PALABRAS DE LUIS COLOSIO FERNÁNDEZ
Presentación de su libro "A Diez Años, Colosio Habla",
en coautoría con Samuel Palma César.
Marzo 19, 2004



Respetable concurrencia, muy buenas noches:

Abril de 2003. A escasos veinte días de conmemorar el noveno aniversario de la dolorosa ausencia de mi hijo Luis Donaldo, acuden a mi mente -como una película borrosa- montón de imágenes de mi niñez, de mi juventud y de mi edad madura.

Es Semana Santa, época de fuertes vientos, días de polvo y tradición, y de nostalgia; de recuerdos y reflexión.

Sentado en el portal de mi casita, ubicada en un pequeño predio cercano a Magdalena, próximo también a la serranía, entre la bruma y las hermosas tonalidades del atardecer, hago una recapitulación del atardecer de mi existencia.

He recorrido un largo trayecto y una distancia amplia me separa del inicio, cuando apenas comenzaba el siglo pasado. Ahora, lo más cercano es el ocaso de mi existencia.

Ha llegado la hora de hacer un recuento de mi vida, de todos los sucesos a lo largo de mis ochenta marzos. Ordenar todas estas vivencias, dándoles una secuencia lógica en el tiempo y en el espacio, no es fácil.

Cómo hacerlo para no perderme en los intrincados caminos de la memoria que -a querer o no- ya no es tan fresca como antes.

Lo primero fue ordenar los archivos, las notas, los recuerdos. Apuntar la secuencia de ideas para estructurar un guión.

Pensé en mis antecesores, en aquellos emigrantes procedentes del norte de Italia, venidos a tierras americanas para construir un nuevo destino.

Recordé las crónicas familiares de su instalación en lo que hoy es Sonora. La lucha para subsistir y darles un futuro.

Vinculé esos antecedentes con mi propia vida y con la visión que tuve sobre el desarrollo de Donaldo. Me pareció atractivo.

Comenté la idea con familiares y amigos cercanos, permitiéndome precisar datos y mejorar el recuento.

Fue entonces cuando platiqué con mi buen amigo Samuel Palma, sugiriéndome que escribiera un libro. La idea me pareció estupenda. Sin embargo, desafortunadamente no tengo la facilidad de palabra para emprender una tarea de tales proporciones y así se lo hice saber.

Samuel, con la disposición que siempre lo ha caracterizado y que ha estado presente en estos años, se ofreció generosamente a ayudarme en ese aspecto, apoyo que acepté gustoso, pues además de que conozco su gran capacidad para correr el lápiz, cuenta también con la ventaja de una gran amistad y cercanía con Luis Donaldo, durante sus últimos y más intensos años en el servicio público, tema medular del presente libro.

Así nació el proyecto, culminado ya en estas páginas. En él, se plasma una reseña de la familia Colosio, inscrita en el contexto de los acontecimientos nacionales y los propios de Sonora, con el propósito de producir un buen acercamiento con lo que fue la vida de Luis Donaldo.

Desde esa perspectiva, entender sus motivaciones y afanes; su procedencia de la cultura del esfuerzo y no del privilegio.

Con la publicación de esta modesta obra, quiero hacer un sincero llamado a la conciencia de los mexicanos, para recordar el sacrificio de un hombre entregado por completo al servicio de las mejores causas de la Patria.

A partir del conocimiento y crítica a un suceso tan abominable como el crimen que planearon y ejecutaron contra Luis Donaldo, en aras de una lucha enfermiza por el poder, que sólo nos enfrenta y nos acaba. Sólo pretendo contribuir a erradicar ese tipo de hechos.

Este libro es un llamado a encontrar las formas más civilizadas de contender, a lograr una expresión de la política como la mejor divisa del acuerdo y encaminada a hacer de nuestras diferencias motivo de fortaleza, razón de respeto y posibilidad para encontrar conciencias superiores.

Agradezco infinitamente a Samuel Palma y a todos aquellos que hicieron posible la realización de esta obra, por haberme brindado la oportunidad de expresar mi sentir y mi creer.

Largas horas de conversaciones están aquí consignadas. A través de ellas, se fue tejiendo la historia aquí novelada, que es una versión que corresponde a los acontecimientos reales.

Al menos, a la forma como los vi y a los juicios alcanzados a través de interminables jornadas de revisión de hechos, comentarios y discusiones.

Gracias, muchas gracias. Su amigo y servidor.