DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
Encuentro con pueblos y organizaciones indígenas.
Febrero 5, 1994



Candidato del PRI a la Presidencia de la República

San Pablo Guelatao, Oaxaca, 5 de febrero de 1991.

"No puede haber libertad cuando existe sometimiento, cuando se carece de oportunidades, cuando no se cuenta con los servicios mínimos; cuando la justicia no existe o - en el mejor de los casos - es mal impartida".

"La ley debe servir para fortalecer nuestra convivencia. No debemos permitir que su aplicación sea motivo de irritación, de desprecio o de intimidaciones para nuestros pueblos indígenas".

En primer término, quiero decirles que me alienta y emociona el estar aquí, en Oaxaca, el día de hoy, precisamente en San Pablo Guelatao, en esta Asamblea con los representantes de las 16 etnias del estado de Oaxaca.

He escuchado con atención todos y cada uno de los planteamientos que ustedes han hecho, la franqueza con que se han expresado y, sobre todo, las lecciones que el día de hoy nos han dado.

Este es un diálogo directo y honesto, en el que han surgido compromisos. He venido - como lo pidió Luisa Ortega - a hablar de frente, a comprometerme con todos y cada uno de los indígenas oaxaqueños; pero también, desde aquí, a comprometerme con el bienestar de las comunidades indígenas del país.

Reconozco en todos y cada uno de ustedes, a mujeres y hombres que mantienen vivas nuestras raíces, que nos hacen fuertes por la vigencia de su cultura. Por eso vengo a comprometerme, a decirles que no debemos seguir admitiendo que los pueblos sean sinónimo de miseria y de vida amenazada.

El atraso de las comunidades indígenas no nos es ajeno al resto de las comunidades del país. La pobreza no solamente perjudica a quien la padece, sino que lastima a la Nación y divide a nuestra sociedad. No puede haber libertad cuando existe sometimiento, cuando se carece de oportunidades, cuando no se cuenta con educación, cuando no se cuenta con los servicios mínimos; cuando la justicia no existe o - en el mejor de los casos - es mal impartida.

La nación tiene un compromiso con los desposeídos; la nación tiene un compromiso con los que menos tienen.

Debemos reconocer con honestidad dónde hemos fallado y tomar en cuenta las evidencias que nos muestra el incumplimiento: ciudades perdidas, cinturones de miseria en nuestras grandes ciudades, comunidades rurales sin servicios, niños en la calle, analfabetismo, individuos para quienes la justicia - en los hechos - es inexistente.

El hombre y su bienestar debe ser destino y fin de nuestras acciones. En donde más hemos incumplido esa aspiración es precisamente en las comunidades indígenas. Por eso es ahí donde tendremos que desplegar un esfuerzo ejemplar en los próximos años. Donde nuestros resultados han sido más modestos, tenemos que concentrar mayores esfuerzos.

No hay duda: con las comunidades indígenas tenemos el mayor compromiso de la justicia.

Somos - México - el país con mayor número de indígenas en América Latina: contamos con 56 etnias en toda la nación, que nos aportan - sin duda - una gran riqueza cultural. Nada menos aquí, en Oaxaca, existen 16 etnias. Todas ellas aquí representadas, en esta Asamblea de San Pablo Guelatao.

Hoy, en México, tenemos 2 mil comunidades - aproximadamente 6 mil ejidos - con predominancia indígena. Casi el 70 por ciento de la población indígena en México vive en localidades rurales; son - como ustedes lo han expresado, como ustedes lo viven en el Estado de Oaxaca - centro de población rurales sumamente dispersos en el gran territorio nacional, en su gran mayoría.

Pobreza extrema y población indígena coinciden y configuran una dolorosa realidad que no hemos podido superar.

Desde aquí, amigas y amigos indígenas de Oaxaca, desde San Pablo Guelatao, quiero proponer un nuevo pacto del Estado de Mexicano con los pueblos indígenas, que sea instrumento para una nueva etapa de justicia, de democracia y libertad para quienes son herederos de las primeras culturas de nuestro país.

Para configurar y enriquecer ese pacto, necesariamente tenemos que celebrar más asambleas como la realizada aquí, para recoger el sentir de los pueblos indios, para incorporar sus iniciativas que nos permitan fortalecer a la Nación sobre la base del respeto a la dignidad de cada indígena.

Como sustento de este pacto, propongo cinco puntos:

Primero.- Poner en marcha un programa que concentre recursos económicos, para iniciar acciones que incidan decisivamente en las condiciones de nutrición y de salud de las comunidades más pobres del país; pero en especial, la atención deberá de ser para nuestros niños indígenas.

De llegar a la Presidencia de la República, me propongo actuar rápidamente para que nuestros indígenas tengan razones fundadas para abrigar nuevas esperanzas.

Los pueblos que hayan superado la indigencia y la miseria, tendrán nuevos motivos para organizarse y alcanzar condiciones para el progreso.

El segundo punto es el que se refiere a la reforma de la justicia, tanto en el ámbito federal como en el de los estados.

La justicia que queremos para nuestras comunidades indígenas es social, pero también es administrativa, es jurídica.

Cerraremos el paso a quienes creen que pueden permanecer impunes cuando abusan del indígena y a quienes hacen de la Ley un instrumento para perjudicarlo, un instrumento para someterlo.

La Ley debe servir para fortalecer nuestra convivencia. No debemos permitir que su aplicación sea motivo de irritación, de desprecio o de intimidaciones para nuestros pueblos indígenas.

Todos nos lamentaremos si permanecemos indiferentes ante los agravios que padecen nuestras comunidades indígenas.

El tercer punto es el que tiene que ver con la seguridad en la propiedad indígena, porque debemos de hacer de la protección a las tierras indígenas un hecho definitivo y cotidiano. La certeza de la propiedad indígena es un requisito para la convivencia, para la democracia; es un requisito indispensable para el respeto indispensable, para el respeto incondicional que proponemos, para la igualdad efectiva por la que luchamos.

Y el cuarto punto - como bien se ha dicho aquí - es el de la educación en las comunidades indígenas. Propongo que hagamos de la educación y la capacitación para el trabajo, un elemento decisivo para romper el círculo vicioso de la pobreza; mejores escuelas, maestros mejor pagados, más preparados; maestros bilingües, mejores condiciones de estudio para nuestros niños, con programas adecuados, respetuosos de la identidad cultural a la que pertenecen; concertación de recursos para becar a más niños, y que de esta manera tengan las condiciones indispensables para poder asistir a la educación básica.

Estos son, amigas y amigos indígenas, compromisos ineludibles.

Se requiere un esfuerzo extraordinario de la Nación para atender los rezagos ancestrales.

No podemos permitir que los indígenas vivan en una situación que reproduzca la pobreza, para convertirla en destino inalterable.

El quinto punto son municipios fuertes, en las comunidades indígenas. Las comunidades indígenas deben tener los gobiernos que mejor respondan a sus necesidades, a sus anhelos, a sus esperanzas.

No podremos ser una Nación fuerte en medio de tanta pobreza y de tanta carencia en los municipios indígenas.

La idea es que el gobierno municipal esté cerca de sus comunidades y que cuente con mayores recursos para resolver los problemas de sus habitantes.

Creo firmemente que no podemos alcanzar metas más ambiciosas como Nación, si no les cumplimos a nuestros indígenas.

Ante sus carencias no debemos responder a un aislamiento, con indiferencia, con pasividad. Al contrario, debemos actuar para que el mundo indígena esté cada vez más presente en nuestro México; en este México de fin de siglo; en este México de nuestros días; en el México de la transformación; en el México del cambio con raíz popular; en el México de las nuevas oportunidades para todos.

Amigas y amigos, compañeras y compañeros indígenas:

Quiero manifestarles que con este pacto que propongo, habremos de entrar juntos a una nueva etapa en la que México rescatará la dignidad de sus indígenas.

Cada mujer y cada hombre indígena deberá ser ciudadano en pleno ejercicio de sus derechos, iguales ante la Ley y el amor a México, al que por igual todos nos debemos.

Somos una nación pluriétnica, pluricultural, así lo reconoce nuestra Constitución. Si queremos seguir siendo Nación, tenemos que responder definitivamente a las expectativas de las diferentes comunidades, no podemos excluir a ninguna de ellas. Por el contrario, tenemos la obligación de abrirles oportunidades a cada una.

He venido a San Pablo Guelatao, a esta asamblea de los representantes de las 16 etnias del estado de Oaxaca, a ganarme su confianza.

Quiero llegar a la Presidencia de la República. Y quiero que sepan que si llego, en mí tendrán a un aliado, a un ciudadano que habrá de trabajar - hasta el máximo de sus posibilidades - con gran dedicación para que cada indígena sea un hombre libre, condición sin la cual no se es hombre verdadero.

Mis acciones serán reflejo de mi palabra empeñada. Porque hablar sin cumplir, es dejar de ser para convertirse en nada.

Me propongo convocar al esfuerzo de todos para que México llegue a fin de siglo con nuevos horizontes para sus comunidades.

Queremos un México que sea identificado por el progreso y las nuevas oportunidades abiertas para cada mujer y cada hombre indígena de México.

Queremos cosechas en lugar de violencia.

Queremos diálogo en vez de enfrentamientos.

Queremos compromisos en lugar de divisiones.

Queremos vida en lugar de muertes.

Es así como juntos, los invito a que construyamos nuevas condiciones para la paz y armonía entre todos los mexicanos.

Quiero decirles que cuentan conmigo; que sus carencias a todos nos lastiman, que creo en ustedes. Pero, sobre todo, que reconozco el gran esfuerzo que ustedes realizan todos los días. He venido a Oaxaca, a San Pablo Guelatao, a ratificar mi compromiso con las comunidades y pueblos indios de México.

En esta tierra que vio nacer a Benito Juárez, vengo a proponer un gobierno en el que ustedes - los indios de México - tengan un lugar destacado; donde encuentren nuevos apoyos para salvaguardar su dignidad, decidir su futuro y participar plenamente en la vida cotidiana de nuestra patria.

¡Qué viva San Pablo Guelatao!
¡Qué viva Oaxaca!
¡Qué viva Benito Juárez!
¡Qué viva México!