DECLARACIONES DE FRANCISCO I. MADERO SOBRE
LA SITUACIÓN EN MORELOS
Octubre 26, 1911

Parras, Coah., 26 de octubre de 1911.

Con motivo de los lamentables sucesos de Zapata y otros que andan en armas, deseo manifestar que yo hice lo posible porque depusiera las armas Zapata en Cuautla. Como ya había estado en Morelos y conocía la situación, antes de hablar con Zapata, conferencié con el señor Presidente, a quien hice ver cuáles eran los medios de pacificar el Estado de Morelos.

ACORDO LAS MEDIDAS QUE YO ACONSEJABA, EN CONSEJO DE MINISTROS, Y CON ESE ACUERDO ME FUI A CUAUTLA y logré que Zapata depusiera las armas; pero, como una de las condiciones estipuladas y principales era que las fuerzas federales no avanzarían y éstas seguían avanzando, se me dificultó que fuese mayor el número de armas que entregaran las fuerzas de Zapata, porque éste tenía desconfianza de que no se les cumpliera lo que le ofrecí, en virtud de que, a pesar de mis ofrecimientos de que las fuerzas federales no avanzarían, éstas seguían acercándose a Cuautla.

De acuerdo con el señor Presidente, había convenido en que sería Gobernador del Estado, Eduardo Hay, el cual fué bien aceptado por todos los revolucionarios; pero EL GOBIERNO NO QUISO QUE SE CUMPLIERA CON ESE OFRECIMIENTO. ESTO Y EL AVANCE CONSTANTE DEL GENERAL HUERTA, DETERMINARON QUE ZAPATA SE LEVANTARA.

Después no he vuelto a tener comunicación con él, pues mi deseo de mandar un emisario para que le ofreciera salvoconducto para salir al extranjero, tampoco hubo de realizarse porque el Gobierno se opuso a ello.

Si las fuerzas federales no han podido obrar contra Zapata es, en primer lugar, porque es muy difícil que las tropas de línea persigan a partidas como las de Zapata y en segundo, porque el jefe que estuvo la mayor parte del tiempo al frente de las fuerzas federales lo era el general Huerta, quien observó una conducta verdaderamente inexplicable por cuyo motivo, desde un principio, propuse yo que fueran dichas fuerzas dirigidas por otro jefe; pero tampoco se tuvo en cuenta mi indicación.

Después el señor Presidente hubo de convencerse y separó al general Huerta del mando de la columna expedicionaria.

Si ahora se han complicado las cosas es debido a otras partidas que se han levantado y que tengo fundamento para creer que lo hacen de acuerdo con el doctor Vázquez Gómez, pues él manifestó a una persona prominente, cuyo nombre diré si acaso llega a hacerse preciso, que en caso de resultar electo Pino Suárez, tenía mil quinientos hombres para que se pronunciaran en el Ajusco. Lo más probable es que de estos mil quinientos hombres se levantaran dos o trescientos que son los que andan merodeando por esos rumbos.

Me permito llamar la atención respecto al hecho de que, la mayoría de los encuentros que se han efectuado con las fuerzas de Zapata, han sido por fuerzas rurales ex-revolucionarias, cuya movilidad les permite obrar con más energía.

Esto lo digo porque si yo hubiese deseado entorpecer los movimientos contra Zapata., lo hubiera hecho por conducto de los jefes ex revolucionarios y hubiesen atendido cualquiera indicación mía y no por conducto del general Huerta.

Desde que consideré inevitable el levantamiento de Zapata manifesté al señor Presidente de la República y al señor García Granados, Ministro de Gobernación, que en mi concepto no se podía reducir a Zapata en menos de tres meses, porque conozco las condiciones especiales en que él opera, que le permiten eludir los encuentros. Ellos opinaron que en ocho días podrían darle un golpe decisivo y por eso no les preocupó que Zapata se sometiera o se levantara en armas.

POR ULTIMO, DEBO MANIFESTAR QUE HE SABIDO QUE ZAPATA ASEGURA QUE, TAN PRONTO COMO YO ME RECIBA DEL PODER, DEPONDRA LAS ARMAS, PUES SABE QUE YO LLEVARE A CABO LOS ANTERIORES PROPOSITOS DEL GOBIERNO, LOS QUE YO CREI UNICOS MEDIOS DE PACIFICAR EL ESTADO DE MORELOS, LOS CUALES YA CONOCE ZAPATA PORQUE SE LOS COMUNIQUE EN CUAUTLA.

Para terminar, sólo agregaré que nunca ofrecí a Zapata y a los suyos la impunidad por los delitos cometidos, sino únicamente el indulto por el delito de rebelión. Al subir al poder indultaré a los culpables únicamente del delito de rebelión siempre que depongan las armas; a los que no se acojan a la amnistía, los perseguiré tenazmente poniendo en juego los valiosos elementos con que cuenta el Gobierno.

FRANCISCO I. MADERO.

 

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Referencias a este documento, en:

    Gildardo Magaña. Emiliano Zapata y el Agrarismo en México. Tomos I a V. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. México, 1a ed. 1937. Edición facsimilar 1985. Tomo II. p. 49-51.

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