INVENTER UNE MÉMOIRE MYTIQUE POUR CRÉER UNE IDENTITÉ
NATIONALE.

Por Jacqueline Covo-Maurice.


Extracto:

    Antes de llegar al mito de Zapata, que luego desarrollaré, evocaré uno de los mitos fundacionales mexicanos, quizás poco conocido por los no mexicanos.

    El mito, una narración de los orígenes, se desarrolla a partir de la realidad, contiene una parte de la realidad.

    Emiliano Zapata existió, está atestiguado por los historiadores.

    Probablemente más que el apóstol Madero, el gran demócrata burgués, más que Francisco Villa, el generoso bandido, ambos igualmente mitificados, la figura histórica de este líder campesino que supo formular las demandas agrarias de los campesinos y las defendió implacablemente hasta que su asesinato por traición fue apto, en un país entonces predominantemente rural, para convertirse en uno de los héroes fundadores de la identidad nacional.

    El histórico Zapata era un hombre joven, ciertamente representativo de una clase social, el campesinado pobre, pero lo suficientemente alto en la escala de ese grupo para encarnar una aspiración de progreso social.

    Dio a los campesinos mexicanos una conciencia de sus derechos, el cuerpo de doctrina en el que se fundaron, el "Plan de Ayala" reconocido posteriormente por la Constitución, y por tanto su legitimación como grupo social (dimensión de la que se priva a Pancho Villa).

    Pero el héroe mítico no es el "Superman" literario de Umberto Eco, como el Superman con poderes sobrenaturales.

    Zapata es un hombre derrotado, como Cuauhtémoc, Hidalgo, Madero y Villa, y quizás por eso se presta tan bien a la identificación catártica de un pueblo perpetuamente traicionado: su representación ha sido capaz de liberar y canalizar la emoción individual y colectiva.

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Fuente:


Jacqueline Covo-Maurice.
Inventer une mémoire mytique pour
créer une identité nationale.
Universidad de Alacante.
París, Francia, 2008. 14pp.
Tomado de la Biblioteca Virtual
Miguel de Cervantes.

Traducción realizada con Deepl.