CARTA DE MANUEL PALAFOX
A ANTENOR SALA
Cuartel General en Cuernavaca, Mor., Septiembre 3, 1914


REPÚBLICA MEXICANA.
EJÉRCITO LIBERTADOR.

Cuartel General.
Cuernavaca, Morelos, septiembre 3 de 1914.

Señor Antenor Sala.
México, D. F.

Muy estimable señor:

Recibí la muy atenta carta de usted de fecha 28 del próximo pasado agosto, la que he leído detenidamente y con profunda meditación, pasando a contestar a usted lo que sigue: los folletos y otros documentos que se ha servido usted mandar al Cuartel General de la Revolución, que se refieren al estudio que ha hecho usted del problema agrario, los he leído con bastante atención y veo que dista mucho de la forma de resolver los principios agrarios, de como están delineados en el Plan de Ayala.

Para practicar el sistema de usted se necesitaría una millonada de pesos, es decir, sería preciso sacrificar más de lo que está a nuestro desventurado país, porque según los proyectos de usted el gobierno tendría que desembolsar cuantiosas sumas de dinero para practicar en su esencia el reparto de tierras, especialmente lo referente a colonización, y además de que el país no está en condiciones de hacer semejantes desembolsos, tampoco sería de justicia que a los enemigos de la Revolución o simpatizadores de ella, se les comprase la propiedad que durante muchos años han poseído ilegalmente, y la Revolución Agraria obra con toda justicia al consignar en su bandera los tres grandes principios del problema agrario, a saber: restitución de tierras a los pueblos o particulares que fueron despojados a la sombra de los malos gobiernos; confiscación de bienes a los enemigos del Plan de Ayala, y expropiación por utilidad pública.

La Revolución que sostiene el Plan de Ayala, está resolviendo el problema agrario simplificado en los tres principios anteriores, sin gastar un solo centavo y así desea que mañana cuando la Revolución se constituya en Gobierno, no tenga que desembolsar ni un solo centavo y tampoco el proletariado, porque para devolver las tierras que alguien quitó a otro apoyado de un mal gobierno, no se necesita dinero; porque para confiscar bienes a los que durante tantos años han luchado en contra de los defensores del Plan de Ayala, ayudando al Gobierno, de una manera directa o indirecta, no se necesita dinero, y solamente habrá que desembolsar cortas cantidades de dinero para indemnizar a los extranjeros que deba expropiárseles sus fincas rústicas por utilidad pública y esto se hará únicamente con los extranjeros que no se hayan mezclado en asuntos políticos, pero analizando la cuestión, al país no le cuesta un solo centavo ésas expropiaciones, si se tiene en cuenta que el pago se hará del valor de las fincas urbanas que se confisquen a los enemigos de la Revolución.

Usted no me negará que los hacendados de la República, en su mayoría han hostilizado a la Revolución y 'hasta ayudaron pecuniariamente a los gobiernos pasados, por lo que es de justicia que se les aplique el artículo octavo del Plan de Ayala, aun cuando usted diga que éste sistema no es noble, pero sí necesario para darle de comer a la millonada de mexicanos desheredados y por humanidad es preferible que se mueran de hambre miles de burgueses y no millones de proletariados, pues es lo que aconseja la sana moral.

La repartición de tierras no se hará precisamente como usted lo indica, por la división parcelaria del suelo, sino que se llevará a cabo esa repartición de tierras de conformidad con la costumbre y usos de cada pueblo, y entiendo que es lo más justo, es decir, que si determinado pueblo pretende el sistema de la comuna; así se llevará a cabo, y si otro pueblo desea el fraccionamiento de la tierra para reconocer su pequeña propiedad, así se hará, y en esta forma con gusto cultivarán las tierras apoyados por la Revolución; y pasados algunos lustros, los burgueses que pretendan adquirir sus propiedades confiscadas apoyados por algún gobierno, no lo conseguirán, porque los pueblos con las armas en la mano, que siempre conservarán, con energía sabrán imponerse a ese gobierno y defenderán sus derechos, y de esto, el tiempo se encargará de comprobárselo, pero si desgraciadamente los pueblos se dejan despojar de sus tierras ya no será culpa de nosotros, que ahora les devolvemos sus tierras y les enseñamos la manera de conservarlas y hacer respetar sus derechos.

Los revolucionarios surianos están bien compenetrados de la maldad, de la corrupción de los gobiernos, y la prolongada lucha de cuatro años nos ha dado duras lecciones, para que con justicia tengamos derecho a procurar que los intereses del pueblo no sean burlados el día de mañana por un gobierno malvado y para evitar que esto suceda tenemos que dejar bien garantizados esos principios agrarios a la generación de hoy y a las del futuro, y esa garantía consiste en exigir a todo trance que la Revolución constituida en gobierno el día de mañana, eleve al rango de preceptos constitucionales, esos tres principios agrarios que antes mencioné, para que de hecho y por derecho quede implantado el problema agrario, pero estos principios agrarios por los cuales tanto se ha luchado, no vamos a confiarlos a un gobierno que no esté identificado con la Revolución, y por eso exigimos hoy al señor Carranza que el Gobierno Interino de la República, sea netamente revolucionario y que se constituya de acuerdo con el artículo doce del Plan de Ayala y de otras bases bien definidas, así como también, que en la Convención formada por los revolucionarios de la República, se discuta el programa de gobierno del Interinato y ese programa naturalmente, quedará formado por los problemas que no están incluidos en el Plan de Ayala, tales como el establecimiento de bancos agrícolas; las grandes obras de irrigación que en ciertos Estados de la República hay que verificar; el mejoramiento de la instrucción pública; el mejoramiento del obrero; el mejoramiento del empleado de comercio; el mejoramiento del comercio en pequeño, y por último: la campaña contra el clericalismo.

Como usted verá, las aspiraciones van más allá de lo que se figura el señor Carranza y si ahora no se llega a un arreglo satisfactorio, los sesenta y cinco mil surianos que empuñan sus mausseres, se lanzarán contra los nuevos enemigos del Plan de Ayala, contra esos carrancistas que pretenden burlar la fe y las esperanzas del pueblo mexicano, y si por esos acontecimientos que quizá se verifiquen por culpa de Carranza, yo soy responsable, en ese caso, a la Historia le corresponde juzgarnos y el fallo de ella respetaré.

Espero que con estas ligeras explicaciones, se formará usted idea de las verdaderas tendencias de la Revolución que encabezan los surianos.

Soy de usted Afmo. Atto. amigo y seguro servidor.

M. Palafox (rúbrica).


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Fuente:

    Antenor Sala. Emiliano Zapata y el problema agrario. Imprenta Franco-Mexicana.
    México, 1919. p. 29-31.

    Gildardo Magaña. Emiliano Zapata y el Agrarismo en México. Tomos I a V. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. México, 1a ed. 1937. Edición facsimilar 1985. Tomo III. p. 312-315.