EL MACHO
SUBVERTIDO.

Por Uriel Vides.


Extracto:

    En el imaginario colectivo, Emiliano Zapata encarna -junto con Francisco Villa- el ideal de masculinidad asociado con el estereotipo del macho revolucionario que se configuró a lo largo del siglo XX.

    Este ideal no sería el mismo sin la imagen que el caudillo construyó de sí mismo a través del hábil manejo de la fotografía.

    Vestido con traje charro, bigote siempre afilado, en ocasiones a caballo y con pistola al cinto, el tipo iconográfico de Zapata tuvo desde el inicio connotaciones de virilidad.

    Cuando Zapata comenzó a ser construido como héroe nacional durante la posrevolución, también personificó las virtudes masculinas fomentadas por el régimen y condensadas en la figura del macho: valentía, patriotismo y una hombría incuestionable.

    En las últimas décadas del siglo XX surgieron algunas propuestas estéticas que confrontaron los valores nacionalistas fomentados desde la posrevolución.

    Despojada de todo rasgo de solemnidad, la imagen de Zapata adquirió nuevos sentidos.

    Una lectura feminista de Plato de Zapata (1987), óleo de la mexicana Mónica Castillo, podría interpretar la muerte del patriarcado representado en el héroe patrio, cuya cabeza decapitada está lista para ser comida en algún banquete.

    Otra crítica al machismo, lanzada desde el otro lado de la frontera, es El Mandilón (1995) del chicano Daniel Salazar.

    En esta obra el artista manipuló la icónica fotografía de Zapata –aquella que fue tomada hacia 1911 en el Hotel Moctezuma en Cuernavaca– para desmantelar las convenciones de género que mantienen a las mujeres mexico-americanas relegadas en ambientes domésticos.

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Fuente:


Uriel Vides. "El macho subvertido", en
Zapata. Entre la historia y el mito.
La Bola, revista de divulgación de la historia.
Año 1 Número 3. México,
octubre - noviembre 2019.