"EL PROCESO DE RECUPERACIÓN SIMBÓLICA
DE CUATRO HÉROES DE LA REVOLUCIÓN
MEXICANA DE 1910 A TRAVÉS
DE LA PRENSA NACIONAL".

Por Leticia Mayer


EMILIANO ZAPATA

El Caudillo del Sur es quizás el símbolo dominante de la Revolución y casi nos atreveríamos a decir que del nacionalismo del siglo XX.

Si el gobierno usurpador negó toda responsabilidad en el asesinato de Madero, (23) no sucedió lo mismo con la muerte de Zapata. En forma explícita, se pregonó a los cuatro vientos la traición y el asesinato de Emiliano Zapata. Carranza reconoció su crimen ante la posteridad, lo que empaña su imagen hasta el día de hoy.

En 1918, el movimiento suriano estaba en plena decadencia y Zapata intentó establecer, sin éxito, alianzas con todos los caudillos; buscó incluso el apoyo de Felipe Ángeles, al informarle de una posible invasión estadounidense a México una vez que terminara la guerra en Europa. (24)

Todo fue en vano, Zapata quedó solo. Dentro de sus intentos de alianza, mandó una carta a Guajardo invitándolo a unirse a la revolución del sur. Pablo González interceptó la misiva que le sirvió para presionar a Guajardo y planear la trampa que llevaría a Zapata a la muerte. (25)

Los periódicos narraron varias historias diferentes sobre el asesinato de Zapata e incluso se discutió acerca de la veracidad de las distintas versiones. Sin embargo, en ese momento, la figura del caudillo no fue objeto de debate.

"Fuerzas del coronel Jesús Guajardo dieron fin a la vida del Atila del Sur." (26) En una arremetida terrible contra el que después se convirtiera en héroe, a Zapata se le comparó con Atila, el rey de los hunos, por sus crímenes y el saqueo de Roma. Se zahería su dignidad personal y se anunciaba que "...pagó su tributo a la naturaleza a manos de Jesús Guajardo".

El corresponsal en Cuautla afirmó que las bandas tocaban "dianas" por toda la población festejando la muerte de Zapata. Un relato de su vida fue publicado destacando sus crímenes y la impunidad en que habían quedado.

Excélsior (27) declaró: "Murió Emiliano Zapata: el zapatismo ha muerto. El sanguinario cabecilla cayó en un ardid hábilmente preparado por el general don Pablo González". La muerte de Zapata fue pregonada como un gran triunfo de Pablo González y se anunció que los restos del "terrible bandido" serían llevados a la ciudad de México para que los incrédulos lo vieran, pues en muchas ocasiones había sido anunciada su muerte sin que ésta fuese cierta.

El sábado 12 de abril, El Demócrata publicó los siguientes encabezados: "Cómo fue la muerte del Atila del Sur. La inteligencia y la astucia, al servicio de hombres resueltos. ¡Viva el supremo gobierno! ¡Abajo el bandidaje!" De acuerdo con las noticias, la estación de San Lázaro estaba llena de personas (mirones, según el periódico) que pensaban que el cadáver de Zapata iba a ser trasladado a la capital. También se informó que el cuerpo estaría expuesto tres días en Cuautla antes de ser sepultado.

Por su parte, Excélsior publicó una narración un tanto curiosa de los acontecimientos: según el señor Miguel Cid Ricoy, presidente municipal de Cuautla, Guajardo no sabía que había matado a Zapata. Al entrar en una hacienda, vio a un grupo de hombres en un corral y empezó a dispararles; ya muertos, los llevó a la cárcel donde se encontraba el coronel zapatista Jáuregui, y fue éste quien reconoció a Zapata entre los difuntos.

El mismo periódico afirmó que más de tres mil personas habían ido a ver el cadáver de Zapata y que todas habían señalado la maldad del caudillo. En otro artículo, la figura de Zapata fue analizada, llegándose a la conclusión de que el caudillo había sido perjudicial para el infortunado estado de Morelos.

El domingo 13, El Demócrata ostentó dos editoriales. Uno de ellos, "La leyenda y el hombre", fue escrito con un odio feroz, aunque al final reconocía que en Morelos deberían repartirse escrupulosamente las tierras para que acabara la "leyenda zapatista y su caudillo pierda prestigio entre sus fanáticos partidarios". El otro editorial: "Emiliano Zapata ya es tipo de leyenda", nuevamente se ensaña contra el Caudillo del Sur y concluye que no perteneció a la raza humana.

Por su parte, Excélsior se hizo eco de una historia un tanto extraña: "Una mujer estuvo a punto de destruir los planes que determinaron la muerte de Zapata. En Cuautla fue inhumado el cadáver de Zapata".

El martes 14 de abril, ambos periódicos publicaron más fotografías de Zapata muerto, con la narración oficial de los acontecimientos. El Demócrata realizó entrevistas con viejos combatientes que en su mayoría defendieron y alabaron a Zapata. Uno de ellos afirmó que el Caudillo del Sur fue un ser especial, mítico y justo. Excélsior mencionó los 50 000 pesos prometidos por atrapar a Zapata vivo o muerto.

El miércoles 15, Excélsior publicó un reportaje sobre el fusilamiento de Jáuregui, donde se reconoce que éste murió con serenidad y valor.

También reprodujo una nota sobre un editorial del The New York Times, según el cual la muerte de Zapata ayudaría a la pacificación del país. Reconocía, no obstante, que resultaba difícil juzgar al general sureño en su verdadera dimensión, pues el problema agrario en Morelos era muy complejo.

Los días subsiguientes las noticias sólo se repitieron, y los pleitos entre periódicos siguieron respecto a quién dio la noticia primero y en forma más veraz. Quizás lo más importante, aunque ya se había difundido, fue la noticia del viernes 18 de abril:

"Gratificación a las tropas del general Guajardo. El Sr. presidente ordenó que entre ellos se repartieran 50 000 pesos por su triunfo sobre Emiliano Zapata".

Lo que los periódicos de la época no contaron fueron las diversas historias que corrieron entre los campesinos morelenses respecto a que no era Zapata el que había muerto. Años después, un zapatista decía:

    Yo vi su cadáver. A ese que mataron no era don Emiliano, sino su compadre Jesús Delgado. Dígame a mí si no iba a conocerlo, yo que melité (sic) a sus órdenes y gané aquellas estrellas. (28)

Por su parte, Womack afirma:

    Para decepción de González, el rudo golpe del asesinato no quebrantó el espíritu local. Como un vándalo anónimo grabó en un poste de los jardines Borda de Cuernavaca, al día siguiente del asesinato, "rebeldes del sur, es mejor morir de pie que vivir de rodillas". (29)

En abril de 1920, a un año del asesinato de Zapata, los periódicos no publicaron nada sobre la conmemoración de su muerte. Es de suponer que los campesinos de Morelos sí la recordaron, pero no los organismos oficiales. Así, los periódicos capitalinos no hablaron de ella. Pero la justicia -o más bien la habilidad para expropiar símbolos- llegó antes de lo esperado.

El domingo 22 de abril de 1921, en la sección editorial de El Demócrata, se puede leer:

    El sacrificio de Emiliano Zapata no ha sido estéril (30) () En nuestras últimas convulsiones intestinas, Emiliano Zapata se yergue imponente en las abruptas montañas del sur, como uno de los elementos representativos y mejor orientados para conseguir por medio de una lucha sin tregua la positiva redención del pueblo (...) fue de los primeros en abrazar con entusiasmo el plan de San Luis a la sombra de Madero (...) luchando como espartano (...) La oposición política trató en vano de coronar la cabeza de este sincero y abnegado luchador con la corona repelente del desprestigio ()

El editorialista habló muy mal de Carranza, del "cínico" Pablo González, de Guajardo y de los que recibieron los 50 000 pesos, "30 monedas de plata como Judas", por traicionar y matar a Zapata.

¿A qué se debió tan singular cambio en sólo dos años? En primer lugar, había un nuevo gobierno: Carranza había sido derrocado por una revolución y estaba muerto. A pesar de todo, no deja de sorprender un editorial tan elogioso para Zapata, después de las atrocidades publicadas en 1919 y del silencio de 1920.

La respuesta a esta pregunta se perfila el martes 12: "Cómo se conmemoró el aniversario del asesinato del general Emiliano Zapata. Las autoridades del Estado de Morelos, al decretar día de luto el 10 de abril...".

A la ceremonia asistieron dos secretarios de Estado: el de Guerra y Marina y el de Agricultura y Fomento, el gobernador de Morelos, representantes de las Cámaras de la Unión, "...el proletariado de la República y las instituciones universitarias y escolares". Los festejos se llevaron a cabo en Cuautla, en el panteón en donde se encuentran los restos de Zapata.

"Mujeres y niños en aquel santo lugar, amorosamente han cuidado de la conservación del monumento erigido para perpetuar la memoria del luchador (...)"

Se oyeron discursos de algunos zapatistas, como don Antonio Díaz Soto y Gama, y otros más oficiales, como el de Antonio Villarreal, quien habló del problema agrario y mencionó la importancia del nuevo proyecto agrarista del general Obregón. Todo finalizó con una velada literaria en el teatro Carlos Pacheco.

De hecho, Obregón, con habilidad política, se dio cuenta de que le era necesario apoderarse de los símbolos surgidos durante la lucha armada de 1910. En primer lugar, Madero en 1914 y 1920, después, Zapata en 1921.

En 1922, al año siguiente, nuevamente El Demócrata (31) publicó artículos en los que se elogió la figura de Zapata: "La personalidad del general Emiliano Zapata ante la Historia. (32) Zapata, humilde hijo del pueblo, llevaba en su corazón los anhelos de todos, los oprimidos, de toda una generación de esclavos". Este mismo artículo refería las valiosas aportaciones de Zapata al agrarismo y a la Revolución.

El Universal (33) publicó un editorial: "El tercer aniversario de la muerte del general Emiliano Zapata", en el que afirmaba que Zapata era el símbolo del agrarismo mexicano. "Ahora que los odios se desvanecieron, sabemos que sus enemigos lo glorificaron con la traición". Se critica el cinismo de Pablo González y de Guajardo, quienes festejaron lo reprobable.

Otra noticia del mismo periódico describe "La ceremonia de hoy":

    Todos los partidos confederados enviaron delegados a Tlaltizapán para que tomaran parte en la solemne ceremonia que se efectuará el día de hoy para conmemorar el tercer aniversario del asesinato de Emiliano Zapata. El general de división Francisco Serrano, envió una sección de artillería y un número suficiente de bandas militares.

    Varios gobernadores de los estados enviaron a sus respectivos representantes, y el secretario de Educación Pública, Lic. Vasconcelos, nombró una comisión presidida por el Sr. Palencia para que colocara a su nombre ofrendas florales en la tumba del agrarista.

    Son 4 los oradores nombrados para recordar la memoria de Emiliano Zapata, y todo hace creer que el tercer aniversario sobrepasará en solemnidad a los 2 anteriores.

El reportero olvidó que en el primer aniversario de la muerte del Caudillo del Sur no se celebró ningún homenaje y que, por el contrario, había reinado un silencio absoluto al respecto. En realidad, lo que el periodista hizo fue aludir al tiempo mítico y no al histórico, presentar a Emiliano Zapata como si siempre y sin lugar a duda hubiera sido un héroe reconocido por los grupos oficiales y no como un personaje redimido por los intereses políticos del momento.

El martes 11 de abril El Demócrata (34) publicó: "No sólo el pueblo de Morelos, sino la nación toda, rindió ayer homenaje a la memoria de Emiliano Zapata, apóstol del agrarismo".
Asistió al evento el gobernador del estado, acompañado de una comisión de representantes de otros estados, y el presidente de la República y el secretario de Guerra mandaron ofrendas florales.

El ritual siguió siendo imponente, aunque sin comparación con el del año anterior. El símbolo había quedado ritualmente expropiado y las ceremonias subsiguientes sólo lo confirmarían.
En 1923, el acto perdió aún más la espontaneidad original que conservaba dentro del proceso de oficialización.

En El Demócrata (35) apareció un editorial:

    Zapata vivirá siempre en el corazón del indio oprimido por los descendientes (por la sangre o por el espíritu) de los conquistadores en pleno siglo xx.

La noticia estaba acompañada de muchas fotografías en varias páginas. El acto cívico constó de ocho eventos: 1) plantación de árboles; 2) inauguración de la escuela nocturna para adultos Emiliano Zapata; 3) fundación del periódico Acción; 4) colocación de coronas ante la tumba; 5) honores Militares; 6) inauguración del congreso agrario; 7) acto de posesión de ejidos de Anenecuilco, y 8) velada literaria.

En 1924, la ceremonia cobró, nuevamente, importancia oficial. Calles la aprovechó en su campaña política para hacer declaraciones de cariz agrarista: "El programa revolucionario y el ideario agrarista de Zapata es el mío". (36) El Universal (37) publicó en encabezado: "El programa agrarista de Zapata es el mío, dijo ayer en Cuautla el general Elías Calles".

    (...) los puntos de ese ideal que Zapata no pudo condensar en su plan, los continuaremos todos los buenos revolucionarios (...) de hoy en adelante, las generaciones campesinas pasarán por la brecha que Zapata abrió en el corazón de la humanidad.

La asistencia de Plutarco Elías Calles como candidato a la presidencia y sus declaraciones confirieron a la ceremonia un carácter político aún más acentuado. Después del homenaje en el cementerio, se ofreció una comida a Calles, a la que concurrieron más de cuatrocientas personas.

El Universal, del día siguiente, dedicó su editorial a: "El general Calles y el agrarismo". El periodista concluyó afirmando que Calles no podría llevar a la práctica el programa agrarista de Zapata. (38)

Calles, al igual que Obregón, recurrió a la historia mítica para solucionar un problema real a nivel del discurso. Aunque ninguno de los dos tuvo un proyecto agrarista prioritario, sus alocuciones respecto a Zapata daban la impresión de que el agrarismo representaba el centro de sus preocupaciones políticas.

En los años siguientes, la ceremonia fue perdiendo importancia. No volvió a aparecer ningún artículo de fondo sobre el rebelde suriano, sólo se publicaron las noticias relativas al homenaje, a los asistentes (donde invariablemente aparecieron personajes políticos como representantes oficiales), y en algunas ocasiones, relatos de la vida de Zapata o crónicas de su muerte. (39)

Al igual que en el caso de Francisco I. Madero, la rutina se apoderó de la ceremonia dedicada a la memoria de Zapata. Se perdieron los elementos centrales que motivaron el homenaje inicial y se impuso una ceremonia que conservaba la imagen central, pero soslayaba los detalles. Zapata, después de su asesinato y su casi increíble resurrección simbólica, comenzó a convertirse en una imagen más del panteón de héroes mexicanos.

Notas:

    (23) Cosa que permitió a algunos periódicos, años después, afirmar que Victoriano Huerta no autorizó el crimen.

    (24) Rumor que llegó a Zapata a través del periodista William Gates.

    (25) Womack, 1969, pp. 316-325.

    (26) El Demócrata (viernes 11 abr. 1919), p. 1, con grandes encabezados a ocho columnas.

    (27) Viernes 11 de abril de 1919, p. 1, encabezados a ocho columnas.

    (28) Citado por Krauze, 1987, p. 122.

    (29) Womack, 1969, p. 324.

    (30) Nombre del artículo editorial.

    (31) Lunes 10 de abril, segunda sección, p. 9.

    (32) Encabezado del artículo.

    (33) Lunes 10 de abril de 1922, primera sección, p. 3.

    (34) Segunda sección, p. 9. El Universal ya no publicó ninguna noticia el día 11. Excélsior no editó nada al respecto en los días relacionados con la conmemoración.

    (35) Martes 10 de abril, p. 3.

    (36) El Demócrata (viernes 11 abr.), encabezado a ocho columnas.

    (37) Viernes 11 de abril de 1924, p. 1.

    (38) Nuevamente Excélsior ignoró las noticias relativas a la conmemoración de la muerte de Zapata.

    (39) El Demócrata publicó notas sobre Zapata hasta 1926; El Universal por lo menos hasta 1929 y Excélsior siguió sin publicar nada al respecto, hasta 1929.

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Fuente:

Leticia Mayer. "El proceso de recuperación simbólica de
cuatro héroes de la revolución mexicana de 1910
a través de la prensa nacional". En la Revista:
Historia Mexicana
, No. 178, octubre-diciembre
1995, p. 353-381. (Selección de texto sobre
Emiliano Zapata, p. 363 a 371)