DISCURSO DE LUIS DONALDO COLOSIO
V Congreso Nacional de Estudiantes de Economía,
organizado por el Instituto Tecnológico y de
Estudios Superiores de Monterrey

Septiembre 30, 1992



Secretario de Desarrollo Social

Monterrey, N.L., 30 .septiembre 1992.
Auditorio "Luis Elizondo" del Instituto Tecnológico y
de Estudios Superiores de Monterrey.

"El nexo entre economía y política social que nosotros promovemos, se funda en una visión del ciudadano, tal y como lo concibió el pensamiento político: un individuo activo en la vida social y no aislado, quien ejerce sus libertades y derechos; que tiene intereses y para darle satisfacción se une con otros; un ciudadano responsable de recia cultura cívica e interesado en la vida pública ".

Señores Rafael Rangel y Ramón de la Peña;
Señor Reyes Tamés Guerra, Secretario General
de la Universidad Autónoma de Nuevo León;
Señor David Noel Ramírez;
Señoras y señores Organizadores de este
V Congreso Nacional de estudiantes de Economía;
Amigas y amigos:

Quiero, en primer término, decir que me siento profundamente honrado de asistir por invitación suya, a este Quinto Congreso Nacional de Estudiantes de Economía.

La Economía, hoy, es un tema del más alto interés para la vida pública. Una estrategia económica pertinente y conducida responsablemente, es factor fundamental para agrupar y cohesionar el esfuerzo colectivo de las sociedad.

Podría aseverar, incluso, que la viabilidad política está íntimamente vinculada a la viabilidad económica; y aún más, las naciones sólo sobreviven si aciertan en su proyecto económico.

En el desahogo de la agenda de este Congreso, según me he enterado, ustedes habrán de ocuparse de aspectos que se ubican, precisamente, en el debate económico que se lleva a cabo en las diferentes regiones del mundo.

Es evidente el interés en la organización de este importante evento, porque habrán de participar no solamente ponentes nacionales, sino también extranjeros de gran calidad y conocimiento.

Sin duda, las conclusiones a las que aquí se llegue habrán de aportar nuevos elementos para el esclarecimiento de los temas que a todos nos preocupan.

Por eso es que quiero felicitarlos por la Iniciativa que han tenido para reunir a estudiantes de economía de las diferentes universidades y escuelas superiores del país.

Este quinto Congreso consolida una sana y valiosa tradición que ustedes se han empeñado en mantener vigente.

A mi juicio, todos saldremos ganando del debate abierto de las ideas, del intercambio de puntos de vista diferenciados de la argumentación y evolución de las distintas propuestas que aquí se hagan.

Hoy, especialmente en economía, las propuestas más eficientes provienen de la pluralidad.

Por eso es que eventos como el que aquí se celebra, prestigian el pensamiento moderno de la pluralidad. Por ello es que me congratulo y me siento honrado de estar aquí con ustedes.

Y estar hoy aquí en el Tecnológico de Monterrey, me lleva a un recorrido de la memoria hacia las reflexiones y preocupaciones de la etapa dedicada a la formación profesional.

Era el tiempo aquél en que México asomaba, después de un amplio periodo de crecimiento con estabilidad, al terreno incierto de los grandes cambios que se iniciaban durante la década de los setentas en el concierto mundial.

Era la época donde las fórmulas, los supuestos y verdades de una etapa, dejaban lugar a nuevas formulaciones.

El Keynesianismo exitoso durante casi 30 años, se mostraba limitado y sin elementos suficientes para explicar las nuevas realidades.

Por un lado, la etapa más beligerante de la guerra fría y su lamentable expresión de Vietnam. El estado de bienestar mostraba signos de debilidad.

El encuadramiento nacional de las economías era desbordado y se tomaban decisiones novedosas como el abandono del patrón oro.

Los avances de la electrónica anunciaban una nueva revolución industrial, cuya conducción disputaban Japón y Estados Unidos de Norteamérica. Desde el punto de vista político se debatía intensamente sobre opciones posibles y hasta antagónicas.

El socialismo mostraba ciertos logros atractivos para los países en desarrollo, que se veían cada vez más marginados por los cambios de la economía mundial.

El mundo entero estaba cuestionando sus viejas respuestas a sus tradicionales y nuevas preguntas; a sus tradicionales y nuevos retos. La nueva búsqueda hizo aparecer con fuerza a las utopías.

En México, durante 20 años, ensayamos respuestas diversas a esas grandes preguntas que nos hacíamos y se puede hablar, amigas y amigos estudiantes, de que hicimos tres grandes apuestas que luego, con base en nuestra realidad, tuvimos que modificar.

Primero, la de un Estado casi omnipresente, que más adelante habíamos de descubrir que era inviable social y financieramente.

Segundo, la de un rápido endeudamiento como fórmula para responder a las demandas sociales y mantener el crecimiento, lo cual y luego de restringirse los créditos y elevarse los intereses, paralizó nuestra economía.

Y tercero, la promesa de los recursos del petróleo, descalificada por el cambio tecnológico y la caída de los precios.

Fueron décadas largas y difíciles; en ellas el pensamiento económico daba pauta a las grandes alternativas; el debate político y social se lleva a cabo también sobre el campo de la economía.

El pragmatismo de los ochenta y la recuperación del liberalismo económico, pusieron el énfasis en el mercado y predicaron el Estado mínimo.

Galda, el clásico, seguía defendiendo el post keynesianismo; la teoría de las decisiones sociales, en cambio, ponía el énfasis en las decisiones individuales; la suma de experiencias y su contrastación daban pistas a la teorías de la políticas públicas, que se recomendaban en un nuevo arreglo entre gobiernos y sociedades en una economía cada vez más globalizada.

En México, las respuestas que habríamos de encontrar las buscamos a través del método que nos ha permitido encontrar, a través de nuestra historia, nuestras propias respuestas; visualizamos los retos actuales a la luz de los principios y de los fines que nos hemos dado, aquellos que como mexicanos nos han permitido sobrevivir como nación en los momentos más difíciles.

El primer gran desafío lo constituía la recuperación del crecimiento; recuperación del crecimiento económico por arriba de lo observado por el índice demográfico, pero con bases sanas y con permanencia.

Porque sin una economía en crecimiento, se perpetúan desigualdades; sin una economía en crecimiento se cancelan expectativas y ningún arreglo político o social es viable.

Ante nosotros están las evidencias, como lo mencionaba hace un momento el Presidente de la República; ahí está la ex Unión Soviética, los países del Este y los lamentables conflictos de algunos países de nuestra América Latina.

Sin una participación decidida y abierta en el mercado mundial, México tendería a profundizar la crisis de una estrategia económica y a convertir en permanente la propia crisis interna.

Ahora bien, en los años ochenta se marcó -podemos decir - la terminación de un tipo de Estado. Sin aplicarle sus responsabilidades estratégicas ni claudicar en su defensa de la nación, tenía que cambiar sus métodos de trabajo el Estado mexicano.

Pero, sobre todo, tenía que cambiar para sostener una nueva relación con la sociedad, de corresponsabilidad de participación y de aliento a la iniciativa privada, a la iniciativa local y a la individual.

En otras palabras, gobernar más para el desarrollo y menos para la regulación y el control; no un Estado mínimo como proponían los neoliberales, sino un Estado con la máxima capacidad de respuesta a las demandas sociales; sin burocracias paternalistas y consumidoras de los recursos necesarios para la obra social.

Un nuevo arreglo político consecuente con la pluralidad del país, con la transformación de la sociedad y la aspiración de los diversos grupos para expresarse políticamente; un acuerdo social para elevar productivamente el bienestar de los mexicanos, superando concepciones asistencialistas y clientelares.

Una política acorde con la promoción de los intereses de México en el ámbito internacional; una política internacional, por tanto, activa, responsable, apegada a nuestros principios y dispuesta a participar en el cambio mundial.

Estos fueron desafíos a los que puntualmente respondió desde sus inicios la propuesta reformadora de Carlos Salinas de Gortari, y durante ese tiempo, a casi cuatro años de su gobierno, se han sentado las bases sólidas para el perfil del nuevo país que queremos y exigen las generaciones actuales de las que ustedes forman parte activa. El perfil de un nuevo país que no puede volver ya a las prácticas del pasado.

Los cambios que se han emprendido cuentan, definitivamente, con el consenso social y la demanda actual es por la profundización y no el retorno a esquemas del pasado.

Permítanme exponer más ampliamente las posibilidades que hoy nos ofrecen los avances en materia de política económica y social, cuyos logros permiten ahora fincar nuevas expectativas y un horizonte de esperanza para todos los mexicanos.

Sobre estas expectativas de progreso y bienestar se funda, de hecho, un nuevo pacto social; el comportamiento económico ha permitido en nuestro país, durante estos años, combatir eficientemente la inflación, fenómeno - como lo describía el Presidente Salinas de Gortari en su mensaje a ustedes - que se había convertido ya en parte de nuestra cultura económica.

Muchos de nuestros jóvenes de hoy no conocían la estabilidad de precios y crecieron en el apremio de expectativas inciertas en los indicadores económicos y un ejemplo, en el mes de agosto pasado, fue la tasa de variación mensual Indice Nacional de Precios al Consumidor, que se situó en aproximadamente 0.6 por ciento, con lo cual la inflación acumulada durante los ocho primeros meses del año alcanzó un nivel de 7.7 por ciento, el más bajo que se registra para ese mismo período, desde hace 20 años.

La perseverante lucha contra la inflación es, definitivamente, a favor de una nueva etapa en el desarrollo del país, ya que su superación permite dejar atrás círculos viciosos que durante años nos acompañaron y que se expresaron en inestabilidad cambiaria, endeudamiento acelerado, baja de inversión; especulación y así una espiral inflacionaria interminable.

Con los logros que hemos alcanzado nos movemos ahora con mayor certidumbre económica, permitiendo inversiones de riesgo y de largo plazo.

Tenemos ahora superávit en las finanzas públicas y hemos alcanzado una disciplina en el gasto que nos permite incrementar los recursos para el desarrollo social responsablemente, y con esto quiero decir, sin recurrir a empréstitos o mayor gasto inflacionario.

Todo esto en un marco en donde hemos crecido durante los últimos cuatro años por arriba del índice de incremento demográfico.

Por eso, ante los desequilibrios actuales de la economía mundial, estamos en condiciones radicalmente diferentes a las de hace apenas cuatro años.

Ante economías debilitadas en el ámbito internacional, nuestra posición es continuar en el ánimo de la reforma económica que hemos escogido los mexicanos: competitividad, baja de la inflación, salud fiscal, solvencia financiera y una amplia política social para construir un nuevo piso de bienestar que sustente el crecimiento económico.

El escenario internacional muestra nuevos elementos, pero la congruencia y potencialidad de nuestra economía hacen que, en condiciones mundiales diferentes, no tengamos la necesidad de alterar nuestro programa económico, sino que sigamos por la misma vía y hacia nuevos logros.

La fórmula que en buena medida expresa lo hasta ahora conquistado, es el contar con una economía eficiente y socialmente comprometida; eficiente, porque dispone de bases para un crecimiento estable, sano y sostenido, y socialmente comprometida porque genera los recursos que otorgan al estado y a la sociedad mayor capacidad de respuesta a las urgencias sociales.

En estos últimos tres años se ha incrementado el gasto social en términos reales, en aproximadamente un 60 por ciento.

Esta es la expresión de una economía que se ha reformado no para encerrase en sí misma, sino para ser la base de un nuevo desarrollo con bienestar social.

Esta es la economía del liberalismo social; es la economía para la sociedad; es la economía para el servicio del hombre, del mexicano, de su familia y de su entorno en el que cotidianamente vive.

Sobre esta plataforma de la economía sana y el crecimiento, hemos podido en México ampliar sistemáticamente las acciones en materia de política social y hemos podido ser congruentes para ofrecer expectativas de bienestar en las diferentes regiones del país en dos ámbitos.

Primero en lo referente a la elevación del bienestar social, haciendo posible que la sociedad en su conjunto vea satisfecho el cumplimiento de los derechos que consagra la Constitución: educación, salud, nutrición, vivienda y servicios.

El otro ámbito de la política social es el que se refiere al empleo productivo, porque la forma más efectiva para elevar el bienestar es mediante el empleo y el ingreso que éste genera. Y en este renglón, vinculamos de manera novedosa política social y mercado.

Así, la política social no es una empresa de asistencia a los expulsados del mercado, sino una forma deliberada de hacer que la economía contribuya al cumplimiento de criterios sociales.

Esta política social es la que hace que el conjunto de las acciones del gobierno y de la sociedad, contribuyan a la elevación del bienestar productivo, para cohesionar y unir todavía más a los mexicanos.

El nexo entre economía y política social que nosotros promovemos, se funda en una visión del ciudadano, tal y como lo concibió el pensamiento político: un individuo activo en la vida social y no aislado, quien ejerce sus libertades y derechos; que tiene intereses y para darle satisfacción se une con otros; un ciudadano responsable de recia cultura cívica e interesado en la vida pública.

Por eso, nuestra idea de economía no es sólo su expresión material de indicadores, aun cuando éstos, por supuesto, sean elementos indispensables de su elevación.

Nuestra idea de la economía es la de un instrumento cuya calificación final habrá de ser la de su capacidad para promover una mejor vida social.

De hecho, podría afirmar ante ustedes, que el éxito económico tendrá que ser medido y es medido en nuestro país, por la elevación del bienestar social.

La política social, por su parte, tiene el propósito de hacer que el ciudadano alcance plenamente su condición de hombre libre que se beneficia de la vida en comunidad y que aporta a ésta.

Entonces, ciudadano y comunidad; responsabilidad individual y esfuerzo colectivo; vida privada y participación pública; generación de riqueza y elevación del bienestar social, son los aspectos que vincula el liberalismo social.

Amigas y amigos;
Jóvenes Estudiantes:

Ustedes, al haber elegido la disciplina económica como ámbito de su desempeño profesional, están llamados al cumplimiento de una alta responsabilidad ante la sociedad mexicana de la cual forman parte.

Ustedes, en su proceso de formación, han aprendido que terminó el tiempo de los dogmas y de las verdades definitivas.

La economía es, hoy, búsqueda incesante de consensos; la economía es, entre otras cosas, evaluación permanente de las experiencias; economía es también, la lucha incansable por aproximarse a las explicaciones más satisfactorias de la realidad y las acciones que mejor concuerdan con esto.

La sociedad tiene grandes expectativas puestas en ustedes y en sus universidades. Hoy, en prácticamente todos los asuntos de interés público, existe la necesidad de contar con la visión económica. Así es que tienen ustedes un amplio campo de acción y una alta responsabilidad.

Estimo en todo lo que vale el honor que me han dado para compartir estas reflexiones con todos ustedes, ya que hace posible expresarles nuestra visión sobre algunos de los problemas más importantes del país y así, mantener juntos, vivas, la deliberación y el debate nacionales.

Muchas gracias.