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ENTREVISTA AL
SUBCOMANDANTE MARCOS
POR ENRIQUE OLIVARES
Junio 21, 1994


En algún lugar de la Selva Lacandona, Chis., 21 de junio.- Sobre la línea dura que mantienen el gobierno y el EZLN --"los dos están mal"--; en la que uno lucha por mantener las cosas como están y el otro pugna por el cambio, está la sociedad civil.

Sólo ésta puede dejar mal parados a ambos; pasar por encima de los dos y consumar el tránsito a la democracia. "A eso le apostamos... O indefectiblemente vendrá la guerra".

Al establecer enfáticamente lo anterior, el subcomandante Marcos subraya: "sí es posible, a través de la sociedad, un tránsito pacífico hacia la democracia. Si éste no se da, habría que atenerse a un panorama bastante desilusionante. Si se produce un fraude (electoral), estallidos como el de Chiapas se volverían a repetir..."

Pausada, serenamente, el subcomandante Marcos advierte: "una guerra sería de un alto costo para el país; para el gobierno, para la sociedad; para el EZLN. En una guerra civil no hay control ni interlocución. No hay mando. Habría muchos grupos dispersos. Se producirían ajustes de cuentas, venganzas y sería muy difícil ponerse de acuerdo para llegar a la paz. Puede ser muy doloroso para todos".

Por eso, el protagonista principal del levantamiento armado que se produjo aquí al despuntar el año, insiste en una transición pacífica a la democracia. Sin armas. Sin tiros. Y eso sólo puede llevarlo a cabo la sociedad. Confía plenamente en ello.

Apunta: "la sociedad va a empezar a organizarse; va a forzar un proceso hacia una revolución nueva, que será la conclusión de lo que aquí se inició en enero. Será por la vía pacífica. Aún es posible".

+ Para llegar hasta el subcomandante Marcos hay que recorrer seis, ocho horas de carretera, brechas y caminos escarpados. Cruzar montañas, valles y ríos. Muchos retenes. Es el corazón de la Selva Lacandona.

A la sombra de un frondoso árbol, Marcos recibe a los enviados de OVACIONES, EXCELSIOR, RADIO RED y LOS ANGELES TIMES. No permite fotos.

Asienta: "Se está dando una lectura equivocada de la posición del EZLN. Somos sinceros con el país. Vemos una situación de deterioro social muy grave. La cerrazón, la línea dura que se está imponiendo a nivel del gobierno y del partido de Estado va a provocar que estallidos como el de Chiapas vuelvan a repetirse si hay fraude (electoral)".

El problema central del conflicto chiapaneco es la democracia; la falta de credibilidad en las autoridades; en que habrá un proceso electoral transparente y legal, considera Marcos.

En la lucha porque esto cambie, admite, el EZLN puede ser aniquilado militarmente. Se cuenta con los medios para ello. Pero ello no resolvería el problema. Persistiría el agotamiento del sistema de control político.

Por eso es indispensable que ahora existe un "elemento superior" a los dos bandos en conflicto, éste es la sociedad civil. A ella le dejamos con gusto el papel protagónico, recalca.

Rodeado de ocho inseparables guardaespaldas que se mantienen atentos a cualquier movimiento y que hasta interrumpen la enrevista cuando ven venir un aeroplano --comercial-- a una altura muy baja, el subcomandante Marcos rechaza categóricamente que el EZLN haya entrado en el camino de la intolerancia.

Puntualiza: "¿En qué medida somos intolerantes, si no estamos atacando; si somos nosotros, precisamente, los que llamamos a que se dialogue, si postulamos que el tránsito es posible sin los tiros? Es paradójico que el llamado al tránsito pacífico de la democracia venga de un grupo armado".

En una "sala de prensa" habilitada con simples troncos, el personaje encapuchado, cuya imagen dio la vuelta al mundo a principios de 1994, considera que la posición "zapatista" no deviene de un deseo personal.

Es el sentimiento de las comunidades indígenas que apoyan al EZLN; son ellas las que están porque se abran nuevos espacios en la política a través de los cuales se puedan gestionar las condiciones de justicia que reclaman.

En ese sentido, asegura que no hay ninguna "escenografía". No hay porqué preocuparse; si la hubiera, tarde o temprano se va a caer "como ocurrió con el TLC". El subcomandante Marcos clarifica su posición. Descarta que haya protagonismo. "Para bien o para mal", la atención se ha focalizado en su persona.

Pero subraya: "sería imposible que el EZLN, con el apoyo indígena que tiene, pudiera sustentar un 'NO' (a los ofrecimientos oficiales para alcanzar la paz). Sería muy aventurado de parte mía si respondo a intereses oscuros, sobre todo cuando las comunidades dicen que quieren la paz".

Continúa: "yo no puedo decir que quiero la guerra simplemente por un proyecto personal. Me preocupa que se insista en que los indígenas son manipulados por fuerzas extrañas; que ellos (los indígenas son tontos y buenos y que hay un malo e inteligente que los manipula".

En ese sentido se desplaza el problema; se engaña al país de que la situación está resuelta. Pero "si nos aventamos ese 'NO'; si esto no tuviera un respaldo, me van a tumbar. No se puede estar en territorio indígena si no hay apoyo; menos para un mestizo. Si estoy engañando a la gente; conduciéndola por un mal camino, no se preocupen... me van a pedir cuentas".

La espera para hablar con el subcomandante Marcos es larga, tediosa, incierta. En "territorio zapatista", el desplazamiento es azaroso. Hay vigilancia por todas partes. La inexpugnable Selva Lacandona apenas le ofrece una seguridad relativa.

Con su inseparable pipa en la mano, Marcos habla de Manuel Camacho Solís con quien, al retirarse de las negociaciones para la paz, se fueron también las esperanzas, al menos por el momento, de un arreglo definitivo al conflicto chiapaneco.

Dice Marcos: "su renuncia (como Comisionado) se debió a la falta de apoyo del gobierno, expresada por el candidato presidencial a la Presidencia. Se quedó sin posibilidad de interlocución. Es lamentable. Con él podíamos hablar; sabíamos que podíamos ponernos de acuerdo o en desacuerdo. Era la posibilidad de no resolver esto a tiros".

Marcos va más allá: "esa renuncia es producto de la falta de apoyo; de la desacreditación a un esfuerzo que realizó por tanto tiempo. Su retiro de la vida política es por la presión que se da al interior de grupos de interés; de fuerzas que se mueven, que se preocupan".

El aspirante presidencial priísta es referencia obligada en la entrevista. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional no tiene considerado, hasta el momento, dialogar con él.

Sus razones, en voz de Marcos: "en sus declaraciones (Ernesto Zedillo) ha dejado en claro que no nos reconoce interlocución. Todos los esfuerzos que hemos hecho por buscar una salida política, pacífica, son desautorizados por este señor. Vemos muy difícil que pudiéramos hablar con él en esas condiciones. No valora la propuesta que hacemos para el tránsito político a la democracia: la desecha sin estudiarla, sin ver qué reacciones provoca en la sociedad".

Sin perder la compostura, Marcos lamenta este hecho porque señala, esta proposición se está cediendo al elemento que ha demostrado capacidad para conducir al país por un buen derrotero, con justicia, con dignidad. Es la sociedad civil.

Así, Marcos estima que no hay nadie que tenga la disposición que había mostrado Manuel Camacho para concretar la paz. Porque si bien el EZLN dio por concluida una etapa con la negativa a aceptar los ofrecimientos gubernamentales, se abrió otro capítulo en el que la última palabra la dirá la sociedad civil.

Al insistir (Zedillo) en que hubo un fracaso, una ruptura en el diálogo EZLN-Gobierno, no hace más que contribuir al clima de inestabilidad e inseguridad que hay en el país, enfatiza.

El encuentro entre el subcomandante Marcos y el reducido grupo de periodistas, tiene límites. Originalmente, él lo reduce a tres preguntas. Se protesta. Se da oportunidad a planteamientos adicionales.

"Hay una fuerza que aparece delante de nosotros; del EZLN, del gobierno, de los partidos; esa fuerza: la sociedad civil, puede ver históricamente que se necesita un cambio. Nosotros vemos que hay un reflejo participativo de la gente sin partidos. Sabe que no va a poder concretar nada para beneficio personal. Hay una preocupación sincera por el destino del país, de sus hijos. Por la manera como se va a desenvolver la nación", recalca.

Machacón sobre la necesidad de que la sociedad civil sea el motor del tránsito hacia la democracia, el subcomandante Marcos postula que ésta es capaz de consumar ese proceso por la vía pacífica. No por el enfrentamiento.

"Lo que nosotros tenemos que hacer, es hacernos a un lado. El EZLN se anula a sí mismo en cuanto a fuerza beligerante. En lo inmediato. A la hora de la prórroga, del cese al fuego. Con garantías de que no atacará al Ejército federal, abriendo todo el territorio en que tiene influencia a la entrada del proceso electoral".

Todo esto, enfatiza, es producto del Diálogo de San Cristóbal. "Por eso a mí se me hace que es una lectura errónea la que hace el señor Zedillo al decir que fue un fracaso".

Hay que imaginar --agrega-- los alcances que el Diálogo tiene: en la medida en que se pudo parar a un grupo armado indígena alzado contra el gobierno y se contuvo la línea dura que busca su rendición definitiva, para que se acabe, puede parecer poco, pero es un enorme logro.

En el pareje donde Marcos se sienta frente a los periodistas, sopla intensamente el viento. A cada momento amenaza lluvia. En ese ambiente asegura que hay mucha gente que ya no ve ninguna opción de cambio en los partidos políticos. Hay que dejarle el espacio a la sociedad civil. Hay que cederle la iniciativa. Esa es la fuerza que, preocupada por la paz, debe tener una mayor movilización.

Al subcomandante Marcos, armado esta vez únicamente con dos pistolas al cinturón, le da gusto que a partir del Diálogo de San Cristóbal se haya provocado que "se quitaran muchas máscaras". En el panorama regional. En el estado de Chiapas. A nivel nacional. Y que se haya detenido la guerra. Que se haya llegado a acuerdos concretos.

"Imagínate convencer a alguien que está por la lucha armada; cederle la iniciativa a los que no están por esa vía. Se abre la posibilidad de diálogo, de negociación con otras fuerzas que necesariamente van a surgir si no se da un cambio democrático".

Categórico, el subcomandante Marcos hace hincapié en que el diálogo entre el EZLN y el Gobierno no está roto. Sólo terminó una fase."Es muy diferente romper el diálogo a dar por terminada una etapa. Eso es lo que hemos hecho. Ahora nos dirigimos a la sociedad civil. Debe pugnar por el tránsito pacífico hacia la democracia".

Casi con vehemencia, Marcos apunta: "todavía es posible el tránsito pacífico a la democracia. Aún es posible organizarlo. Vale la pena. ¡De veras te lo digo! Vale la pena el esfuerzo antes del 21 de agosto. Es preferible sentarse a esperar una guerra que indefectiblemente vendría si no hay un cambio", dice a manera de sentencia.

Marcos se da tiempo para cumplir una vieja promesa hecha a Víctor Manuel Suberza Blanco, enviado de RADIO RED. Escribe un mensaje para su hija Fernanda.

En el texto le habla de la diferencia entre otros seres y el hombre. La dignidad, en su opinión, es la que más los distingue. Firma con su pluma 'Lamy' de acero después de caricaturizarse a sí mismo. Y también asiente: ¡Vale!

 

 

Periódico OVACIONES
22 de junio de 1994
Entrevista al subcomandante Marcos
Por Enrique Olivares, enviado especial


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