gran decir, el que mejora y que engrandece.

Cultivar entre nosotros el árbol del amor, el árbol del deber, en este cultivo poner la vida toda, cuerpo y alma, aliento y esperanza. Ustedes nos han dicho que es posible llegar a esto sin la guerra, que es posible que la paz abra la puerta de la esperanza para nuestros pueblos; los escuchamos a todos, los gobernantes y los gobernados.

Estamos dispuestos a ver si otra puerta se abre, y si es verdadera la seguiremos. Así venimos aquí, con ese ánimo, y con ese ánimo hemos hablado y le hemos dicho al gobierno nuestras demandas: democracia, libertad y justicia. Vemos en él la disposición de escuchar y la disposición de buscar un camino. Y ese es el que estamos buscando ahorita.

Queremos decirle al pueblo de México, y a los pueblos y gobiernos del mundo, a ustedes, representantes de la prensa nacional e internacional, que el diálogo va por buen camino. Hemos encontrado oídos que nos escuchan y ánimo verdadero de buscar una solución.

Quería referirme yo a la preocupación que existe por nuestros rostros y nuestras armas. No entendemos por qué se preocupan tanto de nuestros rostros si antes del primero de enero no existían para ustedes: ni Ramona, ni Felipe, ni David, ni Eduardo, ni Ana María, ni nadie existía para este país el día primero de enero.

Pero si quieren saber qué rostro hay detrás del pasamontañas, es muy sencillo: tomen un espejo y véanlo. Nosotros queremos decirles a ustedes, a los que han dicho la verdad, no a los que han seguido el camino de la mentira, que si la muerte se detuvo el día que se detuvo, fue gracias a ustedes y a la gente que hay detrás de ustedes.

Pedimos, como hermanos, que sigan diciendo la verdad, los que dicen la verdad; y si es posible, que los que dicen la mentira, no pongan tanto énfasis en la mentira. Queremos que apoyen este diálogo que se da, queremos que hablen claramente lo que decimos nosotros. Lo que estamos diciendo es la verdad, no es bueno buscar dobleces donde no los hay, porque eso puede traer más problemas por otros lados.

Las armas que tenemos, ya les expliqué, ni siquiera es por desconfianza al gobierno, más bien es por otras fuerzas que se han visto tocadas en sus intereses con nuestro movimiento. Pero pensamos que en este segundo día y expuestas nuestras demandas principales, que han sido sopesadas y analizadas por el Comisionado, avanzamos ya en buscar los caminos de resolución, y en base a ello, llegar a acuerdos concretos, si es que éstos son posibles.

Lo que me pide el Comité que diga, que diga claro en todas estas palabras, es su disposición verdadera a buscar otro camino, si es que lo hay. Y a recibir de todos ustedes su opinión y su apoyo en esta búsqueda por la paz con dignidad que nosotros esperamos.

En mi silencio, calla la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. En mi voz, habla Marcos, otra vez.

Queríamos aprovechar estos momentos porque nos han criticado mucho que por qué hablamos con unos y hablamos con otro, o con unos sí y con otros sí. Y queremos decirles de corazón que sí queremos hablar con todos y lo vamos a hacer; nada más que dennos "chance", pues acabamos de llegar y estamos batallando con la traducción de las propuestas, porque hay cuatro dialectos en el Comité Clandestino ahorita.

Cualquier iniciativa que se toma o se demanda, o respuesta del Comisionado, tarda mucho porque tenemos que estarla traduciendo. Pero nosotros les prometemos, de corazón, puesto que les debemos mucho a todos ustedes, hablar a pasamontaña quitado todo lo que quieran saber sobre nosotros.

Es todo, muchas gracias.

 

LIC. MANUEL CAMACHO SOLÍS:

Buenas noches a todos. Después de haber escuchado las palabras de la Comandancia General del EZLN, a través del Subcomandante Marcos, a mí me queda muy claro que el esfuerzo que se ha venido haciendo para llegar a una paz digna es la decisión más importante que se podría tomar para evitar todos los costos de la guerra.

Todos los que hemos vivido aquí esta semana, estamos hoy conscientes de cuáles hubieran sido las consecuencias del despertar del Chiapas violento. A mí, después de todas estas semanas, me quedan claro cuáles son los problemas que llevaron a la violencia en este estado.

Pero hoy, lo importante ya no es seguir en esta tradición, en estas historias que se han acumulado a lo largo de la historia de Chiapas, en donde a cada acción viene una reacción, en donde a cada odio viene un resentimiento. Hoy, lo importante es ver hacia delante y construir una paz digna.

A lo largo de las reuniones que hemos tenido con los miembros del EZLN, se han presentado dos procesos, dos procesos que nos han llevado a una reflexión profunda. Uno es la relación de los problemas generales y otro la recisión de esos problemas, con ejemplos de las comunidades indígenas y campesinas del estado de Chiapas. Este proceso ha sido difícil. Es difícil reconocer los problemas. Es difícil ver cómo, al juicio general se acompañan los ejemplos.

Pero en este proceso hemos aclarado con fuerza nuestra propuesta; en este proceso es que hemos ganado confianza sobre la necesidad de seguir avanzando en una estrategia de paz. En este proceso me ha quedado muy claro que la única manera de sacar adelante los problemas de Chiapas, con toda su repercusión para el país, es fortaleciendo las instituciones republicanas.

Y eso quiere decir que las instituciones vean lo que está pasando y respondan a esos problemas, porque las instituciones son fuertes en la medida en que escuchan a la sociedad y dan respuestas nuevas a la sociedad. Este es el proceso en el que estamos trabajando. Este es el proceso que va a sacar adelante la paz en el estado de Chiapas.

Muchos queremos cambios en el país, muchos queremos más democracia, queremos libertades y queremos avanzar en la justicia. Lo complejo y lo difícil, es construir eso a partir de nuestras realidades y del conjunto nacional e internacional. Pero ese es el gran reto que nos ha planteado Chiapas y ese es el gran reto que estaremos en posibilidad de responder.

Después de hacer una primera evaluación a las propuestas del EZLN, después de hacer una primera respuesta general, creo que la salida a la paz en Chiapas, estará en nuevas respuestas para el Estado. No sólo para el EZLN, sino para toda la sociedad. La salida estará en un nuevo trato para las comunidades indígenas de todo el país y la salida estará en un compromiso con la democracia.

Esta es mi apreciación, esta es la motivación que tengo; esos son los puntos que estoy defendiendo en la mesa y es en esta situación tan compleja donde habremos de plantear las propuestas y encontrar las nuevas salidas.

Muchas gracias y buenas noches a todos.

 

 

Versión estenográfica de la Declaración Conjunta de los integrantes de las Jornadas por la Paz y la Reconciliación de Chiapas, efectuada en la Catedral de esta ciudad.
San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
A 22 de febrero de 1994. 


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