DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
El PRI ante el Tratado de Libre Comercio.
Abril 25, 1991



Presidente del CEN del PRI

Phoenix Arizona, 25 de abril de 1991.
Congreso del Estado de Arizona.

"... se puede esperar con realismo que las negociaciones para un Tratado Trilateral de Libre Comercio resultan en beneficio para los Estados Unidos, Canadá y México. México es hoy un socio responsable y solvente. Se ha dicho, atinadamente, que este Tratado no puede verse como un juego de suma cero, en donde lo que un país gana, el otro pierde. Debe verse como una oportunidad histórica para crear una gran zona económica con capacidad para competir exitosamente con los bloques que actualmente se están configurando tanto en a Europa, como en la Cuenca del Pacífico".

Honorable Congreso del Estado de Arizona:
Señores y señoras:

Estados Unidos y México son vecinos que comparten geografía, valores y aspiraciones; la libertad, la democracia y la justicia, han animado por igual las luchas de nuestros pueblos y definen el futuro que nos empeñamos en alcanzar.

Nuestra vecindad, que es de coincidencias, lo ha sido también de diferencias y conflictos; nos separan la lengua, las costumbres y un desigual desarrollo material.

La historia de nuestras relaciones incluye etapas de dificultad y enfrentamiento, largos periodos de indiferencia y momentos, como el actual, de ejemplar colaboración y entendimiento.

La vertiginosa transformación del mundo en este fin de siglo, ha intensificado inevitablemente los contactos económicos y culturales entre nuestros pueblos. Tenemos hoy una más amplia y más rica relación en todos los campos.

Poco a poco abandonamos la idea de que aún podemos avanzar cada uno por separado, para admitir que no hay otra alternativa que reconocer y atender conjuntamente los intereses comunes que se han ido multiplicando entre nuestras dos naciones.

Es tiempo de sentar las bases de una nueva relación permanente entre México y Estados Unidos: digna, equitativa y respetuosa, fundada en la comprensión y el entendimiento.

Esta nueva relación debe partir del reconocimiento realista de los propósitos comunes y de nuestros intereses diferentes, pero no opuestos.

No es concebible que hoy, mientras otras naciones separadas por la geografía y por profundos antagonismos históricos y aun ideológicos, llegan a acuerdos constructivos y cooperan abiertamente para construirse un mejor futuro, vecinos como somos México y los Estados Unidos, nos empeñemos aún por mantener un aislamiento imposible y demos la espalda a los nuevos caminos que nuestra época nos ofrece.

Construir esa nueva relación no implica hacerse cargo de las dificultades del vecino. Sólo exige entender que éstas pueden convertirse, tarde o temprano, en dificultades propias.

Construir esa nueva relación implica asumir que las oportunidades del vecino pueden llegar a ser, también, nuestras propias oportunidades.

Hoy México tiene todo su empeño en lograr una democracia plena y una sociedad próspera y justa.

Por eso estamos realizando, bajo la orientación del Gobierno de la República que encabeza el Presidente Salinas de Gortari, un profundo esfuerzo de modernización nacional.

En él se involucran todos los aspectos de nuestra vida como sociedad y en particular, la economía y la política nacionales.

Nuestro país tiene una población de 82 millones de habitantes. La demanda anual de empleos de los jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo rebasa la cifra del millón.

Ese solo motivo es más que suficiente para que el desarrollo económico y la solidaridad con los menos favorecidos, ocupen lugares prioritarios en la agenda nacional.

La modernización económica es, por ello, antes que todo, un medio para alcanzar un crecimiento gradual pero sostenido y, sobre todo, más equitativo.

México vivió una dura crisis económica en la década pasada. La modernización, que es actualmente la estrategia de largo plazo, ha supuesto como condición inicial lograr una sólida estabilidad económica.

México empeñó su esfuerzo en este sentido: procedió primero a corregir drásticamente los desequilibrios en las finanzas públicas y en la balanza de pagos y, sobre esta base, pasó luego a renegociar la deuda externa.

La firme y disciplinada conducción económica del Gobierno y la contribución responsable de todos los sectores han permitido consolidar el proceso de estabilización económica.

Así hemos alcanzado los niveles de inflación más bajos de los últimos veinticinco años y estamos recuperando el crecimiento económico.

El pacto de los sectores sociales para derrotar la inflación prueba la madurez y la seriedad que han alcanzado las relaciones políticas de una sociedad participativa que puede plantearse procesos de acuerdo y unidad entre campesinos, trabajadores, empresarios y Gobierno, para el beneficio nacional.

Durante los años de la estabilización económica, la planta productiva también resolvió sus problemas financieros más apremiantes, evitando así las quiebras y el desempleo, y se empeñó en un proceso de cambio y, modernización que coadyuvó a la solución, mediante mayores exportaciones, del desequilibrio externo.

El Presidente Salinas de Gortari anunció un programa económico para la modernización que se sustentaba en la reforma del Estado y el establecimiento de una nueva relación entre éste, el Estado, y el conjunto de la sociedad.

Esta estrategia permitió, primero, la desincorporación de entidades públicas, que han pasado a manos de particulares, un intenso proceso de desregulación, que fortalece la competencia económica, y una rápida reducción en las barreras arancelarias al comercio internacional, que ha significado que pasemos de ser una economía cerrada, a constituirnos en una de las más abiertas del mundo.

Nuestro país se adelantó por varios años a los procesos de reforma económica que se están dando en todo el mundo. Nuestro partido y el Gobierno asumieron los costos de esta gran transformación.

La sociedad mexicana en su conjunto aportó esfuerzo y sacrificio, y patentizó sus raíces solidarias. México actuó con decisión y firmeza para sentar mejores bases para su futuro.

Esta vasta transformación a la que me he estado refiriendo tiene como objetivo lograr la convergencia del crecimiento y la igualdad.

Se propone crear las condiciones para liberar la energía y la creatividad de los mexicanos para la edificación de nuestro porvenir, que nuestros jóvenes y niños nos reclaman sea mejor.

México cuenta con importantes recursos tanto humanos como naturales; hemos ido construyendo una planta productiva diversificada y cada día más eficiente y hemos logrado sanear nuestra economía.

A partir de estos elementos nos planteamos la ruta del desarrollo futuro de nuestro país. Porque aspiramos a mejorar substancialmente el bienestar de nuestra sociedad, no escatimaremos esfuerzo para mantenernos en la ruta trazada.

Históricamente la complementación de las economías de México y los Estados Unidos es un caso único en el mundo.

Hoy, todos lo reconocemos, estamos ante nuevas tareas. Tenemos la oportunidad de crear las condiciones en toda América del Norte para que nuestros esfuerzos alcancen mejores resultados.

En este contexto se puede esperar con realismo que las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio resulten en beneficio para los Estados Unidos, Canadá y México. México es hoy un socio responsable y solvente.

Se ha dicho, atinadamente, que este Tratado no puede verse como un juego de suma cero, en donde la oportunidad histórica para crear una gran zona económica con capacidad para competir exitosamente con los bloques que actualmente se están configurando tanto en Europa, como en la Cuenca del Pacífico.

Este Tratado puede asegurar un comercio ordenado entre los tres países, ofreciendo reglas seguras e imparciales para la circulación de bienes y servicios y para la solución de las diferencias y conflictos. Dará confianza y seguridad a los inversionistas y permitirá desarrollar proyectos de mediano y largo plazo.

El proteccionismo constituye una política económica anacrónica que destruye la competitividad y termina por reducir inexorablemente el bienestar.

Las barreras comerciales, como otros muros de incomprensión y aislamiento, serán tarde o temprano entendidas como frenos al progreso y removidas por todas las sociedades del mundo. Sólo así ganaremos la batalla por la productividad. Sólo así lograremos sociedades más democráticas y más justas.

En México la modernización de la economía está indisolublemente asociada a la modernización política. Hay quienes ven estos dos procesos como contrapuestos, en donde los avances en un terreno se logran en detrimento del otro.

Esta apreciación es incorrecta. La liberación de la energía social se orienta en ambos casos hacia un mismo fin. Una sociedad más libre y democrática requiere de una economía más libre y más competitiva, y ésta, a su vez, no es concebible sin democracia y libertad.

Lo reitero: para el PRI la economía no se desarrolla sin libertades y sin democracia, pero libertades y democracia se debilitan en una economía estancada, que no logra resolver los problemas y las expectativas legítimas de cada sociedad.

Por ello, la reforma política y la reforma económica han constituido los ejes fundamentales de la modernización.

Son los medios que el PRI propone para alcanzar la sociedad que queremos ser: una sociedad de hombres y mujeres libres, en la que el respeto irrestricto a los derechos humanos norme las relaciones de la autoridad con los ciudadanos, y las de éstos entre sí.

Una sociedad políticamente integrada a los valores de la democracia, entendida como régimen político cuyas reglas garanticen la más amplia participación de los ciudadanos y los grupos sociales, en la formación y ejercicio del poder público; entendida también como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

Queremos una sociedad que progrese, que cuente con un Estado responsable, eficaz y honesto, ocupado en promover la acción constructiva de sus ciudadanos, generando oportunidades concretas de realización individual y bienestar colectivo.

Una sociedad capaz de conciliar su crecimiento material con el respeto a la naturaleza y al medio ambiente; los priístas queremos una nación soberana e independiente, que concurra a la conformación de un orden internacional, fundado en el derecho, la paz y la cooperación.

En México la democracia se asume y se perfecciona en un esfuerzo sistemático y perseverante.

Nuestra reforma política no responde a una supuesta transición del autoritarismo a la democracia. Responde a un proceso plural de democratización, que implica la construcción y el perfeccionismo de las condiciones que hacen posible la competencia entre partidos y permiten la formación del Gobierno democrático.

Estas condiciones se deben crear tanto dentro del Estado como en la sociedad, y en las relaciones entre sociedad y Estado.

Los partidos políticos mexicanos deben asumir con responsabilidad el papel democratizador que el país les exige. Su actividad debe sujetarse a la dignidad. Una democracia sin reglas es autoritarismo.

La democracia es tolerancia. Sin el reconocimiento al derecho que tienen los otros a pensar y elegir libremente, no es posible construir el pluralismo.

Los partidos han de buscar el mejoramiento de la mediación política y de la representación y organización de los intereses sociales; deben desarrollarse entendiendo la democracia como competencia real, responsable y comprometida con la ley y la sociedad.

La democratización del país requiere de auténticos partidos políticos, no de caudillos. La política en México es de razones no de fanatismos. Sólo un pluralismo serio y constructivo, responde al reclamo legítimo de la sociedad mexicana actual.

El PRI ha atendido esta exigencia promoviendo una profunda reforma en la legislación política electoral y, al mismo tiempo, impulsando su propia modernización.

En efecto, desde su toma de posesión, nuestro Presidente Salinas de Gortari propuso un acuerdo nacional para la ampliación de la vida democrática.

Era necesario reformar el marco legal para la competencia por el poder, y dar curso a nuevas formas de relación política que permitieran la formación de los consensos sociales básicos.

Así, con el acuerdo de cinco de los seis partidos con registro, se aprobó el nuevo Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales.

¿Cuáles fueron las modificaciones fundamentales, y cómo las nuevas reglas del juego político fortalecen la democracia en México?

Por lo que se refiere al sistema de partidos y a la formación democrática del Gobierno, los cambios son:

1. Procedimientos más confiables para la formulación, revisión y depuración del padrón electoral.

2. Reglamentación en materia de prerrogativas de los partidos, garantizando a todos igualdad de condiciones en la competencia.

Esta reforma, cuyo objetivo final es la garantía de procesos electorales imparciales se expresa en:

1. Una nueva autoridad electoral dotada de autonomía y con mayores equilibrios en sus órganos de dirección.

2. Profesionalización del servicio público electoral.

3. Nuevas modalidades de calificación de las elecciones.

4. Nuevas atribuciones del tribunal y descentralización de sus funciones, asegurándose la impartición pronta, ágil y expedita de la justicia.

Estas, que son las reglas actuales de la competencia democrática, garantizan el respeto al sufragio, fortalecen una democracia representativa y eficiente, y permiten a la sociedad mexicana avanzar en su modernización política.

Para responder a los retos de una vida política y social más compleja de la política, mayor competencia entre las opciones partidarias, formas emergentes de movimiento social, exigieron de nuestro partido nuevas definiciones que le permitieran reconstruir sus bases y vínculos sociales.

La reforma, llevada a cabo en la XIV Asamblea Nacional, en septiembre de 1990, trazó nuevas estrategias para representar con mayor eficiencia los intereses plurales de la sociedad.

Fincamos una nueva relación con nuestras organizaciones campesinas, obreras y populares; renunciamos a toda participación política forzada y establecemos una política de convergencia entre partidos y sectores que denominamos democracia territorial.

Establecimos un nuevo órgano de dirección colegiada: el Consejo Político Nacional, en el que se expresan los intereses diferenciados de una sociedad compleja y plural: organizaciones sociales, estructura territorial, ciudadanos e intelectuales. Nuestro partido es hoy un partido de organizaciones y ciudadanos.

Nuestras reformas no son de coyuntura, sino de largo alcance. Tienen el propósito de refundar la vida partidista a través de una nueva ética política; una ética de la responsabilidad que revalore la cultura del compromiso, el diálogo y la concertación.

Queremos ofrecer a la sociedad mexicana un nuevo modelo de partido, más capacitado para asumir nuevas formas de mediación política.

Los mexicanos estamos en el tiempo de la democracia. Somos una nación con un conjunto de particularidades que nos distingue de otras sociedades.

Siglos de denominación colonial, luchas prolongadas por construir nuestra identidad nacional, y la gran movilización de la primera revolución social del presente siglo despertaron en los mexicanos una vocación libertaria y la decisión de superar tendencias autoritarias y formas patrimonialistas en el ejercicio del poder.

Por eso, hoy nos planteamos consolidar la democracia con las particularidades que corresponden a un país como el nuestro. En México la democracia no está en duda ni en riesgo. Tenemos una rica tradición democrática y la queremos preservar.

Las libertades, que han sido sustento de nuestra vida republicana, tienen y seguirán teniendo en nuestro partido a uno de sus principales defensores.

El esfuerzo democratizador del PRI, su cercanía con la sociedad, la ratificación de su pluralismo, se proponen alentar el proyecto y la vocación de cambio de los mexicanos.

Este cambio se corresponde, también, con el que en su momento vivió nuestro partido. De partido prácticamente único, hasta las elecciones de 1988, a un partido que ha de competir en condiciones de igualdad frente a otros para conquistar el voto ciudadano y
luchar por el poder.

Sostenemos que en la democracia el papel de las mayorías es gobernar, y que implica respeto a las oposiciones. El papel de las oposiciones no radica en la mera confrontación; se requiere una oposición constructiva que también haga gobierno al influir en las decisiones públicas.

Mayorías y minorías, partido gobernante y oposición tienen, así, una corresponsabilidad: el mantenimiento del orden constitucional.

Señores congresistas:

Nuestro partido ha ocupado un lugar central en la vida política de México durante las últimas seis décadas. Ha sido artífice de la estabilidad política y social del país.

Hemos contribuido a forjar los consensos que han garantizado el ejercicio cabal de las libertades públicas.

Hoy, en la nueva época que se abre ante nosotros, época de desafíos y oportunidades, la sociedad mexicana tiene en el Partido Revolucionario Institucional a la organización política con capacidad de convocar al esfuerzo nacional, para hacer de México un país fuerte en un mundo que en el umbral del siglo XXI, tiene promisorias perspectivas del futuro.