1914: LIBRES, SIN
CAPATAZ NI AMO.

Por Francisco Pineda.


Extracto:

    A tres años de proclamar el Plan de Ayala, el Ejército Libertador del Sur tomó la capital de la República, el 24 de noviembre de 1914.

    Poco después, la tarde del 3 de diciembre, Eufemio Zapata entregó el Palacio Nacional al presidente designado en Aguascalientes, con estas palabras:

    "Cuando los hombres del sur nos lanzamos a la revolución para derrocar a los dictadores que por grado o por la fuerza se habían posesionado de la silla presidencial, hice yo una solemne promesa a mis muchachos: la de quemar la disputada silla tan pronto como hiciera mi entrada a la capital.

    "Esa silla yo creo que tiene un talismán de mal agüero, porque he notado que todos los que en ella se han sentado, no sé por qué extraño maleficio debido al talismán de mal agüero, se olvidan de sus promesas y compromisos que hicieron y su único sueño dorado es el de permanecer por el mayor tiempo sentados en esa silla".

    Las palabras rebeldes golpearon los muros del salón Emperadores y aun la inmensa levedad de los nuevos hombres del poder.

    Martín Luis Guzmán trató de vengar la afrenta, años después, al novelar el acontecimiento:

    "Eufemio subía como un caballerango que se cree de súbito presidente. Había en el modo como su zapato pisaba la alfombra una incompatibilidad entre alfombra y zapato; en la manera como su mano apoyaba la barandilla, una incompatibilidad entre barandilla y mano".

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Fuente:


Francisco Pineda.
"1914: libres, sin capataz ni amo", en
Revista Margen, Portal de Trabajo Social y
Ciencias Sociales. República Argentina,
10 de marzo de 2001.