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CONFERENCIA DE PRENSA
DE OBISPOS CATÓLICOS
MIEMBROS DE LA
COMISIÓN DE PAZ
Febrero 25, 1994


FELIPE AGUIRRE, OBISPO
DE TUXTLA GUTIÉRREZ:

Señores de la prensa, radio y televisión. Nos reunimos con ustedes los obispos de la Comisión para la Reconciliación y la Paz en Chiapas, los siete obispos que hemos sido designados por la Conferencia del Episcopado Mexicano.

Queremos acceder a una invitación que ustedes nos hicieron para venir a platicar con ustedes sobre lo que en esta tercera visita que estamos realizando hemos visto, palpado y sensibilizado aquí en este lugar y en estos días, en torno a San Cristóbal, en esta ciudad de la paz y lo que hemos visto y oído en algunos pueblos y en la Catedral de la Paz.

Sobre todo, queremos poner el acento en aquellos elementos llenos de esperanza: los logros, aquellos aspectos positivos que estamos contemplando y que ya son en este momento un anuncio de que la paz está próxima a firmarse, a estamparse en documentos y que será como un reto para toda la nación mexicana y para Chiapas, concretamente, a fin de que sea una paz, como hemos dicho, sólida, profunda, estable y duradera.

Desde el 23 de este mes, nos reunimos todos los obispos desde la ciudad de Tuxtla. Hemos establecido ahí contacto con el jefe del Ejecutivo estatal y después nos trasladamos aquí, para estar en contacto con el señor obispo Samuel Ruiz García, mediador en este diálogo que se está llevando a cabo en la Catedral de la Paz, en la mesa de San Cristóbal, como se le ha llamado.

Ayer visitamos Altamirano, que nos pareció que era uno de los puntos importantes, pero que era necesario una presencia para cumplir con el objetivo que tenemos nosotros en esta Comisión: promover acciones que lleven a la reconciliación y a la paz.

Coadyuvar también a las acciones que, de parte de las Diócesis de nuestras iglesias de todo el país, debemos coordinar para llevar los apoyos y las ayudas necesarias a los hermanos necesitados, especialmente a los desplazados, los rechazados u otros que padecen alguna necesidad.

Hoy hemos querido visitar a los expulsados y dándonos cuenta del cerco que se ha hecho aquí, en torno a la Catedral, hemos querido dar una palabra de aliento, un saludo a todas esas personas heroicas que, de una manera callada están haciendo posible que se lleve a cabo este diálogo por la paz.

Hemos saludado a los Organismos No Gubernamentales, al Ejército Mexicano y a aquellas otras personas de la Cruz Roja que están en ese cerco que se ha logrado hacer para dar seguridad y un signo de paz aquí en San Cristóbal.

Quiero, después de presentarles a los señores obispos, miembros de la Comisión, primero pedirles una disculpa por habernos esperado desde más temprano, porque tenemos notificado que esta rueda de prensa sería a las 13:00 horas. Así se nos avisó.

Queremos pedirles disculpas porque en este momento no se encuentra con nosotros monseñor Adolfo Suárez Rivera, presidente del Episcopado Mexicano y también presidente de esta Comisión para la Paz.

Está con nosotros el arzobispo Héctor González Martínez, arzobispo de Oaxaca y encargado también de la Comisión pastoral Social de Caritas.

Está también el señor Carlos Talavera, obispo de Coatzacoalcos, Veracruz, y encargado por parte de los obispos para la Comisión de Refugiados.

El señor obispo Felipe Arizmendi Esquivel, de Tapachula, que es encargado de la Comisión para Seminarios.

Monseñor Samuel Ruiz, que forma parte de esta Comisión; él está mediando en este diálogo, entre los interlocutores.

Y un servidor de ustedes, obispo de Tuxtla, Felipe Aguirre Franco.

Primeramente les pediremos a los obispos que ellos nos digan algún mensaje, información para ustedes y luego, después de lo que ellos nos expongan, me piden la palabra para poderla ceder a cada uno de ustedes.

 

HECTOR GONZALEZ MARTINEZ
(OAXACA):

Una apreciación que verificamos los obispos es el paso rápido --gracias a Dios--, que se ha logrado desde los primeros momentos del alzamiento, hasta el momento en que estamos, un paso rápido de actitudes muy enérgicas y firmes, actitudes de paz, reconciliación y entendimiento.

Si comparamos los primeros comunicados del primero de año con los de los últimos, reflejan el ambiente, la diferencia que ha habido entre aquel día y hoy, y que podemos sintetizar en una maduración rápida del problema.

De tal manera que, lo que era un problema álgido, estamos en este momento en una maduración, en un momento de recoger frutos. Es decir, estamos en el momento de llegar a una paz, a una reconciliación.

La Iglesia tiene esta vocación y no podemos hacernos indiferentes o quedar ajenos a una situación como la que vivimos en el país.

Jesucristo se encarnó en las realidades del hombre y la Iglesia se sigue encarnando en todas las realidades que se suceden.

Por eso los obispos queremos participar, como esa sal y fermento, como ese instrumento establecido por Jesucristo, como señal de reconciliación entre todos los hombres.

Una tercera y última apreciación es también que estamos percibiendo ya casi frutos positivos de este proceso, frutos que se plasman, según se han dado los informes, incluso por el Subcomandante Marcos.

Hay proyectos de paz, de justicia, en la electrificación, en los caminos, la salud, la integración indígena, etcétera.

Podemos constatar esto, pero, de mi parte, haría una media advertencia: no bastaría con que se logren estos acuerdos formales, firmados.

Es necesario que se llegue a una transformación y cambio de la mentalidad y los sentimientos de las actitudes, que podrían ser simplemente aprendiendo a leer las cosas, las situaciones.

Aprender a interpretarlas y a sacar conclusiones adecuadas de solidaridad, sobre todo, cambiar la mente, el corazón, con principios de doctrina social de la Iglesia, para hacer de estos principios, fuentes de transformación, puntos de apoyo para el cambio de todas las relaciones: de la persona consigo mismo, con la naturaleza, con los prójimos y con Dios.

 

RAUL VERA
(CIUDAD ALTAMIRANO):

Como ha dicho el señor arzobispo González, vemos signos de esperanza en esta tercera visita que estamos haciendo al lugar de los acontecimientos que han conmovido al país y también no sólo a América Latina, sino a muchas partes del mundo, a partir del primero de enero.

Estamos contemplando ya signos de esperanza, nosotros también entendemos que esta paz no se construirá sin la participación de todos. En primer lugar con las peticiones de los hermanos que se han levantado y que han enumerado desde el primer día y que van encontrando soluciones, requerirán un esfuerzo de los chiapanecos.

No sólo corresponde a una región del país responder a la dignificación de los hermanos indígenas, de los campesinos.

Ellos mismos nos han expresado, los miembros del Ejército Zapatista, con quienes hemos tenido una breve entrevista, en medio de todas las ocupaciones que tienen y también de las entrevistas que conceden a otros grupos.

Pero hemos captado que ellos no sólo quieren la dignidad para ellos como indígenas, sino están pidiendo la dignidad para todos aquellos grupos de empobrecidos y que han quedado marginados no sólo en Chiapas, sino en el país.

Al mismo tiempo que requieren de nuestra parte una mentalidad distinta, como lo señalaba, requiere de parte de nosotros una participación activa en el mejoramiento de las estructuras, que faciliten el acceso a los derechos fundamentales de quienes han quedado marginados hasta ahora.

Entendemos lo que está sucediendo aquí y que aparentemente tiene como actores a pocas personas, y como también nosotros lo preguntamos al señor comisionado para la Paz, el señor Camacho Solís, quien nos hizo ver con claridad que él en las respuestas que está dando, requiere del apoyo y la participación de aquellos a quienes corresponde implementar los mecanismos de respuesta.

Además, se está hablando desde el principio de la búsqueda de una paz estable, verdadera, auténtica, basada en la justicia. Esto requiere que las instituciones garanticen una paz de ese tamaño.

Creo que la solución al problema nos invita a todos a una participación muy clara y muy decidida en la renovación de nuestras instituciones.

A nosotros como Iglesia también nos está interpelando esta problemática. Nosotros tenemos la necesidad de un cambio de mentalidad, de actitudes, un cambio profundo en el corazón; a nosotros como Iglesia nos están invitando a un nuevo modo de hacer nuestro trabajo evangelizador.

El señor Suárez Rivera lo dijo desde el primer día que estuvimos con ustedes en este mismo lugar: para nosotros también es un reto el lograr una evangelización integral, profunda, que lleve a liberar al hombre de muchas penas, situaciones que lo atan y aquí no se trata de liberar nada más a los pobres.

Nosotros los que, según esto estamos muy bien, ya acomodados con una mentalidad y unas estructuras muy cómodas en donde de repente vimos a unos hermanos con armas reclamando sus derechos y a más de uno se le cayó el cielo encima.

¿Por qué? Porque creíamos que todo iba muy bien. Entonces esto requiere de nuestra parte un cambio profundo hacia una sociedad más humana, que contemple realmente al ser humano en su dignidad y empezando por la familia.

Y éste es un trabajo que nosotros, como Iglesia, tendremos que llevar adelante y que lo hemos dicho de muchas maneras en nuestros documentos y que tenemos que encontrar los caminos para hacerlo realidad. Gracias.

 

OTRO OBISPO
(NO IDENTIFICADO):

Muy buenas tardes, quisiera sólo tratar tres puntos. Quiero escuchar mucho más ampliamente difundido el deseo de encontrar la paz. Un detalle importante es éste: encontramos en Ciudad Altamirano la voluntad definida de entrar en diálogo y eso lo mostraron, en primer lugar, los así llamados ganaderos, los ejidatarios y gente que cría ganado.

Ellos tenían voluntad de aclarar muchas cosas con otros sectores, especialmente con las religiosas, de quienes se habló de qué tanto estaban apoyando al EZLN.

Entonces, tuvimos oportunidad de ver cómo se pudo iniciar un diálogo. No podemos decir que hayan sacado en especial algo definitivo, pero se inició el diálogo y esperamos en Dios que pueda seguirse adelante. Hay la voluntad de ellos de llegar a una paz, pero a una paz sólida, basada en la justicia y que sea también duradera.

El tercer punto que me llamó la atención es la realidad de todos los indígenas chamulas que han sido expulsados de su lugar. Se dice que es por motivos religiosos y ellos afirman que no es cierto. Y lo que necesitamos es no sólo evangélicos, como se dice. Hay no menos del 40 por ciento que son católicos. Los motivos son otros y estas son cosas que requieren atención.

 

FELIPE ARIZMENDI
(OBISPO DE TAPACHULA):

Al terminar esta visita, me llevo impresiones de esperanza. Vemos que la paz va por buen camino, porque hemos visto apertura en todos para que se logre la paz. Anoche estuvimos con los del EZLN y encontramos apertura. Ellos ya no están cerrados en todo, como lo planteaban al principio, sino hay apertura para buscar otros caminos.

Hay apertura en las autoridades del Gobierno, que están dispuestas a escuchar y han estado viendo qué cosas deben cambiar. Hemos encontrado apertura también en el Ejército, porque están tratando de seguir las indicaciones de no estorbar al proceso de la paz.

Hay apertura en los ganaderos, con quienes tuvimos la oportunidad de dialogar ayer. Nos afirmaron que, con tal de que haya paz, algunos de ellos están dispuestos hasta a vender parte de sus tierras y otros no lo quieren hacer, pero algunos sí lo afirman y es una avance de que algunos quieran, con tal de que haya paz, que las cosas se revisen.

Nos dijeron que si hay latifundios, que se acaben, porque estos están contra la ley. Nos lo afirmaron los mismos ganaderos. Hemos encontrado apertura en toda la sociedad, para que esto no se vea como un conflicto exclusivamente chiapaneco, sino como un problema nacional que aquí brotó.

Esta es una gran apertura que estamos viendo en todas partes y esto nos alienta a que la paz va por buen camino. Ojalá que no caigamos otra vez en la cerrazón de mente y de corazón para dejar de escuchar los reclamos justos de la comunidad.

Desde el primer día, los obispos chiapanecos dijimos que no estamos de acuerdo con el procedimiento armado, pero que debe servir como advertencia, porque si se olvida a los grupos marginados, la violencia estalla en cualquier momento, de esta u otra forma.

Ojalá que este acontecimiento sea un llamado a la conciencia para todos. Ojalá que nuestras autoridades tengan un sentimiento más cercano a las necesidades reales de nuestros pueblos, que experimenten y sientan lo que a la gente les duele, para que realmente no se vuelvan a repetir estas acciones tan violentas que todos lamentamos.

Ojalá que tengamos apertura todos, nosotros mismos en la Iglesia, para estar más atentos a las necesidades de estas personas, no sólo indígenas, sino a toda la gente que está sufriendo. Ojalá que no volvamos a una cerrazón, sino que cambiemos actitudes, el corazón hacia ellos.

Hago una exhortación mediante ustedes. A muchas personas que por todas partes están exacerbando sus ánimos para reclamar lo que, según ellos, es su derecho. Que sepamos conciliar la justicia con la prudencia, porque no basta la justicia, se requiere la prudencia, ver el momento, la forma adecuada; saber combinar la fortaleza, para seguir exigiendo junto con la templanza, en la medida adecuada.

Son cuatro actitudes fundamentales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, que deben combinarse, porque si sólo hay reclamo de justicia, sin prudencia y sin templanza, podemos cometer graves injusticias y se requiere combinar todo.

Con todo el respeto a ustedes, a los dueños de los medios o a sus directores. Algunos nos han dicho esta impresión, que no sé si sea real: que ahora que se va viendo que la paz empieza, que es posible, que se empiezan a retirar algunos medios; que ya hay menos medios ahora que empieza la paz.

Sería muy triste eso, que algunos medios vivieran de la guerra y que no alentaran la paz. Ojalá que se aliente la paz y no que vivamos de la guerra.

Gracias.

 

FELIPE AGUIRRE
(TUXTLA GUTIERREZ):

Me resta decirles que una de las esperanzas que hemos visto los obispos de esta Comisión es que en esta tercera visita que hicimos, contemplamos que se ha abierto una puerta para que los desplazados ya regresen nuevamente a sus ejidos, a sus tierras, a sus ranchos y esto es muy alentador.

Lo comprobamos con el comisionado para la Paz, Manuel Camacho Solís, y con el mediador, Samuel Ruiz, y también con los miembros del EZLN, quienes nos han dicho que lo único que desean es que haya garantía de ambas partes para que los más de 20 mil desplazados puedan regresar y sabemos que ya en estos momentos están regresando gradualmente.

Nos alienta también darnos cuenta de que en estos momentos en que se aleja la guerra y se firma la paz, darnos cuenta que ustedes también son otros tantos servidores para esta noble causa.

Esperamos que ya no reine entre nosotros la Ley de la Selva. Que sea la ley de la comprensión y la solidaridad de todos como hermanos y que, cuando se firme la paz, que no siga la guerra del papel, en los medios que pudieran promoverla, para poder llenar ocho columnas en algunas noticias.

Nos hace a nosotros ver el interés del mundo, de México y Chiapas para llevar a cabo otras acciones. Les agradecemos mucho.

 

 

Conferencia de prensa de los miembros de la Comisión para la Reconciliación y la Paz de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
25 de febrero de 1994. 


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