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COMENTARIOS DEL
SUBCOMANDANTE MARCOS
A LA CARAVANA DE
CARAVANAS
Junio 17, 1994


Selva Lacandona, Chis., 17 de junio.- Intempestivamente, una partida de combatientes zapatistas aparece en el cruce del camino por donde va la Caravana de Caravanas para entregar casi 200 toneladas de víveres a las poblaciones selváticas de Chiapas que están padeciendo de la enfermedad más grave de todas, el hambre.

Los vehículos delanteros se detienen. Los integrantes de la Caravana no salen del asombro. Han pasado tantos retenes en el largo camino, pero estos son de soldados del Ejército Federal. Y ahora se encuentran con el primer retén del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que el Año Nuevo le declaró la guerra al gobierno federal.

Pero la sorpresa es aún mayor, cuando del monte, en una curva de la brecha, aparece un guerrillero diferente a los demás --los demás son indios tzotziles, tzeltales, choles, etcétera-- de estatura regular, piel blanca, manos afiladas, ojos color de miel, pasamontañas negro de paño, paliacate al cuello, barba negra, canana al pecho y botas de campaña. Es el mítico subcomandante Marcos.

Ningún integrante de la Caravana había imaginado encontrarse con los zapatistas, y menos con el "sup", como le dicen los indios porque no pueden decir "sub", en su aventura por llevar ayuda alimentaria a los 20 mil indios diseminados en los poblados de esta parte de la selva, que desde hace cinco meses padecen hambre, porque no pueden salir a comprar ni vender, debido al cerco que mantienen las fuerzas regulares a la zona zapatista desde que el gobierno decretó la tregua unilateral en las primeras semanas de enero.

Los camiones de carga, los autobuses, van llegando lentamente al retén zapatista, después de que algunos han tenido problemas serios con los motores, con los vados, con la estrechez del camino. Los primeros, los automóviles, lo hacen alrededor de las seis de la tarde, después de casi tres días de haber salido del Zócalo de la ciudad de México, y van entrando a la selva, luego de que el propio Marcos averigua, detalladamente, quiénes son sus ocupantes.

"Váyanse con cuidado porque el camino es malo. Se va a ir con ustedes un combatiente", dice Marcos al reportero de EL FINANCIERO, y se emprende la marcha hacia el destino de la Caravana, unos 14 kilómetros más adentro de la selva, ya cayendo las sombras de la noche, en medio de un concierto de voces que emanan de entre los árboles.

El teniente Eduardo, con una ametralladora FKF en las manos, argumenta que es la milpa y los madereros los que han acabado con la selva. Hace preguntas: ¿Cómo está la situación del país? ¿Qué candidato tiene más posibilidades de ganar?

Los 14 kilómetros de selva son los más largos, interminables y peligrosos del camino de más de mil 200 kilómetros desde la ciudad de México. Por ahí tiene que pasar una treintena de vehículos, ocho pesados camiones de carga con alimentos recolectados en la ciudad de México y en otras partes del país para los indígenas cercados por el hambre.

Pasada la sorpresa, al ritmo de los tumbos que da el vehículo por la que los zapatistas llaman burlonamente "la autopista", que es en realidad una brecha infame, se calienta la conversación con el teniente Eduardo, un indio tzeltal que estuvo en la toma sangrienta de Ocosingo, de donde milagrosamente logró salir vivo. Su primera gran experiencia bélica luego de cuatro años de haberse dado de alta en las filas del EZLN.

En el pueblo, la gente espera con música y con baile, y la espera de la mayoría de los vehículos de la Caravana se hace desesperante, sólo mitigada por la alegría de los pobladores, unas 50 familias de indios tzotziles que viven en la más profunda tranquilidad en medio de la selva, a pesar de que los fusiles esperan el fragor de posibles batallas.

Entre tanto, las estrellas centellean en una noche espesa, las estrellas fugaces atraviesan el firmamento, en medio de una noche profunda, de selva, y los perros ladran.

Los jovencitos y los niños tzotziles bailotean al ritmo de una música que emite un tocadiscos movido por un acumulador. Las llamas de una hoguera crepitan y los integrantes de la Caravana continúan hallando sorpresas. Campesinos entusiasmados por la visita, niños extrovertidos, mujeres silenciosas, con la miseria a cuestas, con los intestinos poblados de amibas.

Un comando de combatientes organiza una velada televisiva, gracias a un acumulador, para entretener a la gente. Desde una casetera el CANAL 6 DE JULIO "transmite" "La Guerra de Chiapas, la otra guerra", la visita de Cárdenas, entre otros temas.

Los adultos se sientan en las bancas de la escuela frente al televisor. Los niños pequeños se duermen en los brazos de su madre o en el suelo de cemento de la cancha de basketbol, y la función se alarga.

A las 11 de la noche empiezan a verse por los montes los primeros reflejos de la Caravana y a las 12 terminan de arribar todos los vehículos.

Se arma la convivencia entre unos 400 visitantes, los indios del pueblo y los combatientes zapatistas. Se hacen los preparativos para pasar la noche. Muchos medio duermen en los vehículos o duermen solazmente sobre el pasto mojado por el sereno de la noche, enfundados en bolsas térmicas.

Un grupo de universitarios decide apostarse alrededor de la fogata para pasar la noche en vela, cantando y conversando.

El subcomandante no duerme y sus ojeras se hacen más pronunciadas. Se la pasa conviviendo con los trasnochados, haciendo chistes, escuchando canciones, estrechando la mano de muchos, hombres y mujeres --sobre todo mujeres--, porque el tipo atrae con un magnetismo que no se había visto desde aquellos ídolos como Pedro Infante.

Transcurren las lentas horas de la noche selvática y empiezan a aparecer los primeros resplandores de la mañana. Marcos se despide porque tiene que ir a dar instrucciones para que los integrantes del Comité Clandestino Revolucionario Indígena sean transportados al pueblo, donde unas horas más tarde va a presidir la bienvenida a la Caravana.

Antes, Marcos platica con un grupo y les dice que la Caravana es muy oportuna porque vienen las lluvias más fuertes y se enlodan los caminos, y la gente de la selva no puede salir porque la detienen los federales y desaparecen.

Ahora en la selva no hay comida. La cosecha aún no se da. Con la carga que trae la Caravana, la gente puede aguantar un mes porque el maíz se da hasta agosto. "El maíz es el alma del pueblo. Cuando falta, aprieta el alma", dice Marcos.

Unas mujeres le solicitan a Marcos una olla para cocer agua para 'Nescafé'. y se inicia una nueva aventura ya con el sol esplendoroso en una mañana de cantos de gallos, ladridos, ajetreo de mujeres "torteando" las tortillas; combatientes escogiendo el frijol, y por un "rastro" escondido matando una res para dar a comer a 400 personas.

Ya con el sol encima, el pueblo se llena de hombres y mujeres, niñas y niños; se prepara el "desayuno", se toma café alrededor de la ya casi apagada hoguera.

La muchachada universitaria se prepara para descargar los camiones. Lo hacen en cadena cantando canciones y aplaudiendo al ritmo de la música. En una hora y media quedan vacíos los transportes y llenos hasta reventar tres salones de la escuela y la misma Iglesia.

Costales de maíz, frijol, arroz, azúcar, latería, medicamentos, juguetes, ropa, se atiborran en las improvisadas bodegas, mientras combatientes zapatistas preparan la ceremonia de recepción que presidirá el Comité en la misma cancha de basquetbol.

Los combatientes zapatistas van y vienen por todo el pueblo. Preparan un entarimado para la ceremonia de bienvenida, se unen a los universitarios y organizan partidos de basquetbol pistola al cinto. Ganan los zapatistas por marcadores abultados. El sol va calentando el ambiente.

Aparece por la "autopista" un batallón de combatientes marchando rifle en mano, ante la mirada sorprendida de los visitantes. A la cabeza, Marcos, con su pipa de siempre. El batallón llega a la cancha de basquetbol, pero Marcos ordena empezar de nuevo porque muchos no pudieron tomarles la foto.

Marcos platica con el enviado de EL FINANCIERO, en la propia cancha, junto al batallón, y habla del papel de la sociedad civil organizada para que se dé la transición pacífica a la democracia.

Un Marcos sereno, de profunda paz interior, explica las razones de los indios y advierte que el problema de la democratización no es sólo del EZLN, ni de Chiapas, sino de todo el país.

Marcos da un mensaje a los visitantes de la Caravana, en una ceremonia privada, y luego se organiza la fiesta. Transcurre otra noche en la selva, selva de murmullos, de estrellas, de grillos, de pájaros, de ladridos. Transcurre otra noche de mal dormir. Luego, un nuevo amanecer. Y la caravana se despide de los indios, retomando el camino de regreso.

A las puertas de una cañada sólo se ve una manta que dice: "Bienvenidos a la Selva Lacandona. Guarida de Transgresores. Cuna del EZLN y Rincón Digno de la Patria. Ojo. Pelones. Campo Minado".

 

 

Periódico EL FINANCIERO
18 de junio de 1994
Comentarios del subcomandante Marcos
a integrantes de la Caravana de Caravanas
Por Francisco Gómez Maza, enviado


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