CARTA DE ANTENOR SALA
A MANUEL PALAFOX
México, D.F., Septiembre 20, 1914

México, 20 de septiembre de 1914.

Señor don Manuel Palafox.
Cuartel General del Ejército Libertador.
Cuernavaca, Mor.

Muy distinguido señor mío:

Con gran interés leí su atenta contestación, fecha 3 de los corrientes, a mi carta del 28 de agosto próximo pasado, pues además de tener un concepto elevado de la personalidad de usted como revolucionario, sus opiniones e ideas, tienen actualmente positiva transcendencia para la Patria.

Mucho me complace que tengamos una base común, aceptada por usted y por mí, para aquilatar nuestras ideas secundarias; esa base es el Plan de Ayala, en lo que se refiere al PROBLEMA AGRARIO; mas como juzgo que la presente carta tiene un carácter muy preciso, antes de entrar en materia, considero un deber de lealtad entre hombres y máxime cuando ideas y relaciones amistosas los liguen, aunque a distancia, como acontece entre usted y yo, hablar con entera franqueza; así pues no debo ocultarle, que la voz pública y aun precisada en la prensa, señala a usted como la rémora para un arreglo satisfactorio entre la Revolución del Sur y la del Norte. Sin guiarme a mi ninguna pasión política, como que no aspiro a ningún cargo público, conforme tuve la honradez de indicarle bajo mi firma al Señor General Don Emiliano Zapata, en el párrafo final de la carta que tuve el gusto de enviarle fechada en 26 del próximo pasado agosto; tengo la completa convicción de que usted es un hombre de perfecta buena fe y de que los errores que noto en sus juicios, no proceden sino de cierta falta de preparación en los asuntos sociológicos, que son los más difíciles que se ofrecen a la inteligencia humana, por su enorme complexidad; pero que por eso mismo debe usted cuidarse muchísimo al formular dichos juicios con respecto a la Revolución del Sur, porque sin pretenderlo, ni mucho menos quererlo, podría suceder que le acarrease males irreparables a la Causa y especiales al Caudillo Suriano, su muy personal amigo.

Ahora bien, el Plan de Ayala es bueno; pero se necesita comprenderlo en toda su extensión para deducir de él las aplicaciones prácticas que requiere la política nacional, a fin de realizarlo de la manera más pura y más exacta.

Permítame decirle que usted se olvida del Plan de Ayala, cuando se trata de aplicar la Expropiación a que él se refiere, como un medio del Gobierno para adquirir tierras divisibles entre colonos nacionales y extranjeros.

Usted dice en su carta: "...... y solamente habrá que desembolsar cortas cantidades de dinero para indemnizar a los extranjeros que deba expropiárseles sus fincas rústicas por utilidad pública y esto se hará únicamente con los extranjeros que no se hayan mezclado en los asuntos políticos".

Ahora bien, el Plan de Ayala al hablar de la expropiación por causa de utilidad pública, no tiene en cuenta para nada que los expropiados puedan ser extranjeros o mexicanos y la razón es clara, pues tanto unos como otros tienen que ceder en sus derechos personales, cuando se trata del derecho general, del derecho nacional, que es precisamente lo que significan las palabras: "POR CAUSA DE UTILIDAD PUBLICA".

Si el PLAN DE AYALA hubiera querido someter a todos los mexicanos al único procedimiento de la confiscación de sus bienes, hubiera expresado con claridad la idea, diciendo por ejemplo: "todos los fundos rústicos serán confiscados por el Gobierno emanado de la Revolución, menos los pertenecientes a extranjeros, cuyo valor se pagará a los propietarios que no hayan tomado participación en la lucha contra la Revolución".

De lo anterior se deduce que el Plan de Ayala acepta de una manera expresa que la expropiación por causa de utilidad pública puede aplicarse también a los fundos pertenecientes a los mexicanos, QUE NO HAYAN TOMADO PARTE ALGUNA EN LA LUCHA COMO ENEMIGOS DE LA REVOLUCION.

En consecuencia, usted restringe en su criterio, la extensión que el Plan de Ayala quiso dar al procedimiento de EXPROPIACION, para que el Gobierno revolucionario tenga las tierras suficientes para dotar a los campesinos mexicanos de ellas.

Si usted, como he dicho, restringe a los extranjeros la EXPROPIACION, da en cambio a la CONFISCACION una extensión que nunca le dió el PLAN DE AYALA. En efecto, en su estimable carta se lee esto:

"Usted no me negará que los HACENDADOS DE LA REPUBLICA, en su mayoría han hostilizado a la Revolución y hasta ayudado pecuniariamente a los GOBIERNOS PASADOS, por lo que es de justicia que se les aplique el artículo octavo del PLAN DE AYALA, aun cuando usted diga que este sistema no es noble; pero sí es necesario para darle de comer a la millonada de mexicanos desheredados y por humanidad es preferible que se mueran de hambre miles de BURGUESES y no millones de proletarios, pues es lo que aconseja la sana moral".

Si el legislador que formuló el PLAN DE AYALA hubiera creído que la sana moral aconsejaba dar semejante extensión a la CONFISCACION, no hubiera incluido en el mismo Plan como medio de dotar de tierras al proletariado la REIVINDICACION.

Para qué investigar si tal o cual BURGUES tiene tierras mal habidas, cuando habremos de CONFISCARLOS A TODOS, matar de hambre a miles, para salvar de la misma muerte a millones de proletarios?

Lo que pasa en la mente de usted es que divide a los mexicanos en dos grupos: BURGUESES Y PROLETARIOS, de los cuales los primeros deben perecer, para que los otros, los PROLETARIOS, vivan.

Yo supongo que los que mueren por un PLAN revolucionario no tienen ningún interés en hacer un gasto inútil de palabras y hablar de EXPROPIACIONES y de REIVINDICACIONES cuando se está decidido a acabar por medio de la CONFISCACION con los burgueses, o sea con todos, ABSOLUTAMENTE TODOS los que no han vivido en nuestro País, exclusivamente del salario; resulta una falta de franqueza inexplicable en quienes se juegan la vida día a día durante años por realizar un ideal, no hacerlo constar terminantemente, sino de manera muy velada dada la interpretación de usted del PLAN DE AYALA.

Lo repito, si el ideal de los revolucionarios del Sur consiste en matar de hambre a los burgueses por qué no decirlo? Si usted piensa y admite que este y no otro es el ideal del proletariado, se ha hecho muy mal en no indicarlo claramente en el PLAN DE AYALA, pues de haberlo hecho, ya se hubieran levantado como un solo hombre los millones de proletarios, para acabar pronto con los miles de burgueses; mientras que de la poca franqueza del Plan ha resultado, que millones de proletarios hayan permanecido del todo indiferentes a una Revolución que no satisfacía ese sentimiento de profundo odio, que usted supone a los proletarios en contra de los burgueses. No les han hecho la guerra, porque no se les llamó decididamente a matarlos.

Con lo anterior creo haber demostrado que usted concibe un PLAN DE AYALA muy distinto del que circula en periódicos y hojas sueltas, y si éste es apócrifo, yo quisiera conocer el verdadero y deber a su bondad este servicio.

En los libros que usted ha leído se llama BURGUÉS al propietario de algo, DE POCO O DE MUCHO, eso no importa, con tal que ese individuo, gracias a sus propiedades, no tenga absoluta necesidad para vivir, de sujetarse a ganar un salario.

En el Plan de Ayala que yo he leído, no se usa jamás del término BURGUÉS, lo que reduce mucho el campo de los enemigos del Ejército Libertador, quienes (según la opinión general, fundada en el texto de ese mismo PLAN DE AYALA) no son sino los terratenientes y gentes burguesas o propietarias, que hayan ayudado a los Gobiernos en contra del mismo Ejército, desde que se comenzó a organizar (hace poco menos de cuatro años) pero no conceptúa como enemigos a todos los que fueron partidarios del General Díaz antes de 1910 y de Maximiliano, Juárez y Lerdo que gobernaron al País desde 1857 hasta 1876, de los cuales partidarios todavía viven muchos y ayudaron, como usted dice, a esos Gobiernos pasados pecuniariamente y de otros muchos modos. ¿A TODOS ELLOS DEBERA APLICARSE la Ley del Hambre en que usted sintetiza el PLAN de AYALA?

Repito que creo en la perfecta buena fe de usted y que sólo lo considero con poca preparación en los asuntos dificilísimos por su extremada complexidad, relacionados con la sociología y la política.

Usted me indica en su apreciable carta, que considero INNOBLE la confiscación; al contrario, la reputo de una santa justicia, cuando se aplica a enemigos positivos de la REVOLUCION, convictos de su culpa ante un tribunal imparcial aunque muy severo, como lo exige la crueldad conque esos enemigos han procedido, en contra de quienes desean que leyes justas, eviten la muerte por miseria a miles de proletarios que sin duda tienen derecho a la vida.

Pero la CONFISCACION aplicada al burgués porque es burgués, al hombre que posee, sencillamente porque posee, me parece no sólo innoble sino reveladora de un desequilibrio mental, digno del manicomio, y más cuando se considera tal CONFISCACION como significado último del PLAN de AYALA, por la sencilla razón de que si el Plan de Ayala condena a muerte a miles de burgueses por ser burgueses y al mismo tiempo trata de convertir a millones de proletarios en burgueses al hacerlos propietarios, el PLAN DE AYALA resulta algo INAUDITO, monstruoso, que supera a todas las aberraciones relatadas por la dolorosa historia de la pobre humanidad. Burgués es el propietario, así es que por gran burgués se entiende al hombre que posee mucho y por PEQUEÑO BURGUÉS al hombre que posee poco.

Yo entiendo y usted también así lo entiende, que el movimiento del Sur trata de suprimir por varios medios (Reivindicación, Expropiación y Confiscación) al gran burgués propietario de latifundios, para hacer propietarios a miles y hasta a millones de proletarios de hoy, es decir, para convertirlos en pequeños BURGUESES con propiedad territorial suficiente sin embargo, para procurarles, mediante el trabajo de sus propios brazos, una vida de civilización para ellos y sus familias.

El Plan de Ayala no odia en consecuencia al pequeño burgués y si lo odia, ha cometido la mayor de las locuras al pretender aumentar su número a millones, para darse el gusto mañana de matarlos de hambre por la confiscación, en castigo del enorme delito de ser propietarios, es decir, burgueses.

Yo entiendo el PLAN DE AYALA del modo siguiente:

Si triunfa y sin duda triunfará, la Revolución que tiene por grito de guerra ese Plan, se formará un Gobierno justo y severo en el cual EL PODER JUDICIAL será temido y respetado por grandes y pequeños, por ricos y pobres, por desvalidos y poderosos.

Ese PODER JUDICIAL restituirá al pobre lo que se le hubiere robado, lo mismo que al rico víctima de los poderosos y astutos, porque ese rico bien puede ser un anciano, un incapaz por enfermedad, un niño, una dama, un ausente.

Por esto el PLAN DE AYALA que ha surgido del imborrable fondo de gran justicia que existe en el alma del pueblo, ha proclamado la reivindicación para calmar el hambre de quienes la tienen de justicia ante todo, más aún que de pan.

El Plan de Ayala que es justo, proclama la confiscación, porque de cierto, muchos hombres (aunque no tantos como usted se imagina) han opuesto a la justicia de la revolución agraria, toda la fuerza de que es capaz su egoísmo que cuenta con un Ejército y dinero en abundancia, para conservar el fruto de sus rapiñas y de sus crímenes seculares.

A esos hombres es necesario nulificarlos para el combate, quitándoles por la fuerza su arma más poderosa que es el dinero, el capital; porque con él compran todas las demás armas y hasta a miles de hombres para que las usen en contra sus hermanos; de esos miles convertidos en sicarios de los poderosos hay unos culpables y otros simplemente desventurados, que no han podido librarse de la opresión; los últimos son inocentes y deben ser respetados en su vida y propiedades.

Entre los culpables hay unos que lo son en grado extremo, otros en grado menor o mínimo, aquéllos, deben ser castigados muy severamente, hasta con la muerte, los segundos y terceros basta herirlos en sus propiedades y mortificar algo sus personas, en las cárceles y el destierro.

La confiscación debe hacerse previa sentencia condenatoria de un tribunal tan justo como la Revolución de que emana.

Aunque haya precedido la ocupación a la CONFISCACION, ésta tiene que ser el resultado de un juicio y los juicios suelen prolongar su duración por varias generaciones.

De esto resultará que el ocupante u ocupantes de una tierra no tengan la tranquilidad y la perfecta seguridad que se requieren para cultivarla con todo empeño y todo amor.

Si suponemos ocupadas y en vías de ser confiscadas todas las tierras del País tendremos que atravesar por un periodo muy largo de agricultura rudimentaria, con daño incalculable para el progreso general de la Patria.

Por esto he dicho en cartas anteriores dirigidas al insigne agrario General Zapata, que la confiscación, sólo aplicable de un modo rápido y seguro a los connotados enemigos de la Revolución, es un procedimiento de importancia secundaria, para convertir en propietarios a todos los hombres mexicanos del campo, capaces de serlo, puesto que esos enemigos connotados son en realidad pocos y sus bienes raíces insuficientes para una vasta y rápida transformación agraria del País, tal cual la necesitamos para cimentar la paz orgánica y la supervivencia nacional.

Más diré, lo que usted llama CONFISCACION no es Constitucional y siempre, aun sentenciados los enemigos de la Revolución a esa pena por los tribunales respectivos, los poseedores de los bienes raíces confiscados no gozarán de plena seguridad, porque las reacciones no son imposibles y si suceden, los bienes confiscados hoy, volverán a sus antiguos dueños tan luego como éstos tengan a la sombra de cualquier partido político, poder suficiente para devolver agravio por agravio, daño por daño.

La Revolución Francesa de la cual está usted perfectamente enterado, confiscó sus bienes raíces a los nobles y clérigos que coaligados con el extranjero pretendieron vencerla y si los bienes repartidos perduraron en poder de sus poseedores, consistió en que tanto el Imperio Napoleónico como el Gobierno de la Restauración, consideraron como asunto de salud pública sostener a la propiedad raíz en la forma que le había dado la Revolución y lo hicieron INDEMNIZANDO por varios procedimientos a los antiguos nobles propietarios o a sus herederos, así es que las reivindicaciones que favorecieron a esos nobles fueron muy contadas y al resto de ellos en realidad se les EXPROPIÓ, se les pagaron sus propiedades, para no arrebatarlas al PUEBLO con grandes probabilidades de lanzarlo de nuevo a una lucha formidable.

Pero dejemos ésto, ya que acepto como bueno el procedimiento de la confiscación, sólo que la estadística y una noción inquebrantable de justicia, no me permiten considerarlo como el más fecundo en bienes para el proletariado y mucho menos se puede admitir que deba ser el único, según se deduce lógicamente de los asertos contenidos en la carta de usted, a que contesto.

Tal vez para hablar de la EXPROPIACION me bastaría referirme a la extensa carta que dirijo al señor General Zapata; pero quiero reforzarla ante el criterio de usted mediante consideraciones del todo diversas a las hechas en esa carta.

Bastaría conque el Gobierno lograse imponer las contribuciones sobre bienes raíces rústicos con perfecta equidad, para obtener la MILLONADA que usted dice, sin sacrificio de nadie, ni siquiera de los mismos que pagasen el impuesto.

En mi folleto número 3 verá usted que los propietarios de tierras sólo pagarán el CINCO AL MILLAR, sobre el valor que ellos mismos hayan declarado que corresponde a sus propiedades. Como la riqueza territorial rústica es cuando menos de DIEZ MIL MILLONES DE PESOS, resulta que año por año el Gobierno recaudaría con toda justicia y sin gravamen ruinoso para nadie, cincuenta millones de pesos.

También en ese folleto expuse, que con esos cincuenta millones se pagarán los réditos correspondientes a doscientos cincuenta millones de dólares que nos prestará el extranjero y también se amortizaría lentamente el capital.

Esa cantidad serviría para fundar el BANCO AGRICOLA NACIONAL que emitiera setecientos cincuenta millones de dólares en billetes o sea MIL QUINIENTOS MILLONES DE PESOS.

Este dinero se prestaría con un rédito bajísimo de TRES Y MEDIO POR CIENTO ANUAL tanto a los particulares como a las Empresas que se propusiesen, entre otras aplicaciones del dinero, dividir parcialmente la tierra sobre la cual tendrían el derecho de EXPROPIACION, con ese sólo fin de dividirla y colonizarla.

Yo hablo principalmente de colonizarla con agricultores mexicanos, precisamente hasta que los hechos nos demostrasen que teníamos un considerable sobrante de tierras, sobrante que ya se podría colonizar con extranjeros.

Es cierto que el Gobierno obtendría los cincuenta millones, base de todas estas operaciones de los propietarios o del PUEBLO, pues yo no los excluyo de la nacionalidad ni de la Patria; pero esto sería sin sacrificarlos, sino únicamente impidiendo que sigan robando dichos propietarios al resto del pueblo contribuyente, por medio de la ocultación del verdadero valor de sus propiedades.

El impuesto debe pesar proporcionalmente sobre cada quien que lo paga y es claro que si los hacendados nunca han pagado el que les corresponde, los otros contribuyentes suplen para la satisfacción de las necesidades públicas lo que a los hacendados les correspondería pagar.

Luego han cometido un robo a la Nación, que el Gobierno está en obligación de evitar en lo sucesivo y desde el momento en que el avalúo de las tierras se haga de acuerdo con el SISTEMA SALA.

Se necesita tan sólo una pequeña parte de esos un mil quinientos millones de pesos de que el GOBIERNO dispondría sin sacrificar a nadie, para dividir tierras en la cantidad suficiente paga que todos los campesinos capaces de ser propietarios las obtengan.

Vea usted cómo es cierto. Entre los tres millones de campesinos adultos, apenas si un diez por ciento tiene las facultades que se requieren para utilizar como propietarios una tierra; pero supongamos que la tercera parte de ellos tiene tal aptitud. Es decir, habrá que convertir en propietarios a UN MILLON de hombres y para esto necesitamos diez millones de hectáreas o sea diez hectáreas por individuo.

Diez millones de hectáreas bastan para cambiar por el momento, a la situación agraria del País y para obtenerlas, el Plan de Ayala da los medios.

Parte se adquirirá por las reivindicaciones, aunque poco; en virtud de que es muy difícil que quienes se consideren con derecho a ellas, puedan probar su justicia.

Por la confiscación se obtendrá otra parte, que no puede tampoco ser muy abundante, pues resultará que de cada cien propietarios que hayan ayudado a los gobiernos antirrevolucionarios, podrán probar 80 ó 90 por lo menos que lo hicieron a causa de FUERZA MAYOR, es decir, sin delito, y por tanto no se les podrá imponer la pena de confiscación.

Queda para subsanar lo que falte de tierras la expropiación, único medio que podrá seguirse indefinidamente en el porvenir sujetándolo al SISTEMA SALA, por ser del todo evolutivo y porque la Revolución de hoy se convertirá en Gobierno, que necesariamente adoptará los sistemas evolutivos para el progreso del País.

Las Empresas particulares estarán en aptitud de hacer la colonización extranjera, porque de ella obtendrán mayores y más seguras ganancias. El Gobierno nada tendrá que ver con esa colonización por de pronto, lo que le dejará libre acción para impulsar la colonización por nacionales, refaccionando una parte tal vez muy pequeña de los capitales necesarios e invirtiendo siempre el dinero del Banco Agrícola Nacional en muy buenas hipotecas que aunque nada le dejasen directamente, el progreso agrícola del país será un manantial inagotable de recursos muy cuantiosos, aprovechables en variadas actividades que eleven y extiendan el progreso no sólo material, sino el intelectual y moral del PUEBLO.

Usted no ha tenido en cuenta en sus cálculos, al aseverar que el Gobierno tendría que hacer sacrificios enormes para consumar la división de las tierras por medio de la EXPROPIACION, las maravillas del crédito, las de la asociación privada, las del aumento en los productos del suelo por el cultivo intensivo y científico y piensa que el Gobierno quita de las manos de los pobres el dinero, para ponerlo en manos de los ricos propietarios actuales y que los nuevos propietarios al ser sacrificados por el GOBIERNO, seguirían comiendo su escaso maíz, tan faltos de esperanza y de medios de progreso como actualmente se hallan.

Permítame usted que le diga, que al convertirse en propietarios algunos cientos de miles de proletarios, necesariamente el salario de los campos se elevaría, así es que aun los que siguieran prestando sus servicios como asalariados, su condición cambiaría de modo radical.

El salario de los campos es el que determina el de las ciudades, así es que por un fenómeno reflejo, que encontrará usted explicado en cualquier libro de Economía Política, la condición de todo el proletariado de la República se habría hecho hasta envidiable para los proletarios extranjeros, dadas la dulzura de nuestros climas y los mil frutos preciosos y exquisitos de nuestros campos.

En el campo revolucionario, circulan sin duda las teorías anárquicas que marcan un camino para el progreso humano; pero si están aún lejanas en su aplicación para la vieja Europa, entre nosotros no pueden ser otra cosa que ensueños por los cuales nadie medianamente cuerdo, impondrá el sacrificio de la vida a sus conciudadanos.

Nosotros aun tendremos Gobiernos para rato, por más convencidos que nos hallemos de la facilidad con que se corrompen y de los males que ocasionan a los hombres, una vez que una larga Paz y el sentimiento de la irresponsabilidad los ha podrido; pero los revolucionarios del Sur quieren el Poder, porque su buen criterio les dice que sólo organizados en Gobierno, pueden hacer fecundo su triunfo sobre la Dictadura de Huerta.

En resumen considero que el Plan de Ayala es viable concebido así:

La EXPROPIACION siguiendo el SISTEMA SALA.

La REIVINDICACION por medio de procedimientos fáciles, rápidos y general para toda la República. Esos procedimientos necesitan ser hallados por los intelectuales de la Revolución de Morelos; pero nunca debe aceptarse practicar las reivindicaciones por los procedimientos que señalan las leyes vigentes, aun cuando las aplicasen tribunales especiales, o sea que se ocupasen exclusivamente de esos asuntos; porque aun así, los juicios respectivos durarían largos años.

La CONFISCACION buscando también, como para las REIVINDICACIONES, el procedimiento más fácil y rápido. En ese orden de ideas habría que derogar dos leyes famosas de la época de la Dictadura del General Díaz y restablecer la Oficina de Nacionalización de Bienes del Clero que, auxiliada por las Jefaturas de Hacienda en los Estados y demás oficinas federales, Notarías y Oficinas del Registro Público, conozca de todos los asuntos concernientes a la nacionalización. Esta oficina deberá ser de carácter autónomo.

Para el caso de las tierras que están ocupando (no en propiedad) por las huestes de Morelos, estoy absolutamente seguro de que sus actuales dueños legales, cederían las extensiones necesarias para que los individuos de dichas huestes formen colonias, a razón de diez hectáreas por cada soldado; pero advirtiendo de un modo CLARO y PRECISO, que no bastará el que dichos soldados reciban la tierra, sin pago de ningún género, para creer que la felicidad les venga como el nacimiento de la yerba, sino que será necesario e indispensable seguir el "Modelo de Colonia en lugares deshabitados de bosques vírgenes en la tierra caliente, según proyecto del señor Antenor Sala'', observando lo expuesto en la explicación sintética del plano y tomando muy en consideración los Anexos A. y S., de lo contrario el tiempo se encargaría de probar que se va a un fracaso cierto.

Es fácil presentar y prometer grandes cosas en los Planes, Programas, Convenios, etc., y todo ello de la mejor buena fe; pero si antes de que las Revoluciones lleguen a ser Gobierno, no se tiene el imprescindible cuidado de buscar y encontrar los procedimientos para cumplir las promesas, se presentan después ¡nsuperables dificultades o por lo menos se pasa mucho tiempo, para encontrar las fórmulas adecuadas a efecto de llevar a la práctica lo prometido o pactado y de allí el descontento de los partidarios; cuando lo racional habría sido ante todo, que Caudillo y partidarios, contratantes de un pacto, etc., formulasen primero su Plan, Programa, Convenio, etc., y en seguida buscar y encontrar los medios que más les acercasen a sus ideas o conveniencias, a fin de realizar prácticamente las promesas.

Así como el señor General Zapata puede cristalizar en su personalidad un SIMBOLO NACIONAL, también podrá suceder con mucha facilidad que se esfume esa figura, pues todo va a depender del camino que se trace en el momento decisivo.

Me es grato quedar como siempre a sus muy respetables órdenes como su afectísimo y atto. S. S.

Antenor Sala (rúbrica).


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Fuente:

    Antenor Sala. Emiliano Zapata y el problema agrario. Imprenta Franco-Mexicana.
    México, 1919. p. 51-61.