EMILIANO ZAPATA,
ENTRE LA HISTORIA
Y EL MITO.

Por Salvador Rueda Smithers.

 

    Extracto:

    En agosto de 1911, la torpeza de los jefes federales que comandaba el general Victoriano Huerta propició la huida del molesto rebelde maderista Emiliano Zapata.

    Se le había tendido una trampa en la hacienda de Chinameca, pero un movimiento mal calculado alertó al taimado revolucionario.

    El efecto tuvo una respuesta inmediata: Zapata se volvió tan desconfiado que, se advirtió en los círculos gubernamentales, prefería no hacer apariciones públicas.

    También se corrió un rumor, de trascendencia apenas sospechada: ante los agentes negociadores de la paz y los periodistas citadinos, Zapata enviaba a un hombre muy parecido a él, su vivo retrato, a uno "que era como su caricatura", explicaron los veteranos zapatistas.

    Curioso hecho de mandar a un "doble", que pudiera engañar a quienes querían engañarlo a él y destruirlo.

    El sensible ojo de Javier Garciadiego advirtió que la anécdota podía ser real: una fotografía de Casasola, tomada en esa misma época, descubre a un raro Zapata demasiado aindiado y pequeño rodeado de periodistas.

    A la sombra de un árbol, con unos documentos en las manos, el hombre mira de soslayo a la cámara.

    De bigote grande, negro y espeso, hoy parece que ese Zapata no era una figura que demostrase una personalidad que sobresaliese de entre los campesinos que se retrataron con él; pues algo, sin embargo, llama a la sospecha de una sustitución: además de la complexión notoriamente más pequeña que la del Emiliano Zapata que todas las otras imágenes revelan, el hombre de la fotografía carece de los signos que distinguían al caudillo: el traje charro, los anillos, los adornos del chaquetín; Zapata, se decía en Morelos décadas después, nunca vistió de calzón de manta como ropa corriente.

    De hecho, la leyenda señala que, el día de su muerte, el "doble" le pidió al caudillo precisamente esos signos para completar la impostura y confundir a los carrancistas de Jesús Guajardo: el traje, el arma y el caballo.

    Ciertamente, el hombre de la fotografía de Casasola en 1911 parece no ser Emiliano Zapata.

.
Fuente:

Salvador Rueda Smithers. "Emiliano Zapata,
entre la historia y el mito", en Federico Navarrete
Linares y Guilhem Olivier (dir.) El héroe entre
el Mito y la Historia.
Centro de Estudios
Mexicanos y Centroamericanos. México,
primera edición 2000. Publicación en OpenEdition
Books, 24 abril 2013. Páginas 251 a 264.