9 DE ABRIL,
LA VÍSPERA.

Por Silvia L. Cuesy.

 

    Extracto:

    ¡Me carga la chingada!, me oyen gritar mientras humedezco de orines el tronco de un cazahuate, ¡ya estoy harto!

    Las mentadas son lo común entre la tropa y no hacen caso al escucharme.

    Lo inusual, opinan entre disimulados cuchicheos, dos o tres, es el imperceptible, lento cambio en mi proverbial mirada, cada vez más taciturna, hosca, enigmática, ocultando algo a las habituales furias.

    Las soldaderas me preparan el rancho; se enfría intacto en la escudilla, la ignoro cuando me la ofrecen.

    Con la muina apenas contenida, enciendo el puro con una varita seca prendida en la fogata; exijo a un vale mi acostumbrada botella de licor, y me alejo del grupo.

    Mis lugartenientes se atragantan las advertencias y consejos preparados; por el ademán firme de mi mano entienden lo inconveniente del momento.

    Paso de largo, las espuelas le sacan chispas al polvo, y dejo a mis espaldas el campamento con la vista de mi escolta fija nomás en mí.

.
Fuente:

Silvia L. Cuesy.
"9 de abril, la víspera", en
Revista Bicentenario: el ayer y
hoy de México
.
Número 15, marzo 2012. México.