EMILIANO ZAPATA Y EL
PROBLEMA AGRARIO

Por Antenor Sala


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Fuente:

Antenor Sala. Emiliano Zapata y el problema agrario.
Imprenta Franco-Mexicana. México, 1919. 95 pp.

 


PRÓLOGO

En 1912 escribí como trabajo de presentación a la Sociedad de Geografía y Estadística, que me había aceptado por miembro suyo, un folleto titulado: "EL PROBLEMA AGRARIO EN LA REPUBLICA MEXICANA", obra algo excéntrica sin duda si se le juzga sujetándose al riguroso margen de los estudios indicados por el nombre de la Institución; pero me constaba que la amplitud de su espíritu le había inclinado a aceptar escritos históricos, sociológicos y aun literarios de carácter muy variado. No rompí de consiguiente ninguna consagrada costumbre.

Por otra parte, mi trabajo no fué censurado por la materia a que se consagraba, sino que mereció la más desparpajada censura de la Comisión nombrada para su estudio, ante todo por pasión política, pues los miembros que la integraron eran eminentemente conservadores y, yo tuve la audacia de llevar a la consideración de la Sociedad, un tema puesto a la orden del día por la Revolución que inició el Apóstol Madero y lo que es más, con tendencias claramente innovadoras.

El enojo fué hondísimo, a tal grado, que habiéndose nombrado la Comisión de crítica a mediados de 1912, no presentó su censura, que volveré a llamar desparpajada, sino mucho después, a raíz de los acontecimientos de febrero de 1913, que hundieron a la Patria en duelo y exaltaron a la Reacción en alegría incalificable, que naturalmente se reflejó en la Comisión de que se trata.

Mis teorías innovadoras, revolucionarias, recibieron el zarpazo de mis críticos, de manera enteramente lógica: todo el plexo de ideas contrarias tocaba las fanfarrias de la victoria sobre los ensangrentados cadáveres de Madero y Pino Suárez; en consecuencia, era la ocasión de estrujar entre las garras de una Comisión de sabiduría académica al pensamiento osado, impregnado del espíritu de una Revolución que creyeron aplastada por su corifeo Huerta.

Este suceso, lejos de apenarme, excitó mi mentalidad de una manera que desde luego me fué muy grata, pues reconsideré mis ideas, medité, volví a las fuentes de inspiración que habían sido en parte menor los libros y muchas, numerosísimas, que brotaron de recuerdos e impresiones personales, a resultas de mi contacto con las clases proletarias de campos y ciudades.

Palpé que lo asentado por mí era VERDAD; pero además me persuadí de que esa VERDAD, tendría que originar en todo espíritu de patriota, un propósito práctico de acción y de que debería por tanto, ser presentada ante el pueblo en general y no ante un grupo de académicos.

Repliqué con energía a la tendenciosa censura y lancé mi folleto al público. Como es natural, motivó controversias que he sostenido siempre con decencia, aun con adversarios cuya insolencia no ha llegado a lo bellaco.

En cambio he tenido la gran satisfacción de discutir con muy correctos y bien intencionados caballeros, entre los cuales no puedo omitir el nombre del señor don José Romero Rodil, verdadero hidalgo por rara y por estirpe; español que es una verdadera joya en la laboriosa colonia de la Madre Patria por su alta mentalidad y espíritu progresista.

Esos debates afirmaron cada día con mayor vigor en mi espíritu mis convicciones, modificándolas sin embargo en detalles de suma importancia y ampliándolas en su encadenamiento necesario con otros elementos de la actividad humana, el CREDITO, por ejemplo.

Como no he deseado conquistarme una reputación de escritor, tan sólo he dado a conocer en diversos folletos, la síntesis de mis trabajos, estudios y meditaciones, conforme a la tendencia práctica con que a tal labor me he dedicado, sin cuidarme de otra cosa que de la claridad y de la brevedad en la exposición, porque mis folletos están destinados al PUEBLO, a los hombres de acción y a los estadistas, no a los hombres de refinada cultura literaria.

Deseo que el Pueblo en general haga de mis ideas un sentimiento, que los hombres de acción las propaguen y sostengan y apoyen y que los estadistas les den vida jurídica en nuestra Patria. Por supuesto que yo nunca les he escatimado ni mi sentimiento ni mi acción.

De esta actitud conscientemente propuesta y enérgicamente adoptada, han nacido capital, aunque no exclusivamente, mis relaciones con los hombres públicos y con los de mayor acción en la vida nacional desde 1912 hasta la fecha y dadas las tendencias agrarias de los revolucionarios, son ellos quienes han merecido lógicamente mis simpatías, así como la Revolución tiene mi más completa adhesión.

La faz agraria de la Revolución no fué presentada como lábaro ni por los caudillos de 1910 ni por los de 1913, sino únicamente por Emiliano Zapata, caudillo de la Revolución de Morelos; pero el PUEBLO, las multitudes de toda la República que han ofrecido sus brazos y su sangre a la Revolución progresista de México, SI han abrigado sin excepción el ideal agrario, nada extraño, se entiende, a la pureza sentimental de Madero, ni a la firme voluntad de Carranza.

Creí por tanto, enteramente unibles a los Revolucionarios del Norte y del Sur, puesto que combatían al mismo enemigo, al usurpador Huerta, siendo éste, como era, la personificación de los reaccionarios, de los elementos nacionales y extranjeros empeñados en mantener la histórica organización agraria del País: EL LATIFUNDIO, amparado por la férrea concepción romana de la propiedad.

Así es que también procuré, mucho antes de escribirle a Zapata, que el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista conociese mi adhesión de revolucionario, casi desde el comienzo de la lucha: primero, por el apreciable conducto de mi amigo el señor Herminio Pérez Abreu; después, por la digna mediación de mi respetable y estimado amigo el señor don Fernando Iglesias Calderón y por último, enviando al Norte con igual objeto a mis buenos amigos el Lic. Martín Suárez Gómez y Ciro B. Ceballos; pues para mí, como para todo revolucionario culto, el núcleo legal, el legítimo, el representante lógico dentro de la sociología, dentro de la Revolución Nacional en suma, sostenida contra el DESPOTISMO desde 1810, no era otro sino el formado en torno del Gobernador Constitucional de Coahuila, don Venustiano Carranza.

Emiliano Zapata nació y vivió en el seno del grupo humano mas desventurado, sin duda, en México, porque en ninguna parte como en Morelos, fué más completo el monopolio de la tierra y en consecuencia, el hombre más esclavo, más impotente para luchar con el formidable poder del capital rústico e industrial.

Era allí donde al grito de ¡TIERRAS! podrían levantarse rebeldes dispuestos a la victoria y a la muerte, porque nadie tenía ni un palmo de tierra propia en qué descansar el cuerpo fatigado, ni una esperanza de liberación para sus brazos dispuestos al trabajo.

Zapata lanzó ese grito, a la vez que la Nación se conmovía ante ideales políticos cuya trascendencia se extendería sin duda, hasta la justa división de la TIERRA y Zapata contó con huestes innúmeras que surgieron del jacal, de los arrozales, de los cañaverales, de los ingenios y de las cavernas montaraces, donde los hombres de ánimo rebelde refugiaban su precaria libertad, su desnudez y su hambre. Creí por eso patriótico trabajar porque el Caudillo de Morelos se uniese en espíritu y acción con los revolucionarios del Norte.

A poco, aquellas multitudes por Zapata acaudilladas, no peleaban con palos, azadas, hoces, machetes y picas, sino que la Metrópoli supo con pavor que presentaban batalla con magníficos fusiles, ametralladoras modernas y hasta cañones. Entonces se creyó unánimemente en que Zapata era un gran genio organizador, un verdadero y gran Caudillo, tan valeroso como inteligente.

Fué entonces también, cuando yo, el agrario de gabinete y en lo que cabe, de acción, procuré ponerme en contacto con el Caudillo del Sur.

Había obstáculos y grandes peligros, luché con los primeros y afronté los segundos; pero yo quería encauzar la enorme fuerza que en manos de Zapata puso la desesperación del pueblo morelense, por senderos de inteligencia, de honor, de patriotismo.

Yo no sabía, ni sabía nadie qué intelectuales rodeaban a Zapata; investigarlo era para mí de la mayor importancia y previas gestiones que habían establecido ciertas relaciones preliminares entre Emiliano Zapata y yo, comisioné a un hombre de voluntad de acero, de ingénito valor y de clarísima y culta inteligencia, al Lic. José Ferrel, para que estudiara la situación del Sur, a los hombres de Zapata y a éste mismo.

El comisionado se encontró en un campo de contrastes y contradicciones pasmosas; aquellos guerreros formaban una colectividad movida por hilos misteriosos y múltiples; entre los luchadores había intelectuales que trabajaban por miras o influencias disímbolas y hasta divergentes, por lo que le fue imposible formular en su mente más síntesis, sino la de que allí había una masa arrastrada por el dolor secular al heroísmo o al crimen, a la gloria o a la infamia; incapaz de una dirección inteligentemente trazada, aun cuando el propósito de dársela, sin duda resultaba patriótico y digno de un Revolucionario hombre de bien.

Así entablé correspondencia con Zapata y hoy ofrezco su contenido a mi compatriotas, pues ella determina las miras mías, que nunca jamás me avergonzarán, a la vez que pone de manifiesto el objetivo de las cándidas multitudes, que conducias por hombres de mérito verdadero, ya hubiesen alcanzado el triunfo del ideal revolucionario, que para mí consiste esencialmente, en la modificación del sistema agrario histórico, que ha hecho del suelo más feraz, más rico y más bello del mundo, un antro de miseria y dolor para sus habitantes, durante cuatro centurias.

    No ha habido ni habrá:
    "DIOS Y LIBERTAD";
    "DIOS y LEY";
    "LIBERTAD y REFORMA";
    "INDEPENDENCIA Y LIBERTAD";
    "INDEPENDENCIA y REFORMA";
    "LIBERTAD y CONSTITUCION";
    "SUFRAGIO EFECTIVO y NO REELECCION";
    "TIERRA, LIBERTAD Y JUSTICIA";
    "REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA y LEY";

"CONSTITUCION Y REFORMAS"; ni mucho menos "PAZ y JUSTICIA", ni habrá nada en México, mientras la tierra pertenezca a una minoría asombrosamente pequeña, mientras la tierra no sea dividida; pero dentro de los cánones del Derecho y la Equidad, como lo propongo en el SISTEMA que lleva mi nombre.

De haber comprendido esto, los intelectuales que rodearon a Zapata, este hombre que vivió sin duda EL MOMENTO PROPICIO para alcanzar el triunfo y la gloria, sería con toda seguridad una de nuestras figuras políticas culminantes.

Pereció tristemente el Jefe que proclamara el Plan de Ayala y pienso que sin tragedias análogas o con ellas, se borraría también en los fastos de nuestra historia, los nombres de Caudillos y Estadistas que no laboren por el ideal que sintetiza todos los demás: la división del latifundio, obtenida sin herir los legítimos intereses de nadie.

México, mayo 5 de 1919.