MANIFIESTO
Agosto, 1913


A los Habitantes del Estado de México y del Distrito Federal.

En nuestro afán decidido de libertar al Pueblo, arrancándolo de la miserable condición en que vive y restituyéndole sus perdidos derechos, y completamente resueltos a no cejar ni un instante en la lucha, hasta alcanzar la victoria, no hemos escatimado un solo sacrificio para lograr nuestro fin, evitando atropellos y derramamientos inútiles de sangre, hasta donde ha sido posible, dada la malignidad y encarnizamiento con que proceden los enemigos de la Patria y los medios vergonzosos y abominables con que nos persiguen y combaten, pretendiendo aniquilarnos con el asesinato y el incendio e intentando desprestigiarnos con la calumnia y el insulto.

No conseguirán, sin embargo, hacernos desistir de nuestros propósitos, porque no se trata de una labor que nos favorezca e interese solamente a nosotros ni siquiera a un grupo, ni hemos pensado jamás en favorecer determinados intereses, sino que, por el contrario, esta bien demostrado con los hechos, que luchamos por el bienestar nacional y que únicamente nos preocupa, al sacrificarnos en la contienda, los intereses de la mayoría y los derechos de nuestros compatriotas, arrebatados por los enemigos de la justicia y explotadores de nuestros hermanos que constituyeron la raza india y los honrados y dignos mexicanos.

Es indiscutible que nuestro triunfo se acerca, que nuestros ideales están próximos a realizarse y que nuestros derechos al fin se salvarán, teniendo que ser respetados por las clases privilegiadas, refractarias a toda idea redentora, de las que han sido burla sangrienta en las orgías del Poder que ignominiosamente han usurpado.

La República entera, expoleada por la necesidad y empujada por los tiranos, ha resuelto secundar nuestra obra, comprendiendo la justicia de nuestras demandas y la nobleza de nuestra causa, cuyos principios se hallan consignados en el PLAN DE AYALA, que sirve de bandera a la Revolución.

Sabemos muy bien y tenemos en cuenta que, mientras más se prolongue la lucha, más sangre hermana se derramará en los campos de batalla, más sufrirán los habitantes pacíficos y más se sacrificará el Comercio, hechos que por su naturaleza deben hacer fijar concienzudamente la atención a quienes siendo revolucionarios amen sinceramente la causa, para ser corregidos cuanto antes, pues si los ya consumados no han logrado evitarse es debido a que son consecuencias ineludibles de todo movimiento revolucionario en sus principios y que se corrigen únicamente a fuerza de un constante trabajo intelectual y de una energía bien comprendida y mejor utilizada.

Es natural que no lográsemos garantizar completamente los intereses de los particulares y comerciantes que continúen proporcionando elementos para combatirnos o que se mantengan neutrales en esta lucha tan justa como terrible, en que se juega el porvenir nacional y cuya principal tendencia, lo repetimos, es el bien de las mayorías aún a costa del sacrificio de las castas privilegiadas; pero ofrecemos hacer cuantos esfuerzos nos sean dables para alejar todo peligro de vidas e intereses de los que por engaño, obstinación o apatía, hayan contribuido a prolongar la existencia del gobierno ilegal y atentatorio presidido por Huerta, que tanto amenaza nuestro progreso y nos deshonra ante el mundo civilizado.

La prensa asalariada de la capital ha querido arrojar sobre nosotros su venenosa ponzoña, haciéndonos culpables de todos los atentados que cometen los réprobos, agregando a tan burda impostura, un verdadero cúmulo de inexactitudes monstruosas, que nos hacen aparecer como enemigos del orden y de la Humanidad.

Pero, a medida que la Revolución del Sur y Centro va extendiendo sus dominios en todo el país, los ciudadanos honrados que vivieron por mucho tiempo engañados, creyendo que sólo éramos una enorme cuadrilla de bandoleros, se han convencido de lo contrario; dándonos el lugar que nos corresponde como defensores y libertadores del pueblo mexicano; es más, muchos de ellos se han lanzado a la lucha para cumplir un deber combatiendo, por medio de la idea o con las armas en la mano, a los impostores que nos gobiernan y a los verdugos del indio y el proletario.

Siendo pues, nuestro ideal más hermoso, la justicia y nuestro más ardiente deseo el respeto a los derechos legales, y siendo noble y levantada la causa que defendemos, puesto que reasume las más legítimas aspiraciones populares, exitamos a todos los compatriotas, que hasta hoy hayan permanecido contrarios o indiferentes a esta gran lucha, así como a los comerciantes de aquellos pueblos, o ciudades que permanezcan bajo el dominio del gobierno ilegal, a que tomen las armas o por los medios que estén a su alcance, contribuyan a fomentar la Revolución, sostenida y propagada con tantos y tan grandes sacrificios, y cooperen a realizar la felicidad nacional, con la caída de la oprobiosa dictadura militar, que tratan de imponer los eternos enemigos del Pueblo, acaudillados por Huerta y que es una bofetada en el rostro para los mexicanos que se precien de honrados y dignos.

De antemano sabemos que muchos individuos encontrarán pretextos para eximirse momentáneamente de la ayuda que todo buen ciudadano debe prestar a los defensores de la soberanía popular; pero esos pueden estar perfectamente seguros de que, llegado el momento sabremos hacer la más estricta justicia, obligando a prestar servicios y a proporcionar elementos a todos aquellos que por refinado egoismo no faciliten el contingente debido para el más inmediato triunfo de la Revolución, teniendo en cuenta que nuestra exclusiva tendencia es la salvación del país, mediante la resolución de los más tracedentales problemas económicos y sociales.

En este caso no podremos hacernos responsables de los perjuicios y atropellos que sufran quienes no se interesen en definir su actitud, esperando engañar a la Revolución o al gobierno huertista, para salvar mezquinos intereses o comodidades aviesamente concedidas por la Canalla del Poder, con lo que únicamente prolongarían esta lucha, entablada, por nuestra parte, para beneficiar a las clases desheredadas.

Conciudadanos: es preciso hacer todo género de esfuerzos y sacrificios, cada cual en su esfera, para ayudar a la Revolución, que indudablemente os dará muy en breve la recompensa debida, y con esto habreis logrado dos fines principales: cumplir con vuestro deber como buenos mexicanos y garantizar por si mismos vuestra vida y vuestros intereses legítimos, que de los bastardos, nada, ni nadie, podrá impedir que tornen al dominio de los que sean sus dueños verdaderos.

Comerciantes honrados y patriotas: tomad participio en esta lucha, secundad nuestra labor, poniendo al servicio de la causa todos los elementos que se hallen a vuestro alcance y los tendremos en cuenta, para evitar que las Fuerzas Revolucionarias, constituidas por un pueblo indignado, cometan atentados contra lo vuestro, lo que irremisiblemente sucederá si no hay una razón poderosa que las detenga al entrar en dominio de las regiones ocupadas por tropas huertistas, que han procurado engañaros, asegurando que somos bandoleros y ofreciendo una paz, que de realizarse, sería el más negro baldón para la Patria.

Meditad un momento, analizad serena y concienzudamente los actos de la Revolución y los actos del Gobierno y encontrareis que, mientras mayor número de conciudadanos permanezcan indiferentes o proporcionen elementos para combatirnos, más larga será la lucha, más peligros correrán vuestra vida e intereses y más se prolongará este estado de cosas que directa o indirectamente os perjudica, mientras nosotros estaremos seguros siempre del triunfo, porque es el triunfo de todo un pueblo que ha sabido cumplir con sus deberes, teniendo ya la más perfecta conciencia de sus derechos.

REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA Y LEY.

Campamento Revolucionario en el Edo. de México, agosto de 1913.

Ing. Angel Barrios.- Diputado Luis T. Navarro.- Estudiantes de Leyes: Rafael Cal y Mayor, José A. Inclán, Luis Iñigas .- Gral. Francisco V. Pacheco.- Gral. Genovevo de la O.- Gral. Ireneo L. Albarrán Ayala.- Cor. Juan de Dios Díaz.- Mayor Luciano Romero.- Cap. l/o Bonifacio Castañeda.- Cor. Jesús García.- Mayor Adalberto Dorantes Pérez.- Cap. l/o Juan Robledo.- Cor. Porfirio Leppe .- Cor. José Zamora.- Cap. l/o Leopoldo Acevedo.- Ten. Cor. Fernando Martínez Almaraz .- Cap. l/o Isabel Linares.- Cor. José Vides Barona.- Mayor Isidro López.- Cor. Felipe Alarcón.- Ten. Cor. Agustín Coroy.- Cap. l/o Cándido García.- Cor. Facundo Torres.- Cap. l/o Julián Gallegos.- Cor. Salvador Herrera.- Cap. l/o Manuel Castro.- Cor. Román Silva.- Ten. Cor. Jesús Cáceres.- Cap. 2/o Marcelino Pulido.- Cor. Porfirio Galicia Arroyo:- Cap. 2/o Rafael Cueto.- Cor. Everardo González.- Ten. Cor. Bonifacio Hinojosa.- Cor. Amado Leguisamo.- El Tesorero del Partido Nacionalista Democrático, Albino Ortíz.- Rúbricas. [Siguen más firmas]

Secretario: Santiago Orozco [Rúbrica)

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Fuente:

Laura Espejel, Alicia Olivera y Salvador Rueda. Emiliano Zapata. Antología.
Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM),
México, 1988. P. 148-151. (AGN, Fondo Genovevo de la O, Caja 19, Exp. 8, f. 9-10.)