DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
Reunión con los Liberales de México.
Marzo 20, 1994



Candidato del PRI a la Presidencia de la República

México, D.F., 20 de marzo de 1994.

"La ley es la expresión más alta de la vida civilizada; es la mejor respuesta que ha encontrado la humanidad para resolver la convivencia. Vivir en un Estado de leyes es vivir con certidumbre, con seguridad; es tener confianza y es también tener la mejor garantía para la paz".

Agradezco la presencia del Supremo Consejo de México de Grados 33, de la Confederación de Grandes Logias Regulares de la República Mexicana.

Agradezco también la asistencia de la respetable Gran Logia Valle de México. Mucho me alienta la presencia de los Grandes Maestros del país y de los cuadros dirigentes de la República, que hoy nos acompañan.

Me da mucho gusto reunirme con los grupos liberales de México. Esta reunión adquiere un especial significado al celebrarla en la víspera del aniversario del natalicio de Benito Juárez.

Los mexicanos hemos construido nuestra visión de la soberanía, del Estado de Derecho, de las libertades y la democracia en la inspiración juarista.

Juárez está presente en nuestra vida cotidiana, a través de nuestras instituciones y de la fuerza de la República.

Aquí, ante ustedes, manifiesto que he tomado, como guía de las propuestas de mi campaña, el pensamiento de Benito Juárez.

Las lecciones de su obra, de su gran pasión por México, su defensa de la soberanía, su concepción de la ley como lo más sagrado, como la expresión más elevada de las aspiraciones humanas, su convicción democrática, su fe inquebrantable en la Nación y en la República, son legado y son también, más que nunca, camino a seguir.

Juárez nos sigue fijando rumbo y destino. Los mexicanos estamos decididos a que su pensamiento siga presente en el horizonte de la Nación.

La Ley es la expresión más alta de la vida civilizada; es la mejor respuesta que ha encontrado la humanidad para resolver la convivencia.

Vivir en un Estado de leyes es vivir con certidumbre, con seguridad, es tener confianza y es también tener la mejor garantía para la paz.

Por eso, la primera respuesta ante nuestros conflictos, ante las diferencias, ante las controversias, es la Ley, y su perfeccionamiento. El único imperio que aceptamos es el de la Ley.

Encontrar en la norma, y en su acatamiento, las respuestas a nuestros problemas, es un principio que debemos mantener.

Por eso hoy, cuando las diferentes fuerzas políticas, y la sociedad, debaten intensamente sobre los caminos para la transformación democrática de México, la respuesta vuelve a ser el perfeccionamiento de la norma.

La reforma electoral, que todos los partidos hemos acordado promover, tiene ese propósito.

Queremos las mejores reglas para la competencia política. Queremos que nuestra legislación resuelva, de una vez por todas, los conflictos; y que sólo el voto decida la constitución de gobiernos.

Esta es una aspiración que surge del pensamiento juarista. Recordemos que Juárez dijo:

"Nadie tiene el derecho de apelar a las armas para resolver las cuestiones electorales; es un deber de todos escoger y respetar el fallo de las mayorías. De otro modo, sería una burla entre nosotros el principio republicano."

El acuerdo para la reforma electoral honra a todos los partidos. El PRI participa en ella, esperanzado en dar cumplimiento a la aspiración de Juárez. Así iniciaremos una nueva etapa en la vida política de México.

En materia electoral, la única justificación válida para reformar nuestras leyes y reformar nuestra Constitución es que así resolvemos mejor toda duda y toda controversia.

Hoy queremos cerrarle el paso a toda pretensión de acceso al poder por la vía del conflicto, del enfrentamiento, de la intimidación y de la negociación al margen de la ley.

El mérito de la reforma será de todos los partidos, y a ellos compromete. El PRI asume plenamente esa responsabilidad. Nosotros somos parte del acuerdo para la modificación de nuestras leyes electorales; pero también somos la fuerza, que al ser mayoritaria, la hace posible.

Con el PRI la reforma es viable; sin el PRI, no habría reforma. El PRI ha demostrado que no regatea su contribución a la transformación democrática de México.

El PRI demuestra que quiere democracia; que quiere competencia equitativa, pero que también exige responsabilidad en el cumplimiento de los acuerdos.

Siempre he sostenido que dice más el ejemplo que la palabra. El PRI está siendo consecuente al promover los acuerdos y al asumir compromisos. Esperamos reciprocidad.

Lo que los mexicanos rechazan es que alguien quiera una democracia a su medida. Nuestra democracia debe responder a la aspiración de todos los mexicanos; y no habrá de quedar atrapada en ambiciones e intereses particulares.

Queremos seguir siendo un país de leyes. Esa es aspiración juarista, y es exigencia de hoy. De la Ley nadie puede quedar excluido.

Ese es el propósito del artículo 130 de nuestra Constitución, al consagrar el principio histórico de la separación del Estado y la iglesia y la libertad de cultos. Creo en esos principios y asumo el mayor compromiso para mantenerlos vigentes.

Ante ustedes, quiero reiterar que asumir los ideales de Juárez es comprometerse con el Estado de Derecho, con las libertades, la democracia y la defensa de la soberanía.

Ante el pensamiento de Juárez, no es posible pretender posiciones cómodas; o se asumen plenamente sus preceptos, o se sucumbe en el oportunismo.

Por eso, me declaró profundamente comprometido con la defensa de la soberanía del país y con la promoción del interés nacional.

Me propongo mantener fidelidad a nuestros principios: defensa de la igualdad jurídica de todas las naciones, de la autodeterminación, de la soberanía popular, de la no intervención.

Son valores irrenunciables; no están sujetos a negociación. Ofreceremos respeto a todos los pueblos y lo exigiremos en reciprocidad.

Amigas y amigos.

La fidelidad a la memoria de Juárez exige, en nuestros días, un compromiso inflexible con los principios que inspiraron su obra y con los programas y reformas que, hoy, permitan consolidar el régimen de libertades y leyes que decida soberanamente la voluntad ciudadana.

Ese es el compromiso que he asumido, al proponer a los mexicanos una Reforma del Poder que genere un nuevo equilibrio en la vida de la República, a partir del fortalecimiento del Poder Legislativo y de una reforma del Poder Judicial que haga de nuestro sistema de justicia una instancia de la máxima respetabilidad, y de un nuevo federalismo que fortalezca política y financieramente a los Estados y a los Municipios.

Son esos los pilares del nuevo equilibrio republicano, para la más cabal realización de los principios liberales que consagra nuestra Constitución.

El nuevo equilibrio republicano permitirá actualizar, para los mexicanos del presente, los valores que guiaron los grandes empeños de Benito Juárez.

Hoy, cuando el pueblo de México reclama certidumbre y expresa imperiosamente su convicción de que, en la vida política y social, certidumbre es sinónimo de ley, asumo el compromiso con la vigencia plena del Estado de Derecho, y el de ser siempre intransigente ante el desacato a la norma, ante la invocación a la anarquía y frente a la arbitrariedad.