DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
Conferencia de las Naciones Unidas sobre
Medio Ambiente y Desarrollo.

Noviembre 2, 1992



Secretario de Desarrollo Social

Nueva York, N. Y, noviembre 2 de 1992.
Sede de la ONU de la ciudad de Nueva York.
XLVII Periodo de Sesiones de la Asamblea General
de las Naciones Unidas, en el tema 79.

"Desarrollo y responsabilidad ambiental son principios inseparables; no queremos que una geografía de culpa nos avasalle; deseamos asumir nuestra responsabilidad histórica en el desarrollo de hoy y de mañana. La soberanía de los Estados está sustentada en una solución justa y duradera a los problemas del desarrollo, creando un entorno económico favorable para el crecimiento de las naciones "

Señor Presidente:

En la histórica Conferencia de Río de Janeiro, la comunidad internacional forjó un nuevo consenso; el desarrollo sostenible, nueva medida para preservar y consolidar el progreso y la convivencia de la humanidad.

Los compromisos alcanzados en Río representan el inicio de un proceso que reclama toda nuestra energía y la más amplia voluntad política, para convertir en acción un vasto programa de desarrollo que beneficie a todos y garantice la satisfacción de nuestras necesidades, las de nuestros hijos y las de los hijos de nuestros hijos.

En Río, la comunidad de naciones, representada al más alto nivel político, inició el camino del futuro: la riqueza de las sociedades no será tal si se genera como menoscabo del medio ambiente; la convivencia pacífica no está garantizada, si en aras de un progreso aparente, se pone en riesgo el equilibrio del planeta.

En este contexto, el papel que la Organización de las Naciones Unidas debe asumir fue plenamente reconocido. Ahora debemos fortalecer su acción a través de mecanismos que garanticen transparencia, eficacia, universalidad y democracia.

La Comisión de Desarrollo Sostenible, acordada por la Conferencia de Río, es el instrumento que permitirá a sus miembros examinar los avances en la aplicación de la Agenda 21, a través de recomendaciones orientadas a la acción.

El proceso iniciado desde junio de este año implica nuevos esquemas de cooperación internacional, que deberán reflejarse de manera permanente en las formas de trabajo que adopte la Comisión de Desarrollo Sostenible. Se trata de sumar esfuerzos y voluntades, no de condenar o sancionar.

Debemos hablar con claridad y reconocer que en materia de recursos financieros, nuevos y adicionales, los resultados de Río han quedado por debajo de las expectativas.

La Comisión ofrece la oportunidad de subsanar estas carencias, asegurando un vínculo operativo entre éstas y todas las fuentes de recursos financieros para la cabal ejecución de la Agenda 21. Sin un compromiso firme de los países que más tienen, muy poco lograremos.

A nuestro juicio, los esfuerzos nacionales tienen que encontrar una clara correspondencia internacional.

Para los mexicanos, las prioridades son claras: en 1992 destinamos el 1 por ciento del Producto Interno Bruto a programas de mejoramiento ambiental.

La disponibilidad de recursos financieros, nacionales e internacionales, es condición insoslayable.

Por ello, es necesario el cumplimiento del compromiso adquirido por los países más avanzados, de transferir el 0.7 por ciento de su Producto Nacional Bruto, al desarrollo.

Reconocemos a los países que, respondiendo a lo acordado en Río, han anunciado sus compromisos financieros en esta Asamblea General y hacemos un llamado para que este ejemplo sea seguido por todas las naciones a quienes corresponde igual compromiso.

Vinculado directamente a la disponibilidad de recursos financieros, se encuentra la transferencia de tecnología, misma que debe hacerse en términos más favorables posibles e incluir, entre otras cuestiones, el acceso oportuno a la información científica, el fortalecimiento de la capacidad institucional y la capacitación de los recursos humanos.

Todos estos elementos son particularmente significativos en la construcción del desarrollo, sostenible. La tarea que deberá emprender la Comisión es la creación de mecanismos que permitan el seguimiento de estos esfuerzos y alienten la transferencia de tecnología, en el marco de la Agenda 21.

La desertificación es uno de los problemas que en la actualidad más resienten las naciones, independientemente de su nivel de desarrollo. Este fenómeno afecta cada vez a más sociedades.

Por eso, consideramos de una enorme importancia que se inicie el proceso de negociación que lleve a la comunidad internacional a firmar y ratificar una convención internacional para combatir la desertificación.

México también considera que esta Asamblea debe otorgar la importancia debida a los acuerdos relativos a los océanos, a los mares y a la protección de sus recursos vivos, así como a aquellos relacionados con el estado de las pequeñas islas.

Desarrollo y responsabilidad ambiental son principios inseparables; no queremos que una geografía de culpa nos avasalle; deseamos asumir nuestra responsabilidad histórica en el desarrollo de hoy y de mañana.

La soberanía de los Estados está sustentada en una solución justa y duradera a los problemas del desarrollo, creando un entorno económico favorable para el crecimiento de las naciones.

Recursos naturales, los tenemos; tecnología es lo que requerimos para lograr que nuestra labor sea lo suficientemente creativa, serena y visionaria, para legar a las generaciones futuras una normatividad eficaz a favor del ambiente.

México, en pleno ejercicio de su soberanía, mantiene como objetivo primordial la ordenación del medio ambiente con la participación de la sociedad entera.

Durante el proceso de preparación de la Conferencia de Río se fue despertando un inusitado interés de amplios sectores de la sociedad, que se transformó en activa y positiva participación, principalmente a través de organismos no gubernamentales.

Estos elementos deben ser plenamente estimulados en el proceso que se inicia, de tal manera que deben preverse amplios espacios de participación tanto para seguir el cumplimiento de los acuerdos de Río, como en la formulación de recomendaciones que coadyuven a alcanzar los objetivos de la Comisión.

En México estamos consientes de que un desarrollo fincado en el abuso de los recursos naturales no es progreso; hemos superado la concepción del desarrollo que tenía como premisa "vencer" a la naturaleza. El desarrollo para los mexicanos significa ahora convivir armónicamente con la naturaleza.

Para esto, el desarrollo debe ser sostenible, siempre atento al mantenimiento de la armonía entre las actividades productivas y la protección y mejoramiento del medio ambiente, como lo establece la Declaración de Río, de que la protección ecológica es parte esencial del proceso de desarrollo.

De igual forma, México ha mantenido que una de las mayores aportaciones que todos los Estados podemos hacer en la protección y mejoramiento del medio ambiente es la erradicación de la pobreza extrema; alcanzar el objetivo del desarrollo sostenible sólo es posible si enfrentamos y resolvemos este reto.

En nuestro país también estamos concientes de esta vinculación y hemos tomado los pasos institucionales necesario para incidir, de manera global, en los distintos aspectos que afectan el desarrollo.

Así, en mayo de este año, a iniciativa del Presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, el Congreso de la Unión constituyó la Secretaría de Desarrollo Social, cuyo objetivo central es el de elevar productivamente los niveles de bienestar general de la población mexicana, especialmente de los grupos más necesitados.

Tomando como punto de partida una concepción integral del desarrollo, se concentraron en la nueva Secretaría las responsabilidades sobre desarrollo regional y el combate a la pobreza, el desarrollo urbano, la vivienda y la protección del medio ambiente.

De esta manera, el gobierno de México dio forma institucional a la idea del desarrollo sustentable.

El gobierno mexicano también orienta sus políticas públicas hacia el logro de un desarrollo social equilibrado.

Detrás de estas acciones se encuentra la idea fundamental de Solidaridad, la cual demanda la participación social y activa, y una corresponsabilidad abierta y decidida entre la sociedad y el gobierno, en la lucha contra la pobreza y en el desarrollo sostenible.

Con base en estos postulados se han venido apoyando iniciativas sociales destinadas a romper el círculo de la pobreza, en sus dos dimensiones fundamentales: la carencia de servicios básicos y la falta de empleos productivos. Hasta ahora, los resultados de Solidaridad son altamente satisfactorios.

Como parte de estos esfuerzos hemos diseñado y estamos implementando un Programa de Ecología Productiva, con el que pretendemos aliviar las presiones sobre los recursos naturales que, por falta de opciones de desarrollo, muchas veces ejercen los núcleos de población de las zonas rurales.

Este programa está orientado a apoyar formas alternativas de producción y empleo que permitan a estos grupos sociales elevar sus niveles de bienestar, sin atentar contra los recursos naturales. Con Solidaridad es como México busca la armonía entre desarrollo económico y medio ambiente.

México, al estar comprometido con el presente y un futuro de pleno respeto al medio ambiente, lo hace apoyado en su pasado, en el que el hombre convivió en armonía con la naturaleza.

En efecto, los antiguos pobladores de lo que hoy es México, lograron desarrollar una cultura que les permitía satisfacer sus necesidades, con respeto a la naturaleza. Sus deidades, el agua, el sol, las montañas y el maíz, extendían su manto protector sobre seres humanos y recursos.

Posteriormente, la revolución industrial que pretendió satisfacer necesidades de una población creciente, alentó la apropiación irrestricta de lo que la naturaleza ofrecía y que se consideraba inagotable; propició el progreso y generó riqueza, pero puso en peligro el equilibrio del planeta.

Hoy reconocemos que la naturaleza tiene límites propios para su regeneración y equilibrio, y también que el aparente desarrollo de unos pocos no asegura una convivencia pacífica y estable entre los pueblos.

Hasta hace relativamente poco tiempo, se tuvo una visión del desarrollo en la que se privilegiaron los aspectos cuantitativos más que los cualitativos, lo que estimuló de manera anárquica la instalación de industrias y la explotación inmoderada de los recursos naturales.

Hoy tenemos normas adecuadas y la oportunidad de acceder a tecnologías modernas, posibilidad que será aún más amplia a partir del futuro Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.

Nos inspiramos en el pasado y acogemos todos los progresos de la ciencia y la tecnología para lograr un desarrollo sostenible, que asegure la satisfacción de las necesidades de todos, sin poner en peligro la vida plena de las generaciones futuras.

Como lo ha señalado el Presidente de México, ni defensa de la ecología con una economía estéril, ni industrias ajenas a la responsabilidad de la conservación del ambiente; ni ecología estéril ni economía destructiva; el vasto campo de acción entre dos extremos es en el que estamos ubicados.

Señor Presidente:

La cooperación internacional, con un espíritu de solidaridad mundial a favor del desarrollo y de la integridad ecológica de la tierra, es definitiva; normar el desarrollo económico con desarrollo ecológico es futuro de lo humano.

El espíritu humano nace de la entraña misma de la tierra y cuidarla es proteger nuestro origen mismo y asegurar nuestro destino.

Este es el ánimo con el que México acude a sumarse al esfuerzo de la Organización de las Naciones Unidas por el Desarrollo Sostenible.

Muchas Gracias.