PROPOSICIONES DEL ING. ANGEL BARRIOS A LA
CONVENCION SOBERANA REVOLUCIONARIA
Enero 1, 1915

MEXICO
IMPRENTA Y LITOGRAFIA DE ROBERTO SERRANO Y CIA.
10a. Calle. de Bolívar Núm. 102
1915

REPUBLICA MEXICANA

EJERCITO LIBERTADOR

Proposiciones, que para su consideración y aprobación, presenta a la Convención Soberana, Revolucionaria, el suscripto Ing. Angel Barrios, jefe del movimiento revolucionario en el Estado de Oaxaca, por conducto de su representante el CORONEL HECTOR FIERRO.

PRIMERA. Que se excluya irrevocablemente del seno de esta Convención Soberana, a los delegados que, por haber sido jefes u oficiales del ejército federal, sostenedor de la dictadura huertista, ni pueden representar a la revolución, ni menos compartir sus tendencias de libertades; y que se constituya una JUNTA CALIFICADORA DE SERVICIOS PRESTADOS A LA CAUSA DEL PUEBLO, a partir de junio de 1914, a fin de que tal junta, previo examen de los servicios prestados a la causa por cada jefe u oficial en este plazo de tiempo, señale a cada quien el puesto, merecimientos y consideración que le corresponda, y deseche o mande procesar, según convenga, a los indignos, dudosos o enemigos de la misma causa.

SEGUNDA. Que los que usurparon la representación del pueblo, presentándose sin títulos como Diputados y Senadores después del Cuartelazo de febrero, queden inhabilitados por diez años para el desempeño de toda comisión, cargo o empleo, como pena de su delito; y que reintegren al erario nacional, como reparación del daño que le causaron, los sueldos, dietas u honorarios que indebidamente percibieron; en el concepto de que si las necesidades políticas de la revolución, hicieren necesaria en lo sucesivo la expedición de una ley de amnistía, de esa gracia deberá quedar expresamente excluido el mencionado reintegro, el cual, por lo tanto, deberá efectuarse por los culpables en el término que se les señale, bajo pena de doble por cada falta de pago.

TERCERA. Pido que para evidenciar la justicia en toda su amplitud y teniendo en cuenta los actos inicuos y atentatorios contra la humanidad y derecho de gentes, consumados por individuos que forman parte de los batallones y regimientos con cuyo apoyo pudieron los dictadores pasados entronizarse durante la revolución, hoy triunfante, y que confirmaron su actitud de enemigos irreconciliables de la causa del pueblo, y que siendo los verdaderos culpables de la comisión de los delitos que se han registrado ya contra habitantes pacíficos y contra miembros del Ejército Libertador, se proceda a verificar su aprehensión y justificados sus delitos se les relegue a las colonias agrícolas por un tiempo prudente para que así se procure su regeneración por medio del trabajo y se los aísle de, la. tendencia de provocar reacciones en contra de la revolución.

CUARTA. Propongo que los insurgentes que a partir del 9 de febrero de 1913 hayan cometido el delito de traición a la revolución, hoy triunfante, y se hallen en la actualidad al amparo de la misma revolución, militando en el Norte, Centro y Sur de la República e identificados que sean, se pongan a disposición de los tribunales especiales del Norte o Sur, para que respondan de su culpabilidad en la zona o regiones del país en las que existan pruebas suficientes para patentizarles su delito de traición a la causa del pueblo.

QUINTA. Propongo la extradición de los principales culpables de la contienda nacional para que respondan de sus actos ante los tribunales competentes y se satisfaga la vindicta pública.

SEXTA. Pido que, con el objeto de que la revolución comience a producir sus efectos benéficos en bien del pueblo y buen nombre de la causa y con el único fin de cumplir con lo prescripto por el Plan de San Luis Potosí de 5 de octubre de 1910, en lo relativo a responsabilidades por extralimitación de facultades o delitos del orden común llevados acabo por revolucionarios y que cuanto antes se recobre la confianza entre los habitantes del país y con ello la paz; se establezcan desde luego los tribunales correspondientes ante los cuales se deduzcan las responsabilidades de los culpables.

SEPTIMA. Los enemigos de la revolución, aprovechándose del poder que injustamente detentaron, con el fin de ahogar los esfuerzos del pueblo por la conquista de sus derechos, apelaron a la deportación de multitud de ciudadanos que se afiliaron abiertamente a la causa del pueblo, o que simpatizaron con ella y la ayudaron por distintos medios. Estando triunfante la revolución, ninguna medida puede ser más apremiante ni exigida con mayor fuerza por la conciencia nacional, que la de repatriar, y en general reintegrar a sus hogares, a todos los que fueron víctimas de aquella terrible medida; así propongo que se resuelva, procediéndose sin pérdida de tiempo a dictar las medidas y erogar los gastos que fueren necesarios. Esto probará que la revolución triunfante, no sólo se preocupa por los intereses políticos de la Nación, sino también, y muy principalmente, por la suerte de los que han dado su vida, y fortuna, o tranquilidad.

OCTAVA. Pido la reconstrucción de los hogares de los vecinos pacíficos y familias de los revolucionarios, cuyos hogares fueron destruidos por el ejército federal durante la revolución, empleándose para ello los usufructos de las propiedades que se confisquen a los enemigos de la causa.

NOVENA. Pido el establecimiento de tribunales especiales para juzgar a los periodistas venales que bajo el amparo de los tiranos, no solamente engañaron al pueblo, sino que sustrajeron de el cantidades que, aunque pequeñas, individualmente, colectivamente constituyeron un robo, y aún lo colmaron de insultos cada vez que el pueblo, advirtiendo el engaño y burla de que era objeto, dio muestras de su desagrado en uso de su legítimo derecho.

DECIMA. Propongo la proscripción o destierro por diez años de los enemigos del pueblo que se hallan en el extranjero comprendiendo la responsabilidad que pesa sobre ellos por su labor antipatriótica y antihumana de oponerse a las tendencias nacionales y haber empleado cuantos medios estuvieron a su alcance para sostener las dictaduras que tantos males han acarreado a la Patria, sin olvidar poner fuera de la ley a todos aquellos que, por sus grandes delitos en contra de la misma Patria sean acreedores a esta pena.

DECIMA PRIMERA. Pido el exacto cumplimiento de las Leyes de la Reforma, en lo referente a la separación, de la Iglesia y del Estado y que se adicionen a las expresadas leyes la prohibición de inmigraciones de sacerdotes extranjeros.

DECIMA SEGUNDA. Que se reforme el artículo cuarto de la Constitución en el sentido de que los Estados pueden decretar restricciones y prohibiciones, sin limitación alguna, contra aquellas industrias; profesiones, y trabajos que ataquen la moral o la salubridad pública o individual. En virtud de esta reforma, cada Estado quedará en aptitud para ejercer su propia expontaneidad, sin esperar acción tardía del Gobierno Federal para luchar contra el alcoholismo, verdadero cáncer destructor de las energías del pueblo.

DECIMA TERCERA. Toda vez que en las aspiraciones de la revolución sostenida por el Plan de Ayala, está la de establecer algunas reformas en el sistema de Gobierno de los Estados de la República, se propone que en lo sucesivo el gobernante de cada entidad Federativa lleve el nombre de Director General del Estado, con el objeto de apartar del espíritu del pueblo esa idea de poder dictatorial que en las anteriores administraciones adquirió la palabra "Gobernador" aceptando como supremas sus determinaciones en todos los ramos de la administración, sin respetar la independencia legal de otros poderes, ni la voluntad suprema de los representantes del pueblo. En tal virtud, popularmente se pide la reforma relativa de la Constitución de y la correlativa de las constituciones locales.

DECIMA CUARTA. Que el Consejo de Ministros del Poder Ejecutivo Federal se nombre por mitad, representando una de ellas miembros de la revolución del Norte y la otra, miembros de la revolución del Sur y Centro de la República.

DECIMA QUINTA. Que los Subsecretarios del expresado Consejo de Ministros sean nombrados de igual manera; a condición de que los que representen la revolución del Sur y Centro sean los Subsecretarios de los Ministros del Norte y viceversa.

DECIMA SEXTA. Propongo que los Subsecretarios sean oídos en la resolución de los asuntos de su Ministerio.

DECIMA SEPTIMA. No podrán ser Ministros ni Subsecretarios los jefes militares con mando en fuerza armada.

DECIMA OCTAVA. Que en lo sucesivo sea respetada absolutamente la soberanía de los Estados y la atribución legal de sus autoridades.

DECIMA NOVENA. En la República Mexicana circulan billetes de banco cuyas matrices se encuentran en el extranjero, de donde nos vienen fuertes emisiones de los billetes expresados, sin saber si aún conservan en depósito el metálico constitutivo que garantice con evidencia, que dichas instituciones bancarias son solventes y no están en quiebra. Es de alto interés público para la misma República procurar que no se hagan extracciones indebidas de monedas mexicanas de plata, a fin de evitar una crisis inesperada Por lo expuesto, se propone que el Ejecutivo Federal revise los contratos bancarios respectivos y practique las visitas necesarias para que adquiera la convicción de que no se defraudan los intereses nacionales con la circulación de los billetes de referencia. Estas. proposiciones me las sugiere la gravedad del actual conflicto europeo, por lo que el expresado funcionario debe poner un coto á la precitada circulación cuando las circunstancias así lo indiquen con urgencia.

VIGESIMA. Propongo que se reconozca al dueño de un predio el derecho natural que tiene sobre el subsuelo de su heredad, declarándose en consecuencia, que es dueño de las minas que se encuentran en el expresado subsuelo.

VIGESIMA PRIMERA. Propongo que se nacionalicen las minas denunciadas sea que estén o no tituladas y que se adjudiquen a los Estados en cuya jurisdicción se encuentren, sin que haya lugar a reembolso alguno: Por lo expuesto, se piden las reformas relativas de la Constitución Federal de 1857 y de la ley minera.

VIGESIMA SEGUNDA. Que desde luego queden decomisados con sus accesorios las minas cuyos propietarios han sido enemigos de la revolución, pasando en propiedad dichas minas al Estado en cuyo territorio se encuentren, de acuerdo con el precepto relativo del Plan de Ayala.

VIGESIMA TERCERA. Propongo que toda clase de empresas extranjeras, con exclusión de las mineras, que se establezcan en la República Mexicana, tengan derecho en los primeros cinco años a las dos terceras partes del producto de sus trabajos, y a la mitad del mismo producto en los años siguientes hasta su terminación; quedando el resto en favor de la beneficencia pública de la localidad en que se establezcan según las leyes y reglamentos que al efecto se expidan.

VIGESIMA CUARTA. Que una vez que se haya conseguido la implantación de los principios e ideales de la Revolución que defiende el Plan de Ayala y obtenida la completa pacificación de la República, se organice la guardia nacional entre los vecinos de cada poblado de los Estados, para la seguridad y tranquilidad de los mismos, a fin de que las fuerzas que actualmente están en pie de guerra, se retiren a sus hogares por no ser ya necesarios sus servicios y valioso contingente y no sean un gravamen para la Patria.

VIGESIMA QUINTA. Procurar la rendición de los cabecillas rebeldes por los medios que fueren necesarios, haciéndoles saber la conveniencia de sostener al Gobierno del pueblo, y en caso de que no acepten, procurar su destrucción para el bien y tranquilidad del país.

VIGESIMA SEXTA. Constituidos, aunque provisionalmente, los poderes Ejecutivo y Legislativo de la Federación, a esos poderes corresponde proveer al sostenimiento de las fuerzas que operan de parte de los mismos poderes en toda la República. Por lo tanto, con mi carácter de jefe del Movimiento Revolucionario en el Estado de Oaxaca, consulto que se provea a los gastos que eroguen mis fuerzas en el Estado, y si las circunstancias del erario nacional no lo permitieren, que se me invista de facultades extraordinarias a fin de arbitrarme, por los medios prudentes que las circunstancias permitan, los recursos necesarios a efecto de llevar a cabo las operaciones militares y de que no por falta de dichos recursos, se retarde o dificulte el triunfo del Plan de Ayala en la región en que debo operar.

VIGESIMA SEPTIMA. Que el Ejecutivo Federal, por medio del Secretario de Estado que corresponda, y teniendo en cuenta la soberanía de las entidades federativas, lleve al ánimo y convencimiento de los gobernadores provisionales de cada Estado, la necesidad urgente que hay para que cuanto antes se proceda al establecimiento de los bancos agrícolas y escuelas granjas para el buen desarrollo de la agricultura y educación de nuestro pueblo, en todo lo que se relacione con este importantísimo factor de la riqueza nacional.

VIGESIMA OCTAVA. Que a fin de lograr la regeneración por medio del trabajo de los individuos que delinquen contra la sociedad, una vez que hayan sido sentenciados a sufrir pena corporal en las prisiones, se les relegue a colonias agrícolas donde permanecerán por el tiempo necesario de acuerdo con las leyes y reglamentos que para el efecto se expidan.

VIGESIMA NOVENA. Pido que el lema empleado en las comunicaciones oficiales "Constitución y Reformas", deje de usarse en lo sucesivo, por ser el que usan los carrancistas enemigos del pueblo. A la vez, que el lema usado por la revolución del Sur y Centro de la República, "Reforma, Libertad, Justicia y Ley", deje también de usarse, pues la palabra "Ley" la considero como superabundante, teniendo en cuenta la palabra "justicia" las palabras que quedan del lema antes dicho no deben ser aceptadas porque fueron las que formaran el lema que el traidor Pascual Orozco empleó durante la revolución del norte, cuando se levantó en armas para derrocar al Gobierno Maderista; que como lema definitivo propongo sea aceptado "Justicia, Reforma y Libertad" teniendo en consideración la acepción de las palabras y relaciones que de unas a otras se deducen.

REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA Y LEY

México, enero 1o. de 1915.

El jefe del Movimiento Revolucionario en el Estado de Oaxaca.
Ingeniero Angel Barrios.

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Fuente:

Laura Espejel, Alicia Olivera y Salvador Rueda. Emiliano Zapata. Antología.
Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM),
México, 1988. P. 251-257. (AGN, Fondo Genovevo de la O, Caja 19, Exp. 5, f. 15-20.)