DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
Reunión de Trabajo del Consejo Político Nacional.
Septiembre 3, 1991



Presidente del CEN del PRI

México, D.F., 3 de septiembre de 1991.
Auditorio "Plutarco Elías Calles" de la Sede del CEN del PRI.

"El voto no es un hecho aislado, al margen de la evaluación del desarrollo que va alcanzando la sociedad en su conjunto. El voto es un ejercicio de la razón que integra los juicios sobre los diferentes aspectos del acontecer nacional. El voto califica también la viabilidad y coherencia de las propuestas de cada partido ".

Amigas y amigos consejeros:

Quisiera - a propósito del balance de las elecciones de 1991 que hemos hecho y escuchado en voz de nuestro Secretario de Acción Electoral, en el seno de esta reunión del Consejo Político Nacional - añadir, si ustedes me lo permiten, algunas reflexiones.

Tenemos que empezar por decir que durante los últimos años, ¿qué duda cabe?, México ha iniciado un nuevo proceso de modernización.

El gobierno del presidente Salinas de Gortari, emanado de nuestro Partido, ha sido el responsable de conducir este proceso. Y lo ha hecho mediante un amplio programa de reformas económicas, políticas y sociales.

En su vida cotidiana la sociedad advierte los avances de este programa de gobierno: libertades más amplias, seguridad mejor protegida, renovada lucha contra la desigualdad, desarrollo y nuevas oportunidades para todos. Se configura una nueva moralidad pública y emerge un nuevo ánimo social.

Sin embargo, las reformas son procesos complejos que, al liberar la energía social, ponen a prueba la capacidad de sociedad y gobierno y dan cauce constructivo a sus iniciativas.

En especial, la reforma política que hemos emprendido en México no puede entenderse como un proceso que corra sin poner a prueba las voluntades políticas que lo sostienen.

En cada momento se pone en tensión legalidad, ética y concertación; también pone en juego las diversas instancias políticas y sociales, planteándoles exigencias sin precedente; cada circunstancia mide a los hombres y las instituciones.

En la dinámica de este proceso de cambio, los priístas estamos respondiendo a la exigencia de la transformación de México e impulsamos la modernización nacional. El ánimo y la decisión de reforma están hoy vigentes en el Partido.

Nos reformamos para reformar la política. Este ánimo de reforma está guiado por valores y compromisos concretos.

Frente a realidades difíciles y cambiantes, los valores relevantes en política son aquellos que pueden materializarse en la acción cotidiana y traducirse en beneficios tangibles para los ciudadanos.

Nuestro proceso de reforma constituye una nueva moralidad pública, a la altura de las exigencias de la sociedad.

Una moralidad que es respeto a las libertades políticas y la diversidad social, prioridad del interés público sobre los intereses particulares, paz y estabilidad, atención a los problemas de la justicia social.

Esta moralidad concibe el poder como instrumento, no como fin. Esta moralidad es la moralidad de la palabra empeñada, de los acuerdos, de la civilidad, del juego limpio.

Al iniciar este proceso electoral el Partido estableció públicamente un triple compromiso:

Primero, con la Nación, para fortalecer soberanía, instituciones y leyes;

Segundo, con la sociedad, para ampliar, en el pluralismo, libertades, seguridad y justicia;

Tercero, con el propio Partido, para representar los intereses de la militancia, postular los mejores candidatos y ofrecer a la ciudadanía un programa de acciones viables y eficaces para continuar la modernización del país. De acuerdo, todo, a los valores que otorgan identidad a nuestra organización política.

En esta contienda nos comprometimos a elevar la calidad de nuestra democracia. Acudimos a la sociedad e hicimos campaña con ella. Competimos dentro de la ley, con argumentos y con organización.

Buscamos la concertación con los demás partidos para convocar a la sociedad, ampliamente, a participar en la jornada electoral y comportamos con civilidad y respeto.

Está a la vista de todos los mexicanos el gran esfuerzo realizado por los priístas a lo largo de este proceso electoral.

Los resultados de las elecciones del 18 de agosto muestran que el Partido Revolucionario Institucional fue correspondido al recibir el voto de confianza de la mayoría de la sociedad mexicana.

El voto lo recibió en una jornada cívica ejemplar: la alta participación ciudadana pone de manifiesto la madurez de nuestra sociedad y fija nuevos parámetros a la competencia política.

La decisión de los mexicanos de intervenir en paz y en orden en los asuntos públicos, fue evidente. Nunca antes, en una elección intermedia, habíamos tenido participación tan alta del electorado.

Como mexicanos nos sentimos especialmente orgullosos de esta demostración de cultura política de los mexicanos.

Como priístas - no podemos negarlo - nos sentimos sumamente satisfechos, pero sobre todo estamos concientes de la gran responsabilidad que hemos adquirido.

A los priístas, a través de ustedes, señoras y señores del Consejo Político Nacional, quiero expresar mi más amplio reconocimiento. Fueron meses de intenso trabajo, tanto de los candidatos como de las dirigencias estatales y municipales, así como de los distintos equipos de campaña.

Frente al voto mayoritario de la sociedad, reafirmamos nuestro compromiso con un gobierno de leyes y de cumplir con el programa de profunda reforma social que hemos propuesto a la ciudadanía.

¿Pero que significados adicionales tienen estos resultados electorales? Permítanme ofrecerles algunas de nuestras primeras apreciaciones al respecto:

Mi primera apreciación es que los resultados confirman que en la competencia, el voto califica los distintos programas políticos. Todos los partidos nos sometimos al juicio de la ciudadanía.

El Partido que está en el gobierno, aquí como en cualquier parte del mundo, se somete a una evaluación de los avances y los resultados de su programa.

Lo decimos sin reticencias: la gran mayoría de la sociedad calificó positivamente, favorablemente, la gestión del gobierno del Presidente Salinas de Gortari.

Se reconocieron sus logros:

- Se han construido bases para el desarrollo económico con estabilidad;

- Se han fortalecido libertades y democracia,

- Se defiende la soberanía nacional;

- Existe un nuevo compromiso activo y eficiente, para combatir la pobreza, a través del Programa de Solidaridad.

El voto mayoritario por el PRI fue el voto de la confianza, fue el voto de la seguridad, fue el voto también de la esperanza.

México ha fortalecido su prestigio en el mundo. La Nación tiene horizonte más amplio. Los mexicanos lo advierten: están orgullosos de su país, y están orgullosos de su Presidente y esto se tradujo en el voto mayoritario por el Partido Revolucionario Institucional.

Los resultados, en segundo lugar, muestran que el voto se reafirma, como elección entre opciones viables.

El voto no es un hecho aislado, al margen de la evaluación del desarrollo que va alcanzando la sociedad en su conjunto.

El voto es un ejercicio de la razón que integra los juicios sobre los diferentes aspectos del acontecer nacional. El voto califica también la viabilidad y coherencia de las propuestas de cada partido.

Los priístas acumulamos, durante estos últimos años de gobierno, muchas razones para ganar el voto de la sociedad y los resultados así lo demuestran.

Las preferencias de la sociedad mexicana quedaron claramente expuestas: No favorecen las ofertas fragmentarias y extremas del espectro de las opciones políticas.

El del 18 de agosto fue un voto realista, atento a los argumentos, altamente sensible al carácter constructivo de las diversas propuestas y a la capacidad de los candidatos para llevarlas a buen término.

Es un voto que consolida las opciones más sólidas y mejor estructuradas dentro del sistema plural de partidos.

En tercer término, los resultados muestran que la sociedad mexicana asumió su responsabilidad en las decisiones que le son propias.

Lo más relevante y significativo de esta elección es, sin duda, la gran participación de la ciudadanía en los recientes comicios y esto muestra que la sociedad reconoció como genuina la competencia política entre los partidos.

No hay formas vergonzantes de participación y ejercicio de las libertades y derechos ciudadanos. No hay votos de primera ni votos de segunda.

Con el sufragio, la ciudadanía calificó también la capacidad de organización de los distintos partidos, el estilo de desarrollo de sus campañas y el perfil y personalidad de sus candidatos.

El balance positivo y los triunfos que alcanzamos nos llenan de legítima satisfacción, pero como decía al principio: al mismo tiempo, nos ponen frente a nuevas responsabilidades. Me debo referir, por ello, a los recientes acontecimientos en Guanajuato.

En el marco de avances electorales del Partido en todo el país, en este caso se presentan condiciones singulares que pusieron en tensión legalidad, ética y capacidad política, obligando a nuestro Partido a hacer un riguroso examen de los distintos cursos de acción que ahí se podían adoptar.

En Guanajuato, el voto nos dio el triunfo de la legalidad, pero las condiciones peculiares de la contienda en ese estado, nos plantearon la exigencia de conciliar el triunfo con los principios de nuestra moralidad política.

Esos principios - amigas y amigos consejeros - jerarquizan nuestros compromisos con la Nación, con la sociedad y con el propio Partido.

En condiciones de difícil cumplimiento simultáneo de todos ellos, en un ejercicio de ética pública, antepusimos nuestra responsabilidad superior con la Nación y la sociedad en su conjunto, al legítimo reclamo de la victoria electoral del Partido.

Lo hicimos porque nuestra idea de democracia es que ésta ha de servir a la sociedad; no puede - por ello - dañarla, fracturarla o minar su armonía.

Lo hicimos cumpliendo una tarea en la conducción política del país. Entendemos el voto mayoritario a favor de nuestro Partido, como el mandato claro de encabezar la transformación democrática de México.

Lo hicimos porque entendemos el poder como un instrumento para el beneficio de todos, sin exclusiones ni sectarismo.

Si en el momento de la contienda se busca el triunfo desde la trinchera de cada partido, en el momento de gobernar la responsabilidad es con toda la sociedad.

Este criterio de ética política, ha sido defendido y es ratificación en los hechos por el presidente Salinas de Gortari: aunque su gobierno tiene un origen partidista, gobierna para todos los mexicanos.

Esta es nuestra moralidad pública. El Partido la refrenda con decisiones como ésta. Por eso los ciudadanos votan por nosotros.

Las razones que expuso nuestro candidato para no ocupar el cargo por el que contendió, son razones de Partido. Ramón Aguirre Velázquez asumió la decisión de no presentarse a rendir protesta como Gobernador Constitucional del estado de Guanajuato.

Lo hizo no sólo ante su conciencia sino abiertamente, de cara al Partido, con dignidad y compromiso militante.

Sin duda ha sido ésta una decisión difícil, pero pone de manifiesto su gran talla como hombre y como ciudadano.

Por eso, se equivocan quienes interpretan esta decisión como reconocimiento de supuestos ilícitos electorales.

Nuestra invitación a cotejar actas no tuvo otra respuesta que las expresiones despectivas hacia la legalidad del candidato panista Vicente Fox Quezada. Lesionan la democracia quienes no acreditan, con pruebas, sus acusaciones.

También se equivocan quienes interpretan el caso de Guanajuato como compensación política a un supuesto fraude generalizado. El PRI tiene bien documentados sus votos.

Las acusaciones de los partidos de oposición sólo tratan de encubrir su escasa capacidad para convencer a la ciudadanía de brindarles su apoyo. Pretenden ocultar su fracaso en la descalificación infundada.

Como en otras etapas de la historia de México, el PRI asume, con base en el mandato popular, la responsabilidad de conducir, mediante la acción política, tanto de Partido como de gobierno, la transformación nacional.

Lo hacemos conscientes de los riesgos y las dificultades de tomar algunas decisiones. Pero nuestra permanencia en el poder ha estado fincada en el talento para impulsar el cambio, salvando las amenazas a la estabilidad y la armonía del país.

Se equivocan quienes conjeturan que hubo componendas en el caso de Guanajuato. Para sumar credibilidad a la legalidad de los próximos triunfos y para desarmar los argumentos de la oposición, fue a iniciativa nuestra que el Congreso Local designó al gobernador interino del estado.

Las medidas que ha comprendido nuestro proceso de reforma política, han ido dando repuesta a las exigencias de la sociedad. Hemos impulsado esas reformas porque queremos triunfos inobjetables y en esa misma ruta nos habremos de mantener.

Lo reitero: tomamos esta decisión porque estamos comprometidos con la sociedad mexicana, con la democracia en su sentido más pleno.

Una democracia que sume a la sociedad, no que la divida, y que no convierta la contienda entre partidos en confrontación social.

El PRI ha demostrado, con hechos, su voluntad democrática en su reforma interna, en su contribución a la reforma electoral, en su reconocimiento a los triunfos de la oposición. Hoy, en Guanajuato, con esta decisión, el PRI ofrece una nueva prueba de fidelidad irrenunciable a su vocación democrática.

En esta decisión, que quede bien claro, amigas y amigos del Consejo Político Nacional, con esta decisión no les estamos dando la espalda a nuestros simpatizantes y nuestros militantes del país entero.

Entendemos el voto de los mexicanos por el Partido Revolucionario Institucional, en estos momentos de gran trascendencia para la Nación y de profundos cambios a nivel mundial, como un mandato, como un mandato para seguir transformando a la Nación mexicana sobre las bases de una nueva ética política.

El voto por el PRI no fue un voto por la exclusión ni por el aniquilamiento del contrario.

Por eso es que fuimos a pedir e iremos a pedir nuevamente a cada elector que nos dio su voto, que renueve su voluntad política a favor de este Partido nuestro, con pasado, con presente y con venturosos horizontes al futuro en los próximos comicios locales en diferentes entidades del país que tengan lugar.

El voto por el Partido Revolucionario Institucional, debemos de entenderlo de que ratifica, que al adoptar esta postura, recogimos las aspiraciones de nuestros simpatizantes y de nuestros militantes. Con esto, queda muy claro, queda sin lugar a dudas, quiénes son los que promueven la intolerancia y quiénes están a favor del respeto y de la civilidad.

Guanajuato es un caso excepcional. Sin embargo, será el Partido el que, a través de su acción decidida en la Legislatura Local, donde nuestra mayoría es indudable y de la propia actividad política de nuestro Partido en esa entidad, quien habrá de fijar las condiciones para garantizar dentro de la ley, la estabilidad y la armonía del estado.

Comprendo perfectamente que en esta hora, como Presidente del Comité Nacional de nuestro Partido, estoy solicitando al priísmo de Guanajuato un esfuerzo adicional al de la militancia en el resto del país.

El aporte que están haciendo nuestros compañeros para favorecer el fortalecimiento de la democracia en México merece nuestro más pleno y admirado reconocimiento. Reconocemos convicción para conciliar legalidad y principios de ética política.

Comprendemos la indignación que han expresado. Es muestra irrefutable, porque en Guanajuato el PRI tiene votos, tiene densidad social y tiene vigor y capacidad en sus organizaciones. En Guanajuato el priísmo tiene fortaleza y solvencia en su acción dentro de las instituciones.

En las elecciones para presidentes municipales a celebrarse en diciembre de este año, seguirán en pie nuestra organización, nuestra capacidad, nuestras razones para convocar el voto, y volveremos a ganar. La Dirección Nacional del Partido se compromete con el priísmo guanajuatense a sumarse al esfuerzo que desde hoy realiza.

Recordemos que el gobernador interino no llegará a la gubernatura por el voto popular. Deberá responder ,por tanto, en su trabajo de todos los días, a las necesidades de la concertación.

Está obligado, por eso, a hacer un gobierno, por breve que éste sea, de manera imparcial. En su oportunidad, cuando se celebren elecciones extraordinarias, volveremos a convocar el voto.

Recordemos que en Guanajuato será el pueblo el que habrá de decir la última palabra. Daremos continuidad a nuestros triunfos.

Amigas y amigos integrantes del Consejo Político Nacional:

Dijimos, al empezar esta campaña electoral, que teníamos Partido para la victoria. El gran esfuerzo desplegado por nuestra militancia a lo largo y a lo ancho del país; el trabajo de nuestra organización; el empeño de nuestros candidatos y de nuestras organizaciones, las de sus equipos de campaña, la labor y el talento de nuestros cuatro dirigentes fueron, definitivamente, apreciados por la ciudadanía.

Conseguimos el mayor aval político al que hubiéramos podido aspirar. Hay respaldo popular y amplias bases sociales para seguir adelante con las tareas de la modernización nacional.

Los mexicanos, al votar por un programa de gobierno, dieron certidumbre al futuro de México. Tendremos una legislatura para hacer avanzar las reformas de acuerdo al mandato que hemos recibido.

La mayoría que alcanzamos, amplía el horizonte de las reformas a emprender. Los cambios habrán de ser más profundos, más ambiciosos e innovadores.

Entendemos que este mandato es por el cambio, pero es también por la estabilidad. Es también por el perfeccionamiento de las instituciones, no por su desintegración; tenemos plena conciencia de la responsabilidad que hemos adquirido y la asumimos sin vacilaciones.

Nuestro triunfo ha de ser para fortalecer el nuevo ámbito social.

El voto mayoritario de los mexicanos ratificó a nuestro Partido como eje de la vida democrática en el país. Tenemos, por eso, un papel central que cubrir en la consolidación de nuestra pluralidad política.

Haremos valer nuestra mayoría, pero lo haremos con razones, lo haremos con el diálogo, con la concertación. No pretendemos avasallar, sino convencer; continuaremos elevando la calidad de nuestra democracia.

El resultado de estas elecciones renueva los puntos de nuestra agenda, desecha dogmas e introduce nuevos temas.

Hoy tenemos mejores normas para la competencia política y hemos de perfeccionarla en la práctica. Pero, no hay duda, estamos ante un hecho fundamental: como en otras latitudes, en México se consolida una democracia plural de Partido mayoritario.

Amigas y amigos:

No hay que despreciar todo lo que hemos alcanzado en organización, en el establecimiento de la democracia territorial, en la apertura de nuevos canales para la actividad de nuestras organizaciones y de nuestra militancia, en la modernización de nuestra conducción política y en la actualización de nuestros principios, programa de acción y oferta política.

Hemos de consolidar nuestra reforma y seguir adelante en la línea trazada. Pero lo más importante, es mantener nuestra convicción política y nuestro orgullo de ser priístas; el coraje y la tenacidad que tenemos como militantes de este gran partido de la Revolución Mexicana.

Asumimos el papel que nos ha encomendado la sociedad y lo hacemos con entusiasmo, pero también, que quede muy claro, lo hacemos con sobriedad, con modestia, de acuerdo a los principios de nuestra ética política.

Recordemos, que en la democracia, recordemos que en la política nada es permanente; no hay derrotas ni victorias definitivas; el voto sabe premiar pero también sabe castigar.

Tenemos arduas tareas por delante. Con este priísmo, con esta militancia, con esta convicción y con este orgullo de nuestra organización política, la habremos de cumplir.

Ya demostraremos que tenemos Partido para la victoria. Hoy, que no quepa la menor duda, tenemos Partido para continuar con la transformación democrática de México.