DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
Renuncia de Colosio al cargo de Presidente del
Comité Ejecutivo Nacional del PRI.

Abril 8, 1992



Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI

México, D.F., 8 de abril de 1992.
Auditorio "Plutarco Elías Calles" de la Sede del CEN del PRI.
Reunión del Consejo Político Nacional del
Partido Revolucionario Institucional.

"En esta etapa, el Partido intentó diversos caminos: algunos de ellos, cuando apenas parecían abiertos, se volvieron a cerrar. Así, muchas respuestas que creíamos haber encontrado han resultado finalmente insuficientes, pero puedo asegurar que detrás de cada acierto y aún de los errores cometidos, se encuentra la realización de grandes esfuerzos y de la mejor voluntad por hacer bien las cosas ".

Me permití solicitar la celebración de este Consejo Político Nacional para informarles que, de acuerdo a la invitación que me formulara el día de ayer el Presidente de la República, para hacerme cargo de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, he decidido presentar mi renuncia al cargo de Presidente del Comité Ejecutivo Nacional de nuestro Partido.

Considero que es una alta distinción colaborar directamente con quien encabeza el esfuerzo que los priístas nos hemos propuesto realizar.

Por ello, entiendo esta responsabilidad como un gran privilegio que habrá de reclamar mi más profunda entrega y mi total compromiso. Asumiré este cargo como un gran desafío y en su desempeño pondré todo mi esfuerzo.

Al aceptar esta invitación, he tenido que considerar cuidadosamente la responsabilidad que adquirí ante el Partido, al hacerme cargo de la Presidencia del Comité Ejecutivo Nacional, a fines de 1988.

Entendí fundamentalmente esa responsabilidad como el mandato de convivir intensamente con nuestra militancia, de conocer sus problemas y sus propuestas, compartiendo sus propósitos y afanes.

Desde el primer momento, me encontré con la demanda por el cambio.

Fui testigo de la lealtad y la convicción de los priístas, pero también de su impaciencia y su inconformidad, que eran señales claras de un renovado impulso que provenía de la base misma de nuestra organización.

En todo el país los priístas querían poner nuevamente en pie el Partido, como fuerza determinante de la transformación social de México.

Hoy, pasados ya más de 3 años, justo es reconocer que los grandes artífices del cambio han sido precisamente el ánimo y el coraje de nuestra militancia y la decisión de participación de nuestros líderes.

Aquella voluntad de transformación que encontramos en 1988, se ha traducido, desde entonces, en propósitos comunes que nos cohesionan y nos identifican a lo largo y a lo ancho del territorio nacional y en una oferta política, convertida en hechos, que nos da mayor presencia en la sociedad.

Los métodos de trabajo que adoptamos nos han otorgado una nueva capacidad de convocatoria, a la que la ciudadanía ha respondido con generosidad y con entusiasmo.

Los Consejos Políticos, al integrar la representación de todas nuestras fuerzas, son expresión de una vida interna renovada y vigorosa.

En este día, reitero el reconocimiento que me merece la valiosa aportación de todos sus integrantes.

De manera especial, quiero agradecer a todos los miembros del Consejo Político Nacional su constancia y su compromiso sin reserva, durante este tramo que hemos recorrido juntos.

Los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional, cumplieron su encomienda; lo hicieron con lealtad, lo hicieron con convicción y lo hicieron con entrega; contaron siempre con la contribución de sus respectivos equipos de trabajo.

A los miembros del Comité Ejecutivo Nacional, mi respeto y admiración, mi afecto y mi amistad perdurable.

A todos ustedes: ¡Muchas gracias!

A través de ustedes, señoras y señores Consejeros, quiero hacer llegar mi agradecimiento a todos los priístas de nuestras organizaciones y de nuestra estructura territorial, que han sido el sustento de nuestra recuperación.

En estos tres años renovamos nuestra oferta política a la sociedad. El liderazgo y la confianza del Presidente Salinas y las exitosas políticas públicas que ha puesto en marcha, nos permitieron pasar la prueba de los resultados y han fortalecido nuestra mayoría social.

El PRI es hoy el Partido del cambio, es la organización que cuenta con el respaldo popular y el mandato ciudadano requerido para llevarlo a cabo.

A partir de una nueva organización y una oferta política de libertades y de justicia, estamos más cerca de la sociedad mexicana, compartiendo sus inquietudes y preocupaciones.

Estas razones y ninguna otra, son las que explican la amplitud de nuestra convocatoria y la fuerza de nuestra representación.

Señoras y señores consejeros:

Al separarme de mis responsabilidades como dirigente nacional de nuestro Partido, intento dejar testimonio de algunas reflexiones que surgen de la evaluación personal sobre la gestión que tuve el honor y la oportunidad de llevar a cabo.

El repaso sobre nuestros logros debe llevarnos a una revisión rigurosa y franca sobre la situación actual del Partido. Por exigencia política y moral, ese es el análisis que merece nuestra militancia, es la reflexión a la que hoy estamos obligados ante este Consejo Político Nacional aquí reunido.

En razón de las tareas que realizamos y como testigos y partícipes de la inevitable redefinición ideológica de diversas sociedades y organizaciones en el mundo, vivimos una etapa de intenso debate en cuanto a postulados y principios.

En ese debate, nuestro punto de partida ha sido siempre una Revolución viva y vigente, porque siempre en la revisión y en la crítica ha sabido transformarse a sí misma.

No es una revolución claudicante y oportunista porque mantiene sus fines, no es una Revolución dogmática y agotada, porque ha acertado al renovar sus medios.

El mérito del liberalismo social, doctrina de nuestra revolución, es que ha permitido la búsqueda permanente de mejores equilibrios entre libertades y justicia, para actualizar constantemente nuestra gestión pública y corregir nuestra propia actividad como organización política.

Al término del siglo XX, estamos ante un horizonte de transformaciones de tal magnitud que hoy, más que nunca, es necesario enriquecer postulados y exigirnos congruencia en cada tarea concreta.

Nuestros puntos de referencia son claros, pero la discusión permanece abierta, en la búsqueda de nuevas respuestas.

Si hemos avanzado al establecer en este marco nuestras plataformas electorales, nuestro análisis requiere actualización permanente.

El Partido está llamado a poner todo su empeño para la definición de programas cada vez más precisos y puntuales, tal y como lo exige actualmente nuestra sociedad.

Precisemos cada vez más nuestros compromisos, pero no olvidemos que a la altura de esta exigencia ha de estar la obra de nuestros gobiernos.

Al renovar nuestra organización y nuestra actividad política, avanzamos en la planeación de una acción electoral eficiente, en la implantación territorial del Partido, en la coherencia de la iniciativa de nuestra organización y en los métodos para la selección de nuestros candidatos y dirigentes.

De esta manera, el Partido ha establecido cauces y medios institucionales para adoptar sus propias decisiones, colocándolas por encima de las pretensiones de individuos aislados y grupos con interés que no corresponden a los propósitos de nuestra organización.

El partido tiene ya una memoria sistematizada sobre el comportamiento electoral. Eso, en cada una de las demarcaciones, y cuenta también con un sistema de análisis sobre las preferencias y aspiraciones de la sociedad en todo el país.

Nuestras estrategias de postulación de candidatos, de desarrollo de campañas y la formulación de nuestro programa político, están soportadas por elementos de información de gran valor que nos otorgan mayor eficiencia y competitividad como Partido.

No hay razones ocultas en nuestros triunfos. Los sufragios que obtenemos se deben al esfuerzo por ajustar nuestra sensibilidad política y nuestras decisiones, a partir del conocimiento objetivo de la realidad.

Nuestra presencia en todo el territorio nacional ha adquirido mayor espesor y fuerza, respondiendo así a la nuevas condiciones de la sociedad.

En efecto, asistimos a un cambio profundo en la fisonomía de los grupos sociales, que día a día otorgan mayor importancia a las demandas relacionadas con su lugar de residencia y con la calidad de su entorno.

Por ello, hemos atendido a esta realidad como una organización que se finca en las mismas comunidades y que responde a sus causas.

Pero lo reafirmo: los reclamos ciudadanos no cancelan la vigencia de los intereses asociados de obreros, campesinos, gremios y grupos profesionales de nuestras fuerzas.

La de los ciudadanos en el territorio y las organizaciones, son un sólido sustento de nuestra estructura y orientan coherentemente nuestra actividad política.

Nuestra vinculación orgánica con las aspiraciones sociales evoluciona conforme la propia sociedad se transforma. Reconozco el inteligente esfuerzo de cambio que están desarrollando nuestras organizaciones.

Para seguir encauzando la transformación social de México, debemos perseverar en este proceso. Saber cambiar ha sido nuestro principal acierto histórico: no tengo duda que haremos lo necesario para mantenerlo, en el futuro.

En lo relativo a la selección de candidatos y dirigentes, hemos probado diferentes vías. La democracia en los procesos internos no es cuestión de mera voluntad, sino que exige equilibrar participación y representatividad de las diversas fuerzas del Partido, reglas y procedimientos claros, y la satisfacción de los contendientes ante los resultados.

Todos estos aspectos deben subordinarse al propósito de elegir candidatos de perfil adecuado, tanto para la competencia política como para el ejercicio de la función pública.

En efecto, en cuanto a los perfiles que buscamos, tan importante es postular candidatos con capacidad de convocatoria y de triunfo electoral, como reconocer las cualidades para el ejercicio de cargos públicos, resultado de la preparación y la experiencia.

Por otra parte, en lo que respecta a la representatividad interna, tan importante es garantizar espacios para los mejores cuadros de nuestras organizaciones, lo que nos permite contribuir al cumplimiento de sus expectativas de expresión política, como apoyar las aspiraciones de los nuevos liderazgos que surjan de las propias comunidades y de la participación cívica en las diferentes regiones del país,

Existe un intercambio constante que debemos alentar entre nuestros principios y nuestra práctica política. La práctica que abandona principios pierde dirección y sentido; los principios que buscan aplicarse, sin un marco adecuado de procedimientos, conduce a la división y al enfrentamiento.

La selección de candidatos y dirigentes exige el constante perfeccionamiento de los métodos que empleamos para ello. Cuando no hemos puesto suficiente cuidado en los procedimientos, hemos sufrido experiencias desafortunadas.

De éstas, aprendimos que no pueden ser adecuados aquellos métodos que fracturan y desintegran las fuerzas del Partido y que, con mucha frecuencia, nos han puesto ante el riesgo de la derrota electoral.

Sin duda, mucho hay que hacer todavía para que las promociones, fundadas en el necesario reconocimiento a la experiencia, a la lealtad y a los años de militancia y de servicio público, no se constituyan en un impedimento para la renovación de los cuadros y desalienten la participación de nuevos militantes.

Lo quiero enfatizar: en esta materia, mucho hay todavía por hacer para superar las fórmulas simplistas que pretenden servir para todos los casos - por igual - y que menosprecian las particularidades sociales y políticas que se dan en cada región y en cada circunstancia.

Con candidatos idóneos que merezcan el respaldo de la comunidad, el Partido contribuye a elevar la calidad de nuestra democracia, en la cual no es posible evadir la competencia.

El ciudadano quiere estar en capacidad de elegir la mejor entre las diversas opciones políticas. Los partidos, por ello mismo, están siempre entre la posibilidad de la victoria y el riesgo de la derrota.

Los límites del espacio político de cada organización sólo los imponen la ley y la expresión de la voluntad ciudadana.

No nos confundamos, amigas y amigos del Partido: la democracia que interesa a todos los mexicanos es la democracia como régimen político y como forma de vida; elevar la calidad de la democracia, es una responsabilidad primordial que mantenemos ante la sociedad. El PRI no regatea su aporte en este sentido.

Ni damos por concluido el debate ni rehuimos considerar nuevos medios para continuar avanzando.

Señoras y Señores del Consejo Político Nacional:

En esta etapa, el Partido intentó diversos caminos: algunos de ellos, cuando apenas parecían abiertos, se volvieron a cerrar.

Así, muchas respuestas que creíamos haber encontrado han resultado finalmente insuficientes, pero puedo asegurar que detrás de cada acierto y aún de los errores cometidos, se encuentra la realización de grandes esfuerzos y de la mejor voluntad por hacer bien las cosas.

Estos tres años nos dejan grandes lecciones: entre ellas, por primera vez, se constituyó un gobierno de oposición en el ámbito estatal, pero también - por primera vez - logramos una recuperación electoral de la magnitud de la que alcanzamos en 1991. Sin duda, todo balance da lugar a la polémica.

Esto es inevitable y aún provechoso, diría yo, en lo que hace al campo de la política.

Porque, como lo hemos dicho en otras ocasiones, en la política las tareas nunca están concluidas, pues la política es el constante esfuerzo por avanzar en el logro de los ideales, que nos permiten realizar las circunstancias.

Buscamos una práctica de la política fundada en valores y principios, plena sujeción a la norma, acción eficaz que ha de ser evaluada por sus resultados, sobriedad en el ejercicio del poder, clara conciencia del interés general, tolerancia en la pluralidad.

Estos son los aspectos principales de la nueva moral pública que está orientando nuestro trabajo partidista y nuestra gestión en el Gobierno.

A nosotros nos tocó avanzar en la medida de nuestras fuerzas y en la próxima etapa, los priístas - no me cabe la menor duda - continuarán por las rutas que juzguen acertadas en la búsqueda de una sociedad cada vez mejor.

Seguramente se encontrarán nuevos medios para seguir construyendo este gran Partido que mantiene vivo el proyecto de la Revolución Mexicana.

Me llevo grandes satisfacciones. La mayor, es haber compartido decisiones y tareas para reafirmar la vigencia de las razones del priísmo y acreditar así, día a día, el vigor de nuestro orgullo.

Amigas y amigos del Partido:

Nuestra organización tiene un futuro de amplias posibilidades. Lo tiene a la altura de su origen y de las conquistas de su pasado.

Señoras y señores consejeros:

Al iniciar mi intervención, anuncié mi renuncia al cargo de Presidente del Comité Ejecutivo Nacional.

En este momento, hago entrega formal - por conducto del Secretario Técnico de este Consejo - del documento que registra ésta decisión, en la cual solicito - con el ánimo de atender asuntos pendientes y de hacer entrega del despacho - que me sea aceptada a partir del lunes 13 de abril.

Reitero a ustedes, y a través de ustedes a toda la militancia, mi gratitud y mi afecto por siempre.