TELEGRAMA DE FRANCISCO I. MADERO AL PRESIDENTE
DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS
Finales de Octubre o Principios de Noviembre, 1911

Señor Presidente de la Cámara de Diputados.
México, D. F.

Por el digno conducto de usted deseo dirigirme a los señores diputados, para manifestarles lo siguiente: Graves asuntos deberán ocupar su atención, pero los más trascendentales serán los relativos a las próximas elecciones presidenciales. Por este motivo, me permito recomendar a los señores diputados que si bien es cierto que la guerra civil terminó sin que se celebrase tratado alguno, tan lo es que tácitamente fuí aceptado por ambos partidos como Presidente de la República y que se citaría a elecciones presidenciales en el plazo más breve que fuera posible. Este plazo fué ya designado por el Congreso y aceptado por el partido revolucionario; así es que puede considerarse como un convenio tácito.

El señor licenciado Francisco León de la Barra ha cumplido con los compromisos contraídos con la Revolución con toda lealtad y honradez, habiéndose hecho acreedor, por este motivo, a la estimación de todos sus conciudadanos. Estoy seguro que ese Congreso obrará de igual manera a fin de justificar la confianza que en él depositamos los jefes del partido revolucionario. De esta manera, y marchando todos en perfecta armonía, sin más interés común que el bien de la Patria, lograremos que ella pase sin más trastornos el actual período de transición, y los señores diputados se harán igualmente acreedores a la estimación de sus conciudadanos.

Nada que sea contra el decoro y dignidad, únicamente deseo que las elecciones se verifiquen en el plazo ya fijado y que el cómputo de votos se haga con entera legalidad y honradez; sentimientos en los cuales estoy seguro abundan los señores diputados.

En cuanto a diferir las elecciones, sería prolongar el período de incertidumbre y desconfianza que existe siempre antes de que se verifique este acto, y especialmente por las condiciones en que atraviesa actualmente el país, sería acarrearse graves complicaciones y dificultades; pues es difícil prever el efecto que tal resolución causaría en las masas populares, que creerían que se les había traicionado y se quería arrancarles el legítimo fruto que esperaban de la Revolución, que es el de ejercer libremente y sin trabas el supremo derecho de designar a sus mandatarios.

Ningún partido político de tendencias honradas se beneficiaría con este retardo, pues la opinión pública no hará sino exaltarse más y nada hace prever que cambiase de orientación para apoyar las pretensiones del señor general Bernardo Reyes. Me informan también que un grupo de disidentes del gran partido revolucionario, descontento con el fallo de la Convención, porque no satisface sus aspiraciones personales, desea pedir al Congreso que sea retardada la época de las elecciones. Ni este pequeño grupo de disidentes, ni los amigos del señor general Reyes, representan una minoría respetable de la opinión; por cuyo motivo el Congreso no debe tomar en cuenta su solicitud, basada no en los sagrados intereses de la Patria, sino en sus mezquinas ambiciones.

Para terminar, manifestaré a los señores diputados que aunque legalmente tengo solo el carácter de simple ciudadano, la inmensa mayoría, por no decir la casi unanimidad, me designa como candidato a la Presidencia de la República, y el hecho de haber sido el jefe de la Revolución me impone el deber de dirigirme honradamente al Congreso, para hacerle conocer lo anterior, que es de gran trascendencia para la República; pues si dejando de tomar en consideración los altos intereses de la Patria, llegasen los señores diputados a resolver que se aplacen las elecciones, aunque yo haré lo posible por calmar los ánimos y hacerles comprender que no debemos temer nada, puesto que ya el pueblo ha demostrado su omnipotencia y sabrá hacer respetar en cualquier momento su voluntad, no puedo, sin embargo, responder de lo que pueda suceder, pues como ya manifesté anteriormente, el pueblo creería que se le había traicionado, que se le querían arrancar los frutos de la revolución, y es imposible prever cuáles serían los efectos de su cólera.

Anticipo a usted las gracias, porque espero se servirá hacer conocer a los señores diputados mi anterior telegrama, y respetuosamente me suscribo su amigo afectísimo y atento S. S.

FRANCISCO I. MADERO.

 

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Referencias a este documento, en:

    Gildardo Magaña. Emiliano Zapata y el Agrarismo en México. Tomos I a V. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. México, 1a ed. 1937. Edición facsimilar 1985. Tomo II. p. 64-66.

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