DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
Ponencia "El papel de los jóvenes en la democracia de América
Latina", en la VIII Reunión del Consejo del Centro
Latinoamericano y del Caribe de la Juventud.

Junio 17, 1991



Presidente del CEN del PRI

México, D.F., 17 de junio de 1991.
Centro Interamericano de Estudios de Seguridad Social.

"Ustedes, como jóvenes que son, quieren "el bien, enderezar al mundo ", como dice el poema de Octavio Paz. Que no les falte entereza, y que no les falte humildad".

Quiero agradecer profundamente al Centro Latinoamericano y del Caribe de la Juventud la invitación que me hiciera para participar como ponente en esta reunión de su consejo.

Por principio de cuentas, quisiera decir a ustedes que el tema que nos ocupa, o sea el papel de los jóvenes en la democracia de América Latina, representa varios aspectos que lo hacen un tema, a la vez que el de la mayor importancia y trascendencia para los momentos que viven nuestros países.

Un tema definitivamente implica y demanda de todos nosotros una profunda atención, que a mi juicio es éste un magnífico foro para iniciarla, pero que también, requiere y requerirá definitivamente que profundicemos.

En primer lugar, hablar del tema que nos ocupa, nos obliga a varias reflexiones: en primer término no se habla de "un" papel que deba cumplir la juventud en las democracias de nuestros países, sino que se habla de "el" papel; esto es, de la función o la tarea fundamental que tiene la juventud que desarrollar en la política de todos nuestros países.

Se supone, por tanto, que entre ustedes y nosotros y, sobre todo, entre ustedes, en el diálogo y en las sesiones de análisis que posteriormente habrán de realizar, se deba de llegar a un acuerdo, a algún consenso acerca de cuál debe ser esta tarea tan esencial.

En segundo lugar, el título de la conferencia, y el tema que nos ocupa, en un solo enunciado, incluye tres conceptos que son a nuestro juicio fundamentales: por un lado juventud, por otro lado, democracia; y, por otro lado, América Latina, tres aspectos que son de la mayor importancia.

JUVENTUD, con mayúsculas, ¿por qué? Porque es, a nuestro juicio, la etapa más plena, más rica y más libre en la vida de todo ser humano.

DEMOCRACIA, con mayúsculas, porque no sólo es la calificación de un sistema político y un régimen de gobierno específicos, sino que tiene connotaciones en tanto alude a una forma cotidiana de vida comunitaria, conformada por hombres y mujeres de distintas generaciones a quienes se reconoce igualdad de derechos e igualdad de oportunidades.

Y el tercer aspecto de este enunciado, AMÉRICA LATINA, porque consideramos que es la tierra de nuestro origen, nuestro quehacer en todos los ámbitos de la vida de los latinoamericanos y, también, por considerar a América Latina nuestro destino, la tierra de nuestros mayores, nuestra tierra y la tierra de nuestros hijos, tierra de ustedes, que como juventud le dan un nuevo aliento y una nueva esperanza a nuestro subconsciente.

De tal suerte que una reflexión alrededor de la juventud, sobre la democracia en América Latina, nuestra Patria grande, es una tarea, quiero insistir, que excede el espacio de este análisis.

Pero quienes nos dedicamos a la política, quienes nos dedicamos a la conducción de partidos políticos en nuestros países, estamos obligados a permanentemente abundar a profundidad sobre el tema.

Yo quiero decirles algo: cuando recibí esta honrosa invitación y empecé a pensar acerca de cómo abordar el tema, se me vino a la mente un poema de un gran poeta mexicano, Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz.

Poema que, sin duda alguna, ustedes en alguna ocasión habrán leído o lo habrán escuchado: se trata de "El Nocturno de San Ildefonso", y hay varias razones por las cuales yo quisiera traer a colación algunos aspectos de este poema, porque mucho dice de lo que aquí hoy se discute.

Cuando lo pensé descubrí que había por lo menos tres razones por las cuales era importante y valía la pena traerlo a colación.

El primero, porque se trata de un poema que evoca los años juveniles de este autor, cuando estudiaba precisamente en la Preparatoria de San Ildefonso, en la vieja Escuela de San Ildefonso, escuela por la que pasaron una gran cantidad de generaciones de mexicanos, entre ellos nuestros más ilustres hombres de la cultura, pero también ilustres hombres de la política y del México productivo.

Un poema que habla de los años treinta y que alguna de sus partes dice: "A esta hora los muros rojos de San Ildefonso son negros y respiran; sol hecho tiempo; tiempo hecho piedra".

Pero hay una segunda razón por la cual vale la pena traer a colación este poema, y es que la alusión se refiera fundamentalmente a la discusión de los jóvenes de aquella época, en su recorrido por el centro de nuestra gran Ciudad, en donde estaba ubicada la Escuela de San Ildefonso.

Pero en especial hace referencia este poema, a través de este poema, a las largas caminatas nocturnas por la gran Plaza de la Constitución y frente a Palacio Nacional, sitio que para los mexicanos constituye uno de los puntos fundamentales, geográficos, de nuestra vida política, de nuestra vida cultural, de nuestra historia.

En otra de sus partes, el poema dice: "Plaza del Zócalo, vasta con firmamento; espacio diáfano; frontón de ecos; arde; árbol de pólvora, el diálogo adolescente".

Pero hay una tercera razón por la cual yo quisiera traer a colación este poema y es que la discusión de esos adolescentes era sobre el papel precisamente que habrían de cumplir en el mundo y, en especial, acerca de su vocación política.

Octavio Paz, en otra parte de este magnifico poema, que le recomiendo a todos aquellos que no lo conozcan, dice: "El muchacho que camina por este poema, entre San Ildefonso y el Zócalo, es el hombre que lo escribe. Esta página también es una caminata nocturna, aquí encarnan los espectros amigos; las ideas se disipan".

Después viene algo que es fundamental, y que yo quisiera enfatizar. Dice Octavio Paz: "El bien, quisimos el bien; enderezar al mundo; no nos faltó entereza, nos faltó humildad".

Octavio Paz dedica luego buena parte de sus consideraciones a los errores y excesos en que la humanidad cayó desde esa época; no olvidemos que los años treinta fueron la década en que se implantó el fascismo en diversas partes del mundo, se incubó la Segunda Guerra Mundial y se produjeron grandes excesos en nombre del socialismo.

Se trata prácticamente de la historia del siglo. Mejor aún: es un retrato de los rasgos intelectuales e ideológicos que hicieron posibles las grandes pugnas y las luchas más sangrientas de nuestro tiempo.

Aspectos fundamentales de este poeta y de este poema, para el tema que hoy nos ocupa.

El gran compromiso en la acción política estriba quizá en estos cuatro versos: "El bien, quisimos el bien; enderezar el mundo; no nos faltó entereza, nos faltó humildad".

Y he querido repetirlos, amigos y amigas, porque a nuestro juicio la democracia es precisamente el reconocimiento de que sólo nos podemos gobernar respetando la diferencia de cada individuo.

Definitivamente sólo nos podemos gobernar buscando incorporar a todos en el concierto plural de nuestras voces.

Lo he dicho en otros foros, quiero reiterarlo aquí ante ustedes, que la democracia es proceso inacabado, que es una de las expresiones más altas de nuestra cultura; es un esfuerzo permanente de conciliación, de consensos, y de tolerancia.

La democracia es la renuncia en acto de la imposición de una verdad definitiva. Es el único freno que existe para limitar la violencia, aun la individual. Y es la democracia la única expresión civilizada de la política.

Todo esto nos remite al reconocimiento, amigas y amigos de América Latina, de que no hay calidad en la democracia sin un esfuerzo permanente de democratización, sin un proceso siempre renovado de construir las condiciones políticas de entendimiento entre las diferentes voces de un pueblo que hacen posible la consolidación y el ejercicio de un gobierno democrático.

Por eso es que en México, lo hemos dicho en otros foros y es importante reiterarlo ante ustedes, es hora de politizar la cuestión de la democracia, es hora de activar todos nuestros esfuerzos dentro de las diferencias, dentro del pluralismo de nuestras sociedades, para crear las condiciones políticas del ejercicio de las democracias.

Y esto lo hemos concebido, debe trabajarse dentro del Estado, en el seno mismo de la sociedad mexicana y de la sociedad latinoamericana, así como también en las relaciones entre la sociedad y el Estado.

Para América Latina, para el Caribe, los momentos que vivimos son momentos decisivos. A nadie pasa inadvertido el hecho de que acaba de concluir, en la región, un decenio perdido para el desarrollo económico.

Buena parte de la vida de ustedes, de la vida de las juventudes, ha transcurrido en estos años. En ese decenio, al que hacemos referencia, nuestra población pasó de 345 a poco más de 450 millones de habitantes.

Por el quiebre en el crecimiento económico, por la interrupción en el mismo, las desigualdades sociales se han ahondado; se hicieron más amplias las demandas de empleo, de salud, de vivienda, de servicios básicos para toda la población.

Demandas todas a las que los gobiernos democráticos de América Latina están comprometidos a enfrentar, desde sus distintas perspectivas. Ciertamente el gobierno de México en eso está empeñado.

Pero, en medio de estos años, que sin duda alguna han sido muy difíciles, hemos aprendido que sólo un contrato social fundado en libertades, podía unir los esfuerzos de todos para lograr sociedades más justas y democráticas.

Por eso, durante esta década, los latinoamericanos decidimos fortalecer y recuperar, plenamente, nuestra vida democrática; en estos años de esfuerzo, de superación, de nuevos encuentros con nuestras realidades aprendimos varias cosas.

Primero, hemos aprendido que la calidad de la democracia depende de la voluntad ciudadana de cada país. Es construcción que parte de la base social misma y no es resultado ni de prescripciones o tutelajes externos.

También hemos aprendido que el punto de partida de la democracia es la cultura de la tolerancia, que lleva a reconocer intereses y argumentos distintos entre los individuos, entre los grupos sociales; la democracia por tanto, es búsqueda del consenso que no elimina las diferencias ni mucho menos se basa en la premisa de aniquilar al adversario.

También hemos aprendido, en tercer término pero no menos importante, que la democracia sólo se fortalece en un marco de libertades y en un marco de renovadas oportunidades para nuestra juventud, para las nuevas generaciones.

La democracia no acepta ni privilegios ni exclusiones; presupone un Estado de Derecho y una economía que permita el desarrollo de todos los individuos. No olvidemos que sin economía sana no hay democracia fuerte.

También hemos aprendido por último que el ejercicio de libertades, que es inherente a la democracia, la capacidad para elegir y decidir, implica que ella funda estados soberanos, estados sometidos a la ley, estados con capacidad para orientarse, para hacerlo en el transcurso de los próximos años.

Pero todo ello en base a los consensos, en base a los acuerdos mayoritarios de nuestra sociedad.

Ahora bien: los jóvenes de México y de América Latina habrán, sin duda alguna, de conformar una generación del esfuerzo y de nuevos compromisos para con las sociedades de las cuales ustedes forman parte.

Constituye la generación de México y de América Latina una generación con nuevos potenciales que han vivido, mejor dicho: porque han vivido una de las más profundas transformaciones de todas las épocas.

Y esta nueva generación habrá de enfrentarse a transformaciones de una gran magnitud que el mundo de hoy está viviendo; transformaciones en el ámbito de la política, y también en el ámbito de la sociedad y en la economía.

Pero esto, lejos de ser algo que produzca un temor a las nuevas generaciones, lo que hemos advertido, al menos de la experiencia que hemos vivido en México, es que es uno de los mejores signos para mejores y más promisorios augurios.

Por eso, al celebrar esta reunión del Consejo del Centro Latinoamericano y del Caribe de la Juventud, las reflexiones que ustedes hagan en torno a estos temas tan importantes, como es la democracia en nuestros países, las libertades que requieren y el impulso a una economía sana para que se puedan generar las nuevas y promisorias oportunidades que las juventudes de hoy demandan para el presente y para el futuro, son de la mayor importancia.

Quiero decirles que a mi juicio, las reflexiones que habrán de hacerse en este evento, los acuerdos que se logren, los compromisos que se asuman, para ponerlos en práctica en cada uno de los países de origen, estoy seguro que habrán de contribuir, con creces, al establecimiento de un marco latinoamericano de colaboración estrecha y conjunta por parte de la juventud de nuestros países.

¡Qué bueno que en este tiempo en que se amplían las fronteras del mundo, los jóvenes latinoamericanos hayan decidido reunirse aquí, para profundizar sus intercambios y alcanzar una más eficaz colaboración!

¡Qué bueno que estén preocupados por los grandes temas de nuestra agenda latinoamericana!

¡Qué bueno que estén ustedes mismos, dentro de este marco de colaboración, encontrando los puntos de acuerdo y de definición acerca del papel de la juventud en la democracia latinoamericana!

Ustedes, como jóvenes que son, quieren "el bien, enderezar al mundo", como dice el poema de Octavio Paz. Que no les falte entereza, y que no les falte humildad.

Los felicito amigas y amigos de América Latina por este esfuerzo.

Me complace sobremanera estar el día de hoy en el inicio de ésta tan trascendental reunión para América Latina y sus nuevas generaciones.