CRÓNICA DE LA
REVOLUCIÓN
MEXICANA.

Por Roberto Blanco Moheno.


Extracto:

    Trasladámonos a Cuernavaca, donde el hombre más influyente del carrancismo dentro del grupo civil, aquel abogado Luis Cabrera, brillante y culto como ningún otro intelectual de la época, va a ver a Zapata y a sus hombres, de parte del Primer Jefe, para intentar un entendimiento.

    Ante Zapata y su grupo, la elocuencia, la dialéctica maravillosas de Cabrera fracasan en absoluto.

    ¿Qué sabe Zapata de retóricas? Zapata quiere que se reconozca, de parte del carrancismo, el Plan de Ayala.

    Y si no se reconoce, entonces él seguirá en la lucha hasta vencer o morir. Aquí está la médula del problema.

    Yo lo reconozco abiertamente, doy toda la razón a Zapata.

    Para él, Cabrera, Carranza, cualquier criollo ilustrado y citadino, eran iguales y no los diferenciaba en nada de sus antiguos amos porfiristas.

    El quería que se repartiera la tierra. ¡Era su obsesión, su enfermedad, su santa enfermedad!

    Y de nada servía que le hablaran de democracia, y de parlamento, y de todas las teorías y realidades habidas y por haber. Nada hay más concreto que la tierra.

    ¡Zapata quería la tierra en manos de los peones y poco le importaba quién la entregara, con tal de que la entregara!

    ¿Qué es para la Revolución, para México, más importante: el supuesto legalismo del Plan de Guadalupe, que al fin fue eludido por Carranza, o la solución económica de los problemas de la clase campesina, es decir, la realización del Plan de Ayala?

     

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Fuente:


Roberto Blanco Moheno.
Crónica de la Revolución Mexicana.
Libro Mex Editores. México, 1957. 423pp.