TELEGRAMA DE VAZQUEZ GOMEZ
A FRANCISCO I. MADERO
Inicios de Marzo, 1912

Desde San Antonio, Texas

He recibido su telegrama. Usted es la causa directa de la revolución contra usted. Todo el mundo lo comprende. Sus espías que me rodean aquí a todas horas del día y de la noche, saben que la actual revolución no es mía, es de la Nación. Yo no soy testigo, por el contrario asumo toda la responsabilidad que me pertenece, el patriotismo nos obliga imperiosamente a que los dos dejemos los supremos anhelos de estos instantes, devolviendo la paz y la tranquilidad al país.

Como la actual revolución es nacional y no mía, personalmente, si abandono mi actitud, la revolución continuará inexorablemente. Mi retiro causará la desunión revolucionaria, sembrando diversas opiniones y como consecuencia la fatal anarquía armada. Si entrega el poder a la revolución a fin de que pueda gobernar el país, inmediatamente volverá la paz, la tranquilidad y la justicia, la libertad y el progreso.

Si retarda usted la entrega del poder, significará que está usted resuelto a derramar la sangre de sus hermanos y seguirá impidiendo el regreso de la paz y la tranquilidad del país.

No se trata ahora de hacerse reproches mutuos, sino actos de verdadero desinteresado patriotismo. La historia juzgará cuál de los dos fue fiel a la revolución, si usted o yo.

Medite usted este asunto serenamente, y para salvar al país de una peor desgracia, le pido que entregue la suprema autoridad a la Revolución representada por el Plan de Tacubaya, que es la continuación de la que acaba de pasar, en lugar de seguir gobernando contra la opinión pública como lo hizo el general Díaz. De este modo se obtendrá inmediatamente la paz y la tranquilidad, cesando todos los males y el derramamiento de sangre.

Pido a usted conteste sobre este punto que es en lo que está interesada la Nación.

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Referencias a este documento, en:

    Gildardo Magaña. Emiliano Zapata y el Agrarismo en México. Tomos I a V. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. México, 1a ed. 1937. Edición facsimilar 1985. Tomo II. p. 180-181.

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