DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
Ceremonia del XXIII Aniversario luctuoso del
General Heriberto Jara Corona.

Abril 18, 1991



Presidente del CEN del PRI

México, D.F., 18 de abril de 1991.

"Más que una vida, la de Jara fue un destino; el destino de la Revolución y sus conquistas. La Revolución Mexicana fue un acto de libertad colectiva; fue fruto de la indignación popular ante los abusos y excesos de poder. Un estallido social que expresó el rechazo a los cacicazgos, a la desigualdad, a la intolerancia y represión ".

Señor Presidente:
Amigas y amigos:

Hace veintitrés años en esta ciudad de México falleció un mexicano excepcional; revolucionario íntegro, y hombre de gran calidad humana: Heriberto Jara Corona.

La estatua que hoy devela el presidente Salinas de Gortari, fue construida por el deseo y la voluntad de un grupo de distinguidos militantes del Partido Revolucionario Institucional.

Francisco Galindo Ochoa, priísta de toda la vida, ha sido empeñoso promotor de este tributo que rendimos hoy a Heriberto Jara; gracias don Pancho por su entusiasmo y entrega en la realización de este homenaje.

Los mexicanos debemos recordar a Heriberto Jara, general de la Revolución que cubrió con sus actos páginas trascendentes de la historia mexicana de este siglo. Más que una vida, la de Jara, fue un destino; el destino de la revolución y sus conquistas.

La Revolución Mexicana fue un acto de libertad colectiva; fue fruto de la indignación popular ante los abusos y excesos de poder. Un estallido social que expresó el rechazo a los cacicazgos, a la desigualdad, a la intolerancia y represión.

Heriberto Jara fue un precursor de la Revolución. Formó parte de la estirpe de mexicanos que tomaron conciencia de los agravios cometidos por la dictadura. Se educó políticamente en el magonismo visionario y fue de sus primeros y juveniles combatientes en su natal Veracruz.

Estuvo al lado de los obreros de Río Blanco en la huelga que anunciaba la caída del régimen; sus proclamas y sus escritos periodísticos expresaban denuncias implacables contra el estancamiento y el retroceso del país.

En su condición de diputado advirtió al presidente Madero de las acechanzas militaristas; ante la traición de Huerta, se incorporó a las fuerzas constitucionalistas de Venustiano Carranza.

No puede explicarse con suficiencia el Constituyente de Querétaro, sin la figura siempre sobresaliente, sin su exacta mezcla de lucidez y rebeldía.

La Constitución, fundamento y razón de los objetivos democráticos y libertarios de los mexicanos, tiene en sus pasajes más prometedores, la huella inconfundible de la pasión y el ingenio revolucionario de este gran veracruzano.

Querétaro 1917, lugar y momento estelar de la historia de México, en la que Heriberto Jara cumple con brillantez una de sus responsabilidades más altas de su trayectoria política.

Defiende los principios fundamentales de la Revolución, se convierte en uno de los más firmes defensores de la soberanía nacional, y de los artículos 27 y 123 de la Constitución.

Desde entonces, consagra su vida a la defensa de la Revolución y de la Constitución. Esos fueron los dos ejes que normaron su conducta política. Será el vigía moral del gobierno de la Revolución.

En la presidencia de nuestro Partido, el PRM, preservará sus logros; en las tareas de gobierno dará ejemplo de honradez, lealtad y verdadera austeridad al servicio de la República.

¿Por qué realizamos hoy este homenaje? ¿Cuáles son los motivos de esta acto que recuerda las acciones de un mexicano ejemplar como Jara?

En los momentos actuales, ¿qué significa traer a la memoria la obra de este gran mexicano?

A lo largo de su existencia, el general Jara preservó sus convicciones, preservó una conducta intachable.

El espíritu crítico no lo apartó de sus compromisos con el gobierno de la Revolución, ni con nuestro Partido; en nuestro Partido militó hasta su muerte; hombre sincero, político con vocación social, jamás precipitó sus acciones por ambiciones personales.

Arquetipo y síntesis del valor cívico, Jara fue un ejemplo de lealtad a las instituciones de la Revolución.

Sus ideales habían de ser los ideales de las nuevas generaciones de priístas. Nos legó una vida de permanente compromiso con la justicia; su honestidad, su pensamiento progresista, su humanismo y su dignidad de ciudadano universal, deberán normar la conducta de los priístas de hoy.

Jara pertenece al presente, pero también al futuro. La actualidad de su conducta es incuestionable. Su firmeza en la lucha por forjar un México más justo, mejor y más grande, está vigente, se identifica con los propósitos de crecimiento equitativo, de solidaridad, y con los esfuerzos de modernización nacionalista, democrática y popular, que los mexicanos estamos decididos y convencidos en llevar adelante.

Los priístas reivindicamos a este mexicano de excepción porque seguimos identificados y defendemos los valores del movimiento social que él protagonizó.

Guiados por sus principios nos empeñamos en la construcción de un futuro más promisorio para las futuras generaciones. En este esfuerzo los priístas no abandonamos los principios de justicia social y democracia.

Lucharemos, como hasta hoy, por la ampliación de libertades de todos los mexicanos, por la defensa de la soberanía nacional e impulsaremos la defensa intransigente de los derechos humanos.

Por estos principios, hombres como el general Jara entregaron su vida; sus lecciones de probidad y entereza política, las recoge con respeto el priísmo de hoy.

Hoy el PRI se mantendrá en el camino de la transformación democrática de México; lo haremos para fortalecer las instituciones republicanas; lo haremos por el engrandecimiento de México, y lo haremos con lealtad a quien es orgullo del Partido Revolucionario Institucional, el Presidente Carlos Salinas de Gortari.