CARTA DE GABRIEL ROBLES DOMÍNGUEZ
A FRANCISCO I. MADERO
Noviembre 20, 1911

Noviembre 20 de 1911.

Señor Presidente de la República.-
Presente.

Muy respetable señor y querido amigo:

Anoche llegué de Cuautla y le ruego me excuse no vaya a verlo desde luego porque regresé enfermo; pero cumplo con el deber de darle cuenta del resultado de mis últimas gestiones que, sin duda alguna, HUBIERAN LLEGADO A UN RESULTADO SATISFACTORIO SI USTED HUBIERA DADO LA ORDEN DE SUSPENDER TODO ATAQUE EN CONTRA DEL GENERAL ZAPATA Y SUS FUERZAS COMO TANTO SE LO SUPLIQUE, PRIMERO POR TELEGRAFO Y DESPUES EN LA ENTREVISTA DEL DOMINGO 12 DEL CORRIENTE CUANDO VINE ESPECIALMENTE CON ESE OBJETO.

Al salir de esa entrevista me dirigí personalmente al Ministerio de Guerra, hablé con el señor Ministro, le mostré la carta que usted me dirigió sobre el asunto de Zapata y le comuniqué su recado de suspender todo ataque mientras este asunto se resolviera.

Inmediatamente salí para Cuautla en donde manifesté por la noche, al general Casso López y a sus oficiales que me esperaban en la estación, que había hablado con usted y mi propósito de continuar hasta la Villa de Ayala para comunicarme con el general Zapata; pero se me hizo observar que no era necesario tanta premura y que al día siguiente podría hacerlo. Me pareció bien, recordando que Zapata no dormía en la Villa.

El lunes 13 cuando me disponía para ir a ese lugar, llegó el general Casso López y primero trató de disuadirme de que fuera a Villa de Ayala y como yo insistiera en mi propósito con tanta más razón que ya había recibido telefonema del profesor Otilio Montaño desde Villa de Ayala diciéndome que necesitaba hablar conmigo por orden del general Zapata, a reiteradas súplicas mías me manifestó que no podía consentir mi salida al campamento zapatista haciendo hincapié en el riesgo personal a que me exponía dado que, obedeciendo órdenes superiores, había tomado posiciones para un ataque, creyéndose él obligado a tomar esas precauciones por la recomendación especial que usted le había hecho en mi favor.

Con mucha dificultad obtuve su asentimiento para hablar por teléfono a Ayala; pero tuve la pena de no hacerlo con libertad, porque junto al aparato estaba el general Casso López. En tal virtud, cuando Zapata me dijo que lo estaban rodeando y que iba a tomar sus precauciones, sólo pude contestarle que sí (que las tomara), y como me siguiera hablando y Casso López me preguntara que qué decía Zapata, juzgué prudente terminar diciéndole solamente a Zapata que usted tenía buena voluntad para arreglarlo todo y que para que se convenciera, le iba a mandar una carta original de usted.

Me retiré del teléfono con el disgusto que usted debe comprender, dado el desinterés y buena fe que siempre me ha guiado en este asunto, y todavía insistí sobre la inconveniencia del ataque manifestando mi optimismo en pro de un arreglo que conciliara los deseos de los zapatistas con los intereses generales del país y como no fuera atendido alegándoseme órdenes superiores, supliqué que se me dejara hacer un último esfuerzo mandando al general Zapata la carta de usted, con sus últimas condiciones, adjuntando una mía en la que trataba de persuadirlo amistosamente para que las aceptara, esperando su contestación hasta las dos de la tarde, plazo que se prolongó por una hora y siete minutos más en virtud de mis reiteradas instancias. Ya debe usted tener noticia de lo que ocurrió después.

Mientras más estudio las últimas bases que obtuve de Zapata -y me permito suplicar a usted se sirva meditarlas nueva y detenidamente- mayor es mi empeño en que usted las acepte, PORQUE, EN RESUMEN, ¿QUE PIDE ZAPATA AHORA? LA SEPARACION DE FIGUEROA Y DE MORALES; EL INDULTO GENERAL; UNA LEY AGRARIA QUE MEJORE LAS CONDICIONES DEL CAMPESINO; EL RETIRO DE LAS FUERZAS FEDERALES EN CUARENTA Y CINCO DIAS O MÁS; quinientos rurales dependientes del Ministerio de Gobernación con su hermano de usted Raúl o Eufemio Zapata al frente de ellos a elección de usted para guarnecer el Estado de Morelos.

NO PRETENDE MEZCLARSE EN LOS ASUNTOS DEL GOBIERNO LOCAL y sí ofrece coadyuvar -si así se desea- con su influencia personal en pro de las autoridades constituidas. PIDE SE DEDIQUE AL PAGO DE ALGUNOS PRESTAMOS REVOLUCIONARIOS LA PEQUEÑA SUMA DE DIEZ MIL PESOS; que el Gobernador del Estado se nombre, de acuerdo con usted, por los principales jefes revolucionarios y que cincuenta rurales del Estado guarnezcan la Villa de Ayala.

Francamente, señor Presidente, yo no encuentro inconveniente para aceptar tales bases, en principio, y si usted dá instrucciones del modo más absoluto para suspender los ataques a las fuerzas zapatistas y hacerlas así recobrar la confianza -que es natural que hayan perdido- estoy seguro que, pudiendo disponer del tiempo necesario, la pacificación del Estado de Morelos será un hecho en breve tiempo.

De lo contrario, quién sabe lo que suceda, porque como dije al señor Ministro García Granados en ocasión en que me afirmaba que con cinco mil hombres al mando de Huerta acabaría con los zapatistas, éstos son tan numerosos como son los habitantes del Estado de Morelos y los de los distritos colindantes de Guerrero, y hoy le agregaré, muchos del Estado de Puebla y todo el Sur del Distrito Federal.

La circunstancia, que usted mejor que nadie conoce, de ser yo el iniciador de la aproximación pacífica con los zapatistas y la no menos atendible de que sacrifico mi tiempo y me expongo a los peligros consiguientes a una empresa de esta naturaleza, sin beneficio ninguno personal por mi parte, me excusarán ante los ojos de usted para que, una vez más, insista en suplicarle que este problema de vital importancia regional se resuelva bajo las bases propuestas que dejan incólume la dignidad de Zapata y de los que lo rodean sin menoscabo del prestigio del Gobierno que usted dignamente preside.

Tan luego como me mejore, me permitiré pasar a ver a usted y aprovecharé la ocasión para ampliarle las consideraciones que apoyan mis deseos.

Soy de usted respetuoso seguro servidor y amigo que lo quiere.

G. ROBLES DOMINGUEZ.

 

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Referencias a este documento, en:

    Gildardo Magaña. Emiliano Zapata y el Agrarismo en México. Tomos I a V. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. México, 1a ed. 1937. Edición facsimilar 1985. Tomo II. p. 103-106.

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