DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
Conferencia Synergy 93, convocada por la
National Wildlife Federation.

Enero 26, 1993



Secretario de Desarrollo Social

Washington, D.C. 26 de enero de 1993.

"Desarrollo sostenible es tanto una agenda como un fin que no puede ser logrado por el gobierno, por la sociedad, o por la comunidad empresarial actuando cada uno de manera aislada. El desarrollo sostenible requiere de un compromiso común, de una responsabilidad compartida y de una acción coordinada".

Señor Jay Hair,
Señor L.D. DeSimone,
Señoras y señores:

Es para mí un gran honor el haber sido invitado a hablar ante este grupo tan distinguido de líderes ecologistas y empresariales.

Quisiera expresar mi reconocimiento a nuestro mutuo amigo, Jay Hair, y a la National Wildlife Federation porque, a través de los años, han promovido la protección del ambiente dentro de un marco de desarrollo social y económico.

Desarrollo sostenible es tanto una agenda como un fin que no puede ser logrado por el gobierno, por la sociedad, o por la comunidad empresarial actuando cada uno de manera aislada.

El desarrollo sostenible requiere de un compromiso común, de una responsabilidad compartida y de una acción coordinada.

Las primeras advertencias sobre los límites del crecimiento fueron de cierto modo opacados por la fuerza del "honor faber", la revolución industrial y el impresionante desarrollo tecnológico del siglo veinte.

Sin embargo, estos logros no evitaron que hubiera un número creciente de gente atrapada en la pobreza y forzada a vivir en condiciones que violan los principios básicos de la dignidad humana.

Muchos de ellos sobreviven en áreas que tradicionalmente han proveído al resto del mundo con las materias primas que necesitaba un desarrollo desequilibrado en el que el desperdicio y la escasez conviven.

Jay Hair expresaba: "la humanidad debe decidir si la prosperidad del pasado reciente combinada con las desigualdades y con un crecimiento espectacular de la población, serán el prólogo de una tragedia ecológica en el futuro".

Y la señora DeSimone claramente concibió y entendió los dos lados del problema, de tal forma que nos señaló y marcó el rumbo hacia la solución del problema esbozado por Hair con el concepto de "desarrollo sostenible".

Cuando estuvimos en Río de Janeiro, México, entre otras 156 naciones, tomó el concepto y asumió el compromiso de un desarrollo sostenible.

Nuestra generación no tiene el derecho de impedir ni descartar opciones a las futuras generaciones. De ahí que la protección del medio ambiente sea un imperativo ético y moral.

El desarrollo sostenible no puede ser alcanzado si no entendemos que el medio ambiente no es un "bien gratuito", y que el uso desmedido y el mal uso de los recursos contaminan y degradan la naturaleza hasta el límite en el que llega a perecer.

Ahora sabemos que el medio ambiente es un activo en el que tenemos que invertir para mantenerlo y desarrollarlo.

Por muchos años hemos vivido más "del capital" de nuestro planeta y menos "de sus intereses". Esto, ciertamente ha sido un mal negocio.

Para traducir la agenda del desarrollo sostenible en acciones concretas, los países tienen que cambiar no sólo sus compromisos, sino sus actitudes hacia la naturaleza. Desarrollo no significa - ya más - vencer a la naturaleza, sino convivir con ella.

La degradación del medio ambiente está vinculada a pobreza, y el desarrollo sostenible no puede ser alcanzado sin profundos cambios económicos. En nuestros países, proteger la ecología implica ante todo combatir la pobreza extrema.

¿Qué está haciendo México para alcanzar un desarrollo sostenible?

Déjenme remontarme al pasado reciente. Algunas de las compañías que ustedes representan tenían plantas industriales en México a principios de la década de los ochenta.

Probablemente algunos de ustedes leyeron los estudios y pronósticos que hacían analistas sobre la difícil situación de la economía mexicana.

Probablemente ninguno de estos estudios anticipaba que nuestra economía volvería a crecer; ni que la enorme deuda externa pudiera ser renegociada y reducida; ni que nuestro comercio pudiera ser liberalizado; ni que el gobierno pudiera llegar a tener un superávit presupuestal.

Ni que un número importante de empresas paraestatales pudieran ser privatizadas; ni que el gobierno mexicano pudiera ser capaz de crear las circunstancias de confianza y credibilidad para atraer nueva inversión extranjera directa.

Hoy ustedes leen casi cotidianamente artículos y ensayos en los que se relata el éxito de la política económica del gobierno del Presidente Salinas.

Hemos llevado a cabo una rápida transformación de nuestras estructuras económicas y hemos creado estabilidad macroeconómica y eficiencia microeconómica para mejorar la productividad y la competitividad.

Todo esto en un marco de libertades políticas y apoyo popular. Hemos sabido dar coherencia y continuidad a nuestra política económica.

Además, sabemos que, para ser efectiva, una reforma económica de esta magnitud tiene que estar acompañada por una política social decisiva.

En estos últimos cuatro años, la inflación anual ha declinado de tasas de alrededor del 160 por ciento a menos del 12 por ciento el año pasado, y nos hemos propuesto bajarla aún más, a un 7 por ciento en 1993.

El producto nacional está alcanzando un crecimiento superior al crecimiento demográfico por cuarto año consecutivo, después de años de no haber crecido.

El aumento reciente en la actividad económica ha sido alimentado básicamente por gasto privado y, especialmente, por inversión privada real, la cual ha aumentado en 12 por ciento anualmente desde 1989.

En 1988 sufríamos un déficit presupuestal equivalente a 12 por ciento del PNB; ésta situación se ha remontado y en 1993 contamos con un superávit de medio por ciento del producto (esta cifra excluye los ingresos provenientes de la privatización de las empresas públicas).

Estamos avanzando, y el factor fundamental de este avance ha radicado en que en todas las reformas hemos incorporado, al proceso de toma de decisiones, a los grupos sociales.

Les presentaré dos ejemplos: uno sobre la incorporación de los beneficiarios de la política social, y otro sobre la incorporación de los empresarios.

En primer lugar, hemos dicho y puesto en marcha un programa de desburocratización, eje de la nueva política social en México: "Solidaridad".

Las comunidades se movilizan estableciendo nuevas reglas claras para asignar recursos y promover la deliberación pública.

El Programa de Solidaridad ha tenido un gran impacto social puesto que ha mantenido un vínculo estrecho con los cambios estructurales de privatización, desregulación y enfoque del gasto público.

Solidaridad se ha fincado en principios democráticos básicos, enraizados en las tradiciones locales de trabajo comunitario, organización al nivel de los barrios y discusión y deliberación pública sobre las prioridades y proyectos.

La honestidad y transparencia de la administración de los recursos federales son garantías porque los programas son decididos, ejecutados y supervisados por la propia comunidad, quien asume su responsabilidad, provee la mano de obra, aporta recursos y algunos materiales. Nada es gratuito.

A través de Solidaridad se han construido 67,000 aulas; 70,000 escuelas han sido remodeladas; y se han otorgado 500 mil becas a estudiantes de primaria, todo ello en el período 1989 - 1992.

Durante estos mismos años, 7.5 millones de mexicanos se han beneficiado del mejoramiento en los servicios de salud; hemos llevado agua potable a 11 millones de mexicanos; drenaje para 8.5 millones y electricidad para 13 millones de mexicanos que no gozaban de estos servicios.

La inversión total de Solidaridad durante este período alcanzó un total de 7,780 millones de dólares. En 1993 invertiremos 3,200 millones de dólares más.

Para que ustedes tengan una idea más clara de este esfuerzo, quiero recordar que la inversión del Banco Mundial en programas similares en todo el mundo ha sido cerca de 1,800 millones de dólares.

Es importante subrayar, pues, el enorme esfuerzo de organización económica y social que esto ha implicado.

Solidaridad se ha ejecutado en concordancia con nuestros objetivos de reducción de la inflación, de un crecimiento económico que vaya por encima del crecimiento de la población y finanzas públicas sanas.

La reforma económica ha sido fundamental para el logro de estas metas. En 1988, por cada peso que se dedicaba al servicio de la deuda, 36 centavos se dedicaban a la producción, salud, vivienda y desarrollo urbano.

En comparación, hoy día por cada peso que se dedica al servicio de la deuda, 3 pesos se dedican a gasto social.

En 1993, el gasto social representará el 54 % del presupuesto y el 9.5 % del PNB. Ambas cifras son las más altas en la historia económica moderna de México.

Entre 1988 y 1993, el gasto en educación se habrá incrementado en 75% en términos reales; el gasto en servicios de salud en 78.5%; protección ambiental en 54%; y vivienda y desarrollo urbano en 27%.

Mi segundo ejemplo tiene que ver con el TLC. durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, establecimos un nuevo modelo de cooperación entre el sector privado mexicano y el gobierno.

Durante ese período se dio una muy buena comunicación y cooperación que permitió que el sector privado asesorara a los negociadores mexicanos sobre los efectos de la liberalización comercial en todas y cada una de las ramas de la actividad económica.

Las organizaciones del sector privado mexicano comprendieron el valor de organizarse, y así lo hicieron, conformando comités y consejos asesores.

Adicionalmente, los empresarios mexicanos y estadounidenses edificaron nuevos canales de comunicación durante el proceso de negociación.

Ahora nos toca continuar aprovechando las ventajas de esta nueva relación entre el gobierno y el sector privado, y ponerla a trabajar en nuestra importante tarea de proteger el medio ambiente y en la generación de un desarrollo sostenible.

El crecimiento económico es necesario para lograr el bienestar social y generar las condiciones y recursos necesarios para reforzar la protección del medio ambiente.

El comercio internacional es un motor del crecimiento económico y puede asegurar el uso más eficiente de los recursos.

La apertura de los mercados, el crecimiento económico y la protección del ambiente son objetivos complementarios y compatibles entre sí.

Y dentro de este marco, como lo dijera el Presidente Salinas en Austin hace algunos días, lo que queremos es comercio y no ayuda ("We want trade, not aid").

Hubiera sido difícil imaginar, para el analista de principios de la década de los ochenta, una economía vigorosa y sólida con estabilidad política en el México de 1993.

También hubiera sido difícil imaginar que se llegara a consolidar una verdadera relación provechosa entre empresarios, trabajadores y gobierno, y que juntos caminaran hacia el logro de un objetivo común: un México más próspero.

La preocupación creciente sobre un desarrollo sostenible ya no está más confiada tan sólo a los grupos sociales y a las agendas del sector público.

La "conciencia verde de las empresas" está tomando una forma más definida. "Synergy 93" es un ejemplo destacable de esta tendencia.

"Visión 2000" y "Eco Trend" de Ciba-Geigy; "Pollution Prevention Pays" de 3m; "Design for the Environment" de AT&T; los programas de respuesta entre emergencia de DuPont y su compromiso a reducir las emisiones y desechos peligrosos; la contribución de Henkel al desarrollo de detergentes y otras sustancias biodegradables.

El compromiso de Monsanto hacia el objetivo de "cero emisiones"; "Waste Reduction Always Pays" de Dow Chemical y su manejo de desperdicios con responsabilidad para remediar los daños causados a los ecosistemas, todo ello demuestra una radical y nueva forma de pensar en las prácticas industriales.

Una buena conducta ambiental ya no es una actividad optativa. Es un reclamo de nuestra sociedad y de las nuevas generaciones.

Las empresas líderes de México también han reconocido que los procesos de producción que cumplen con la protección del ambiente los lleva a un esquema de mayor competitividad.

Corporaciones como Alfa, Cemex, Cydsa, Grupo Chihuahua, Herdez, Nestlé México, entre otros, han lanzado ya sus programas de protección al ambiente siguiendo los principios y estrategias de la "Carta Empresarial de Desarrollo Sostenible".

Auditorías ecológicas, programas de prevención de riesgos y de uso eficiente de la energía están tomando forma en México.

Una mejor administración de costos, desarrollada por Holderbank, ha sido puesta en marcha en las plantas de cemento mexicanas.

Las empresas líderes en la producción de sustancias químicas han desarrollado un programa integral de responsabilidad y de apoyo del Centro del Medio Ambiente Mundial; se ha establecido un centro de información que está disponible para las industrias en Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México.

Empresas públicas como Petróleos Mexicanos también están desarrollando esfuerzos importantes en la protección del medio ambiente.

Como ustedes pueden advertir, con el objetivo de restaurar la capacidad de México para crecer, se han llevado a cabo reformas económicas y sociales.

Todas ellas se han ejecutado con la idea de que sean duraderas, por ello se contempla en cada medida un fortalecimiento de los instrumentos para la protección del medio ambiente, con el objetivo de hacer un uso más eficiente de los recursos naturales.

A aquéllos que dudan en nuestro compromiso con la protección del medio ambiente les bastaría con observar los ejemplos que he descrito.

Hemos definido nuestras prioridades y vamos en el camino correcto que nos llevará a una mayor protección del entorno natural.

En nuestro esfuerzo por proteger el ambiente estamos trabajando con la misma disciplina y creatividad que ha caracterizado nuestro trabajo al transformar nuestra economía.

Después de todo, sabemos muy bien que la vitalidad económica de la nación va de la mano de la protección del medio ambiente.

En México sabemos muy bien que la contaminación del aire y del agua, el deterioro de nuestros suelos y la depredación de nuestros bosques atenta contra la productividad presente y futura.

Ahora bien, una administración estrictamente reguladora y el empleo de las técnicas de vigilancia y control no han demostrado ser las únicas formas, ni siquiera las mejores, para proteger el ambiente.

Por lo tanto, en México estamos desarrollando nuevas técnicas e instrumentos económicos que van desde los cargos por emisiones hasta los permisos canjeables de emisiones.

El objetivo es internalizar en las decisiones de los agentes económicos los costos externos que son inherentes a los problemas ambientales.

Al mismo tiempo, necesitamos promover incentivos o premios para aquellas empresas que desarrollen técnicas innovadoras para la prevención de la contaminación y para reciclamiento de desechos.

Hemos iniciado una nueva era de comunicación entre la Secretaría de Desarrollo Social y la comunidad empresarial.

También hemos promovido la comunicación entre los grupos ecologistas y las empresas. Intentamos evitar que exista una relación de adversarios entre ellos.

Ambos deben entender las complejidades de los retos y oportunidades que presenta el cuidado del ambiente y la promoción de los negocios.

Queremos escuchar cuidadosamente las preocupaciones de los líderes empresariales y ecologistas de tal suerte que podamos promover una deliberación pública que nos permita enfrentar el reto del futuro y avanzar en el diseño de una nueva generación de tecnología ecológica.

Entendemos que éste debe ser un esfuerzo global y que es un reto para todos. También sabemos cómo aprovechar las oportunidades que nos presenta el mundo interdependiente de hoy de tal forma que podamos cooperar tanto en el comercio internacional como en la protección del ambiente.

Necesitamos que todos los interesados: empresarios, consumidores, autoridades y organizaciones no gubernamentales nos subamos en el tren de la responsabilidad ecológica.

Damas y Caballeros:

La conciencia ecológica en México se está traduciendo rápidamente en lo económico y lo social.

Cada día más, los mexicanos sabemos que nuestro bienestar no puede ser aumentado a expensas de un daño ecológico producto de la erosión de los suelos, la deforestación, la contaminación del aire y, en general, toda la forma irracional de explotación de los recursos naturales.

Hay una mayor conciencia en mi país de los efectos externos que el crecimiento tiene sobre la riqueza natural y que ello afectará a las generaciones del futuro.

Por lo tanto, la protección del ambiente y la erradicación de la extrema pobreza son una parte fundamental de nuestra estrategia y serán mantenidas como prioridades del gobierno mexicano en nuestra marcha por lograr un desarrollo sostenible.