JESÚS SOTELO INCLÁN Y SUS
CONCEPTOS SOBRE EL
MOVIMIENTO ZAPATISTA

Por Alicia Olivera de Bonfil y Eugenia Meyer


    INDICE

    Introducción

    Entrevista realizada con el maestro Jesús Sotelo Inclán, el 15 de enero de 1970, por Alicia Olivera de Bonfil y Eugenia Meyer.

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Fuente:

Alicia Olivera de Bonfil y Eugenia Meyer. Jesús Sotelo Inclán
y sus conceptos sobre el movimiento zapatista.

Instituto Nacional de Antropología e Historia.
México, 1970. 30 pp.

Presentación

Jesús Sotelo Inclán nació en la ciudad de México el 4 de diciembre de 1913, que fue, según nos dice, "el año de la Decena Trágica", y se crió en la "época del hambre".

Su formación, como profesor normalista, además de su preparación universitaria, le brindaron la oportunidad de formar parte de una generación sumamente inquieta en cuestiones politices, y le han permitido poseer una gran disciplina en sus investigaciones.

En 1934, Sotelo Inclán publicó su trabajo sobre Emiliano Zapata. Fue el primer intento formal, desde el punto de vista de la investigación, para entender el movimiento agrario del Sur, dentro de un marco histórico apropiado.

Para tal efecto recurrió a los Archivos de la Nación, pero, sobre todo, a archivos particulares no conocidos, entre ellos el importantísimo del pueblo de Anenecuilco, que se encontraba en poder de don Francisco Franco, importante jefe del movimiento revolucionario de Morelos.

Sotelo Inclán supo ganarse la voluntad de este hombre que, como Zapata, era en extremo cauto, obteniendo su confianza a tal grado que, al morir Franco, lo hizo depositario de su archivo para que él lo entregara a quien creyese conveniente.

Superfluo, es decir que su obra ha sido fuente fundamental en todas las investigaciones posteriores sobre el caudillo sureño. Es por ello que ésta entrevista está enfocada desde el punto de vista del historiador de la Revolución Mexicana de 1910.

Sus comentarios empíricos sobre la investigación resultan muy interesantes porque muestran una visión muy distinta de la que generalmente conocemos.

Por otra parte, demuestra cómo pueden lograrse óptimos resultados, careciendo muchas veces -como él lo dice- de los elementos básicos con los que cuenta en la actualidad un investigador. Es decir, apoyo económico, amén de otras necesidades como son las grabadoras, micropelículas, equipos adecuados de gente, etcétera.

Sin embargo, Sotelo Inclán logró con éxito la realización de su proyecto, y su libro, como ya lo hemos dicho, fue una firme base para otras investigaciones sobre este tema.

Seguramente el autor publicará alguna vez otra obra sobre el agrarismo mexicano y su circunstancialidad actual, pero mientras, creemos que sus ideas incluidas en esta entrevista, pueden proporcionar información que arroje luz al respecto.

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Entrevista realizada con el maestro Jesús Sotelo Inclán, el 15 de enero de 1970, por Alicia Olivera de Bonfil y Eugenia Meyer.

E.M.- Maestro, nuestro interés primordial en esta entrevista, se origina en el impacto que causó la publicación de su libro Raíz y Razón de Zapata (1); el que consideramos cambió el enfoque que hasta entonces se había dado a dicho personaje; es cierto que a partir de entonces han aparecido otras obras significativas sobre Zapata, como las recientes de John Womack (2) y de Robert Millon (3), por no citar más que las últimas. Sin embargo, seguimos pensando que su obra fue definitiva para la investigación histórica no sólo de Emiliano Zapata, sino del zapatismo.

A.O.B.- Queremos principiar esta entrevista por preguntarle a usted algo sobre su origen y formación profesional, en forma breve.

Prof. J.S.I.- Muy bien, porque yo me iría realmente hasta mi nacimiento si fuera posible, y las fechas son 4 de diciembre de 1913, es decir, soy del "año de la Decena Trágica" y me crié en "el tiempo del hambre" en que la ciudad de México sufrió mucho porque no había qué comer, de manera que yo soy hijo de la época del hambre; la gente se peleaba por cáscaras de tunas en la calle -me cuenta mi madre-, y creo que hasta una vez me prestaron para que, utilizándome alguna persona obtuviera víveres, porque sólo a los que llevaban a un niño cargando les daban víveres en las colas. A mí me gusta mucho haber nacido en esa época, en el año del hambre de México, pues fue mi primer contacto con los problemas del pueblo.

A.O.B.- ¿En dónde nació usted?

Prof. J.S.I.- En la ciudad de México; me siento muy ligado con Xochimilco porque mi madre es de allá y mis afectos derivan mucho hacia la vida pueblerina, y debe ser por eso por lo que mi infancia fue así. Claro, pasé por Xochimilco, por otros pueblos, por Santiago Tepalcatlalpan, San Lucas, todos los pueblos que fueron visitados por los zapatistas durante un buen tiempo.

A.O.B.- Maestro, se nos ocurre una pregunta, ¿usted habla náhuatl o entiende usted náhuatl?

Prof. J.S.I.- No, no hablo náhuatl; lo quiero adivinar, porque es un tesoro, pero no lo hablo. Todavía mi madre cantaba algunas canciones en náhuatl y en su pueblo se hablaba náhuatl, pero supongo que ya ahora nadie lo habla.

A.O.B.- O si lo hablan esconden el hecho, ¿verdad?

Prof. J.S.I.- Lo esconden, sí; es una desgracia.

A.O.B.- Pasando rápidamente a otro tema quisiéramos saber algo de sus primeros estudios. ¿Usted estuvo en primaria?, ¿en qué escuela?

Prof. J.S.I.- Bueno, son cosas que no pude evitar, y finalmente llegué a la Preparatoria, con todo lo anterior. Sí, me satisface haber sido hijo de la Secundaria No. l; de mis maestros de primaria tengo recuerdos afectuosos para mí, mi Secundaria No. 1 y luego la Preparatoria Nacional en el viejo edificio de San Ildefonso.

Creo que en mí influyeron mucho las pinturas de Orozco; hay una pintura -y que la haya por siempre-, la pintura de las soldaderas que me atraía, me pasaba yo tardes enteras con la luz que le da precisamente del Poniente, viendo esta pintura que para mí fue emocionante, realmente creo que fue el contacto estético con la Revolución para mí; y en la Preparatoria se hizo un mundo muy completo en que realmente me cuajé, al mismo tiempo que en la Nacional de Maestros.

Yo soy profesor de carrera, y en la Nacional de Maestros y en la Preparatoria hice estudios casi simultáneos, diríamos, y fue entonces cuando alcancé yo los destellos de la Revolución Mexicana a través de maestros que habían sido combatientes en algún campo de la Revolución.

A.O.B.- ¿Recuerda usted algún maestro en especial, algún maestro que influyera definitivamente?

Prof. J.S.I.- Pues definitivamente tuve algunos maestros que influyen todavía; don Antonio Díaz Soto y Gama, de modo muy especial en ese aspecto del zapatismo.

Realmente yo no tenía razones para ser zapatista, porque nací cuando Emiliano andaba en la lucha, ni por dónde conocerlo, ni nada, y realmente de Emiliano Zapata, a mi casa, únicamente llegaron sustos; cada entrada de carrancistas o de zapatistas daba lo mismo para un niño atemorizado, porque los abuelos, mi abuelo Gabriel Inclán, salía corriendo del pueblo para refugiarse con los hijos, porque entraba una fuerza revolucionaria y había que refugiarse en la ciudad de México; de manera que yo tenía una formación antizapatista, como niño, por el miedo que nos daban esas incursiones.

Y con don Antonio Díaz Soto y Gama de un modo que en mí ha sido muy fuerte, un modo antagónico, se me impuso la figura de Zapata.

Don Antonio, sabemos todos, fue uno de los colaboradores ideológicos de Zapata, que mantuvo el fuego de la admiración por este caudillo popular, y él, como maestro y como profesor ilustrado, lo exaltaba; haciéndolo francamente el tema principal de su clase, y por antagonismo, digo, él nos enseñaba con una tendencia incisiva, nos procuraba molestar con el personaje.

Recuerdo, entre compañeros también muy cercanos a mí, al licenciado Álvaro Gálvez y Fuentes, compañero mío, y nos atrevíamos a refutar al maestro, claro, con argumentos que sacábamos de los libros; él, con su experiencia, nos fustigaba y nos acicateaba, de manera que mi posición frente a Zapata fue en esa época contradictoria, es decir, antagónica, enemiga, discursiva, en contra del personaje, porque sabíamos todos los niños de la ciudad de México que era un bandido; era la noción que se nos había dado del tremendo caudillo, que bajaba y asolaba a los pueblos y quitaba las propiedades.

Y en la ciudad de México se pensó que -los periódicos lo decían- las familias indefensas pensaban realmente en Zapata como un Atila, como un monstruo tremendo.

Esto, agregado a las prédicas de Vasconcelos y otros grandes intelectuales, hacían pensar que Zapata era un monstruo, visible y posible, contra el que había que luchar. Al ver que lo exaltaba el maestro, estábamos en contra suya, de manera que yo fui guerrillero, digamos, de aula, en contra de Emiliano Zapata.

A.O.B.- Bueno, dada su formación profesional como maestro, era de pensarse que se hubiera interesado en los estudios pedagógicos, pero podría haberse interesado en cualquier otra especialidad. Sabemos que usted se interesó en los estudios históricos precisamente. ¿Este interés parte de su liga con don Antonio Díaz Soto y Gama o de su formación posterior?

Prof. J.S.I.- Pues yo no me interesé en los libros históricos, en las ediciones históricas; posteriormente ellas me interesaron, me jalaron, a mí no me interesaba la historia; me interesaba como una cosa que ya mencioné, como base de una expresión estética de México; entonces yo buscaba una expresión estética (que inclusive no sé si esté muerta en mí, lo que lamentaría mucho); pero efectivamente, la investigación histórica la mató porque yo me propuse -así lo decía en una solapa de mi libro-, me interesaba hacer una obra dramática.

Como un personaje dramático me parecía que Zapata y todos los demás personajes de la Revolución eran personajes shakespirianos, por las pasiones (por los muchos muertos que hay en las obras de Shakespeare), o sea, que los mexicanos podrían ser buenos personajes de tragedia, porque hacían muchas muertes como las de Shakespeare; entonces quise hacer yo estética y dramática mexicana con estos personajes, solamente que la historia fue más grande que la afición dramática.

Realmente, cuando buscaba yo en Emiliano a un combatiente por la tierra, me encontré que no era él un solo combatiente: había un pueblo detrás de él y la tragedia del pueblo y la lucha del pueblo era mucho más grande, pero infinitamente más grande que la de un hombre, y así expliqué yo a Zapata.

Zapata no es uno, ni importa el uno, Zapatas son muchos detrás de él, y no detrás de ese momento, porque no me estoy refiriendo nada más a los hombres que iban con él a la lucha, me estoy refiriendo a siglos antes y a muchos lugares lejanos de la República Mexicana, que coinciden todos en la lucha del campesinado por la tierra.

Entonces realmente encontré yo que el drama de Emiliano como hombre (pudiendo dar lugar a una obra dramática, a una película o a una novela) resultaba pequeño.

Hay momentos en que la historia del pueblo de Zapata, Anenecuilco, es mucho más fuerte que cualquier obra de teatro, porque no es un hombre, sino un pueblo el que se está angustiando, el que está luchando, el que está agonizando, en el sentido de lucha, de manera, que en realidad la historia me resultó más fuerte que la ficción.

De igual modo quedé interesado en la historia de otros personajes; tengo investigaciones sobre Ignacio Manuel Altamirano que son absolutamente desconocidas para cualquier altamiranista; no se conoce a Ignacio Manuel Altamirano, y así como él, hay otros personajes.

Es que ustedes saben, digo, todos los que sepan historia, que en México todo está por investigarse, cada campo debe ser investigado, y así resultó el de Zapata.

E.M.- ¿Qué otras figuras le han interesado, maestro, en sus investigaciones, aparte de Altamirano?

Profesor J.S.I.- Tengo investigaciones -pero originales- sobre el poeta Gutiérre de Cetina; sobre doña Marina, me interesó mucho el drama del mestizaje, allí sí logré hacer una obrita de teatro, pero mejor hubiera hecho una investigación, hubiera resultado mejor, porque lo que pasa es que el mexicano no puede acercarse todavía a su historia porque no está hecha.

Tenemos personajes de una profundidad, de una dimensión, que es extraordinaria en todas las épocas, pero los mexicanos no podemos todavía asimilarlas, ni expresarlas, porque todavía ni las tenemos investigadas totalmente, ni las tenemos entendidas y todavía no las amamos lo suficientemente, como debiéramos amarlas porque son, estoy hablando de muchos personajes, casi todos los personajes de la historia de México (aun siendo uno contrario a su posición vital); resultan admirables y extraordinarios porque representan esa posición de modo extraordinario, de modo peraltado, es decir, tenemos en México una pasión histórica por nuestros personajes que todavía no hemos sabido captar lo suficiente.

Lo digo porque también he estudiado personajes de la Reforma que no son todavía lo suficientemente conocidos, no solamente en el aspecto de los datos biográficos, sino como motores espirituales.

El drama de los hombres de la Reforma frente a la Iglesia es un drama tremendo, y es porque el mexicano todavía está luchando con las cuestiones espirituales, con las cosas legales, las cosas institucionales, las cosas nacionales.

E.M.- ¿Y de la Revolución, qué otro personaje le ha interesado aparte de Zapata?

Profesor J.S.I.- Pues lateralmente todos, particularmente Guajardo, que es el victimario de Zapata; me interesa extraordinariamente (porque el historiador debe ser interesado), aun cuando sea por estar en contra.

Me parece que Guajardo es una fuerza tremenda, representativa de la violencia, de la ceguedad de los hombres de la lucha en la Revolución y, sin embargo, es un hombre representativo de grupo en su momento; tengo también sobre él investigaciones muy curiosas que a la hora en que las digo no me las creen, pues parecen inventadas.

Es más fuerte la historia de México que la novela o que el teatro o que cualquier creación literaria, porque tiene resortes muy poderosos, muy vitales.

E.M.- ¿Y no ha trabajado usted con Huerta, ya que es otro de los, vamos a decir, enemigos, repudiados?

Profesor J.S.I.- Pues realmente Huerta no, me parece obvio, pero no, debe ser también tremendo, sobre todo lo que hay detrás y a los lados de Huerta; porque lo mismo Huerta y el que dije, Guajardo, no interesan como hombres ni es para ponerles un monumento o no.

Representan fuerzas actuantes de la historia de México y eso es lo que importa; realmente ellos pudieran ser condenados o no, pero eso no interesa, lo que interesa es lo que representaron y lo que representan, las potencias, lo que pueden ser todavía.

Huerta es el militarismo, que por fortuna en México está muerto como eso, como militarismo; en cambio, el ejército se ha purificado como institucional servicio del gobierno de un pueblo.

A.O.B.- Maestro, volviendo a la investigación sobre Zapata, ¿quisiera usted referirnos algunas experiencias, en especial durante su investigación en el pueblo de Anenecuilco y alrededores?

Profesor J.S.I.- Pues son muchas.

A.O.B.- ¿Algunas que quisiera mencionar, sobresalientes?

Profesor J.S.I.- Pues debo mencionar la principal. Después de haber buscado a muchos personajes sobrevivientes, mi primer contacto, ya en el campo histórico, fue frente a la tumba de Zapata.

Estando frente a la tumba de Zapata me acerqué a preguntar a unos campesinos si habían ido a la Revolución; dijeron que sí, y preguntando sobre lo que sabían de Zapata expresaron esta frase: "No, el que está muerto allí, el que fue enterrado allí no es Zapata, a Zapata no lo enterraron, Zapata está fuera de allí".

Entonces me interesé en el por qué, y fui recogiendo la vivencia del Zapata no asesinado, sino del Zapata vivo, que es otra tremenda fuente de inspiración e investigación.

No porque sea verdadera o no, eso no importa, sino porque es la emoción del pueblo en relación con un caudillo; entonces me interesó mucho el documento de todos los hombres.

Me tardaría mucho en hablar de lo que es el mito de Zapata; el libro que yo hice fue un libro de raíz, es decir, de lo real; pero cuando yo pudiera escribir no tendría fuerzas para escribir el libro del mito de Zapata, ya que no hay libro que lo pueda contener porque es una fuerza de una proyección viva todavía muy fuerte, pese a que han pasado -este es el cincuentenario de la muerte- 50 años desde la muerte de Zapata y de que podemos ya dar realmente por muerto físicamente al hombre; pero la fuerza de él es extraordinaria, la prueba es que todavía enciende el interés de los historiadores en sus libros, cuyo interés mismo es ése, no es el historiador, es el personaje.

Tenemos documentación y testimonios tremendos; todavía en Sudamérica, Emiliano Zapata es una figura de leyenda y de bandera; en México, pues también.

Mi experiencia personal, claro -debo sistematizar un poco-, fue mi contacto con Francisco Franco Salazar, en el pueblo de Anenecuilco; no era un indígena porque ya no los hay. Los pueblos campesinos no son de indígenas siempre, sino de mestizos. Emiliano Zapata tampoco era indígena.

Los retratos hechos. por Diego Rivera de Emiliano Zapata como indio, son valores estéticos, pero no son valores efectivos porque no era indio Zapata, Zapata era un mestizo. Francisco Franco Salazar, quien fue primo hermano de Emiliano, se conocieron de niños, me reveló, por ejemplo, la existencia de toda una escuela en Anenecuilco.

Tengo un capítulo que no sé cómo publicar porque no cabe en un librito, que se llama La Escuela de Anenecuilco, donde se ve la sucesión de maestros que hubo allí, porque las escuelas de pueblo, en México, no es verdad que no hayan existido antes de la Revolución; la Reforma creó muchas escuelas, y Franco Salazar desde la escuela, dije, conoce a Emiliano Zapata, lo sigue como joven y junto con él recibe lo que es la base fundamental de mi investigación, la documentación, el testimonio de lucha del pueblo por sus tierras, documentación que como ustedes saben se formó en la época colonial a través de litigios en que tenían más o menos razón los indígenas; digo, razón legal, en cuanto a los documentos que presentaban, porque las leyes españolas vinieron a cambiar toda la verdad de la propiedad mexicana prehispánica y se pierden los valores; después resulta que los indios son los que no tienen documentos, los documentos aparecen en gentes que supieron hacer la documentación de acuerdo con las leyes españolas, del Derecho Romano y todo lo demás que vino; pero esos documentos pasaban en el pueblo degeneración en generación, como todavía . sucede, pues, repito, el caso de Emiliano Zapata no es singular, no es único, en todos los pueblos hay Emilianos Zapatas que lucharon, que recibieron de antiguo, de sus abuelos de los padres, de viejos del pueblo, ancianos que formaban los consejos, que son reminiscencia de los calpulis y de toda la vida, mexicana, recibieron documentación que hacían valer y cuya vida estaba ligada a la vida del pueblo y ellos estaban, por decirlo así, jurados, juramentados a hacer cumplir.

Emiliano Zapata es el depositario en un momento dado -tenemos la fecha exacta, casi la hora-, porque Francisco Franco Salazar tenía una memoria excelente y como testigo actuante me reconstruía cada frase verdaderamente, el desarrollo mismo de los sucesos.

Entonces, en la junta del 9 de septiembre de 1909, Emiliano Zapata es nombrado, electo en elección democrática, representante de la junta de defensa de las tierras del pueblo de Anenecuilco, y Emiliano Zapata en virtud de ese mandato es que actuó.

Cuando se va a la Revolución entierra los documentos en la escalera del templecito de Anenecuilco, se va a la Revolución y los documentos quedaron allí; después Francisco Franco los recogió, los retuvo y cuando yo lo conocí no se abrió inmediatamente, no se franqueó conmigo; fueron cinco años de cortejar el lugar, tratarlo y frecuentarlo para que pudiera él acceder a enseñármelos una vez; luego accedió a prestármelos, accedió a pensar que yo los pudiera tener.

Los tuve un tiempo en la ciudad de México. Es ésta la documentación principal del libro (por cierto que no sé ahora dónde está; quizá en poder de las autoridades ejidales de Anenecuilco); yo no quise tenerla porque hubiera querido hacerla llegar a una institución, pero no logré hacer que las autoridades de la época de don Manuel Ávila Camacho me hicieran caso para hacer un monumento-museo para esos documentos. Creo que se hará pronto, ahora sí vamos a trabajar rápidamente en ello para que no se pierdan esos documentos.

No se perderían del todo porque son copias de originales del Archivo General de la Nación, de allí proceden, de manera que no se perderían del todo, pero sí son los testimonios que tuvo en la mano Emiliano Zapata y esos documentos fueron los que dieron el contenido a mi primer libro.

Más tarde, cuando Francisco Franco Salazar se sentía morir -porque sufrió un asalto en su casa- (digamos que murió asesinado, por cosas de posiciones políticas y de tierras); cuando él marchaba pues, a lo que fue su muerte, en camilla, al salir de su casa, ordenó que me entregaran a mí una serie de documentos que tenía por allí, todavía escondidos, y me los hicieron llegar.

En esos documentos tuve sorpresas más grandes que las que había tenido antes. Aparece la figura de un personaje, José Zapata, que vive por 1870 y muere por 1876; pide las tierras del pueblo a don Porfirio Díaz que anda por allí.

Don Porfirio Díaz se va a refugiar al pueblo cuando anda de rebelde contra Benito Juárez, los del pueblo lo amparan, lo ayudan, lo protegen, lo hacen escapar, él les promete las tierras; después no les cumple.

Este personaje, José Zapata, es excepcional porque el apellido lo emparenta indudablemente con Emiliano; sin embargo, este personaje no es único, se localizan muchos nombres de otros personajes representantes de su pueblo, pero lo notable es que este José Zapata deja dos cartas, una de ellas firmada por él, y en la otra está solamente su influencia; están dirigidas a Porfirio Díaz, y en ellas le piden las tierras por la promesa que les había hecho.

Realmente en esas cartas está ya el espíritu de Emiliano, y todavía el niño no había nacido; nació como tres años después de la muerte de José Zapata, esto habla mucho de la continuidad, de eso que es la tradición de los luchadores, y que hace de Emiliano un personaje mucho más grande que él, como hombre individual; pero un hombre individual que tiene una dimensión suya, su estatura propia, un hombre que representa una cadena de hombres anteriores a él, pues es un hombre que representa una entidad mucho más alta que la suya propia.

No le resta grandeza a Emiliano, sino que la acrecienta de modo increíble porque viene a ser ése: representante de una continuidad racial, social, de luchadores y combatientes que están firmemente asentados en su pueblo.

Mi libro y otros documentos hacen ver cómo siempre se quiso desplazar a los seres de Anenecuilco y cómo nunca se les pudo desplazar, porque tuvieron esa fuerza, esa que yo llamo la raíz, que es lo que hace que a los árboles no los tumbe el viento.

Muchos movimientos, casi todos los movimientos de la historia de México, tendieron a despojar a los campesinos de sus pueblos para hacer de ellos haciendas o anexos de latifundios, y los indios se sostuvieron, pese a persecuciones y desgracias, firmemente asentados en sus tierras; y eso es Emiliano Zapata, el producto de esa raíz que tiene miles de años.

No se ha estudiado bien a Anenecuilco; yo estoy pidiendo que se hagan investigaciones arqueológicas y exploraciones, porque los del rumbo son pueblos antiquísimos, que vienen del Preclásico; en derredor de Anenecuilco hay unos pueblos, como Xochimilcatzingo, como Olintepec, que por haber sido destruidos en la época en que Anenecuilco no lo fue (por el año de 1603-1606), por haber sido distribuidos, digo, conservan casi a flor de tierra sus testimonios arqueológicos.

Olintepec tiene verdaderos montículos que delatan la existencia de terraplenes de los templos.

Anenecuilco, pese a la ocupación tan grande que ha tenido, debe contener testimonios muy arcaicos, de una antigüedad muy profunda, de miles de años, que demuestran una ocupación humana permanente en lucha con las conquistas de mexicanos; españoles y hacendados, terratenientes, órdenes religiosas como la de los dominicos, los hipólitos, que quitaron tierras a los pueblos de modo ignominioso.

A.O.B.- Maestro, se ha hablado alguna vez de que Jaramillo es continuador de la tendencia de Zapata: ¿usted qué opina?

Prof. J.S.I.- Es de las figuras que debo estudiar mucho todavía; debe estudiarse mucho esta figura porque, efectivamente, hay detrás de él una serie de vivencias muy fuertes. Creo que de aquí a pocos años, podrá haber un historiador que pueda decir todo lo que hay que decir sobre Jaramillo.

A.O.B.- ¿Qué giro cree usted que haya tomado la conciencia del zapatismo a partir de los años cuarenta, que es más o menos cuando escribió usted su libro?

Prof. J.S.I.- Bueno, el zapatismo por este lado se convierte en eso; en investigación, que apasiona mucho a los intelectuales; hay un zapatismo intelectual.

A.O.B.- ¿Eso entraría dentro del mito?

Prof. J.S.I.- Pues sí; Zapata mítico, está muy ligado a los poetas, los pintores de México han dado testimonio; han hecho de Emiliano Zapata una figura central. Hasta antes de que apareciera la pintura abstracta, Emiliano Zapata fue un tema obligado de los pintores mexicanos (solamente Diego Rivera debe tener unas diez o quince maravillosas creaciones pictóricas), y en la novela, la poesía popular o semiculta hay muchas imágenes de Emiliano Zapata.

Había que buscar a Emiliano Zapata en el campo. No sé cómo esté Emiliano Zapata en el campo, supongo que un poco deformado por algunas informaciones intelectuales, pero la fuerza de Emiliano Zapata es muy poderosa, es muy permanente y eso es lo terrible; digo lo terrible para los que han pensado en que se pudiera destruir, muy persistente, porque es la permanencia del campesino necesitado de tierras y de otros beneficios.

En realidad, el campesino mexicano, si Emiliano Zapata viviera, habría cambiado ya bastante; los mismos campesinos morelenses ya deben cambiar, ya no es la misma tecnología de la tierra, y quizá hasta podríamos decir esto que es muy difícil, la forma de tenencia de la tierra ya no corresponde a las circunstancias en que vivió Emiliano Zapata.

Lo válido de Emiliano es el impulso, la fuerza, la pasión, la pervivencia en la lucha por los problemas campesinos; eso no se acaba, eso cambiará de aspecto, cambiará de forma; por eso, digo, para ya desviarme del zapatismo literario y libresco, que tiene importancia como documento, como testimonio, como alegato; el zapatismo como vivencia es una fuerza tremenda.

Creo que es una de las figuras que imantará al pueblo de México todavía por muchos siglos, y no solo a México, sino que pese a las muchas restricciones fronterizas, es una figura que apasiona muy fuertemente a todos los que consideran estos problemas sociales con cierta.... pues con pasión, o con interés simplemente.

A.O.B.- ¿Usted piensa publicar algún trabajo utilizando todo este material que conserva?

Prof. J.S.I.- Sí, hace 30 años que estudio el tema; hace 25 que publiqué el primer libro, y nunca quise hacer el segundo porque todos los días me llegan nuevos datos, un nuevo dato me hace pensar en otro; pero ya viene la segunda versión de Raíz y Razón de Zapata en que incluyo lo que tengo hasta este momento, que es mucho, que no cabe todo en el libro, pero que ya tiene que darse porque si no se va a quedar.

Tengo muchos documentos que transcribir, y no cambio el enfoque; se ha fortalecido tremendamente, se ha enriquecido muchísimo la información sobre lo que fue la base espiritual, tradicional y emotiva de la lucha de Emiliano Zapata.

A.O.B.- ¿Podría usted darme su opinión sobre el último libro de Womack, a quien supimos que usted le dio datos y lo auxilió en alguna forma?

Prof. J.S.I.- El libro de Womack es muy importante porque es un libro académico, es decir, no es un libro ni partidista ni político; es un libro académico de un gran investigador de muy serios recursos técnicos de investigación, muy objetivo, que nos ha dado un repertorio magnífico y ha hecho una muy buena bibliografía.

Criticándolo en cierto modo, le han señalado algunos lunares de los que no podría dejar de adolecer ninguna obra; pero es un libro muy importante, sobre todo como instrumento para seguir trabajando el tema.

A partir de Womack se pueden dar ya nuevos enfoques, principalmente de interpretación emotiva, de interpretación un poco más emocional porque la obra de Womack es muy técnica; creo yo que es muy importante, y desde luego hasta este momento no tenemos los mexicanos, por desgracia, una obra que abarque, por lo menos en cuanto al sistema y en cuanto a la extensión, todo el lapso que debe ser comprendido por muchos zapatistas.

La obra del general Gildardo Magaña está incompleta; la mía se propuso quedar hasta cierto momento, y otros testimonios muy importantes, como el de Porfirio Palacios, resultan ya breves y compendiados con respecto a la de Womack. El de Womack, creo que es un magnífico libro para seguir trabajando adelante, de manera que creo que es una buena aportación.

A.O.B.- Maestro, ¿podría decirnos algo sobre lo que opina usted del estado de la investigación histórica en México actualmente?

Prof. J.S.I.- ¡Ah!, yo no sé nada, yo soy un pobre ratón de un agujero solitario, no sé nada.

A.O.B.- Pues su libro no indica eso; manifiesta una técnica muy avanzada y muy escrupulosa.

Prof. J.S.I.- Pero fue la técnica de un profesorcito particularmente preparado hacia ese rumbo; mi formación, como usted dijo, es de profesor normalista; yo debía hablar de pedagogía, pero me gusta más la historia; en realidad no sé nada de la investigación, no sé ni siquiera si hay investigadores, ni si tienen ayuda de alguien, ni si alguien les hace caso; yo sé que tengo que hacer un libro, trabajar sábados y domingos y por las noches hasta muy noche, y que tengo que hacer gastitos de paleografías y de viajecitos, todo esto con un gran gusto que a mí me hace mucho más feliz que andar gastando en deportes o en otras cosas; lógicamente ha sido para mí una felicidad la investigación histórica, pero digo, eso es lo que yo sé de la investigación, lo que yo soy; fuera de mí no sé si hay investigación, ni siquiera si hay instituciones que investigan algo; en eso ustedes me dirán...

A.O.B.- ¿Usted no ha intervenido en la formación de los maestros de historia de la Normal Superior?

Prof. J.S.I.- Sí, como profesor; pero somos eso, somos divulgadores. Tengo hasta un texto de historia que tuvo buena fortuna; seguiré trabajando en ese aspecto, pero así, como divulgador de historia.

Yo a veces me asomo a algunos congresos o a algunos grupos de investigadores que hay y me da mucha envidia ver que hay gente que las 24 horas del día pueden dedicarse a la investigación y pueden andar haciendo grabaciones y muchas cosas más; yo no puedo hacer nada más qué revisar papeles, pasarlos de un lado a otro y tratar de descifrarlos.

He querido hacer un viaje a España para completar la investigación sobre Gutiérre de Cetina, que va a ser una novedad, y no sé cuándo lo voy a hacer, porque, la verdad, lo que yo sé es dar clases; a veces escribo una página de un libro, o un librito, como si fuera una leccioncita de historia y nada más; lo demás fue regalo de la vida, fue buena fortuna haber encontrado una veta magnífica con el tema de Emiliano Zapata, como cualquier gambusino, como cualquier minero que se topó con una veta; tuve algunos instrumentos para encontrarla, tuve muy buena' formación dialéctica, histórica dialéctica; histórica materialista y dialéctica materialista, que fue lo que me llevó a Emiliano Zapata, para no tratarlo como un símbolo estético, sino para tratarlo como ' una realidad en su medio físico, económico, racial, real.

A.O.B.- Bueno, ahora nos conoce usted a nosotros; se supone que estamos especializados en la investigación histórica, aunque eso no significa que siempre lo hagamos bien.

Como usted conoce el trabajo de la investigación histórica, quisiéramos que en plan de mensaje a los estudiantes de historia y a los investigadores actuales, les recomendara o les dijera algo para efectuar una buena investigación, para llegar siempre a un resultado como el que usted tuvo.

Prof. J.S.I.- Bueno, pues no solamente a los investigadores; la investigación histórica debiera ser una investigación pública y obligada para todos los hombres.

Todos debemos dejar un testimonio; el testimonio de cualquier hombre, por insignificante que .parezca, es valiosísimo; cualquier cosa que diga, porque la vivió, porque la intuyó o porque la supo, es muy valiosa como documento humano.

Creo que el valor de la investigación histórica es ése, el de dar documentos humanos a otros humanos; para mí,la investigación histórica representa la forma en que podemos trasmitir una serie de datos que se van a perder.

Qué hubiera dado yo porque cuando hace 25 o 30 años que viajaba por Morelos, hubieran habido grabadoras, no ya de corriente eléctrica, sino de transistores, para poder recoger el habla de esa gente, su emoción; yo vi llorar a indios, a campesinos, a hombres de 60, 70 u 80 años, al recordar a Emiliano Zapata.

Una vez me iba a matar uno porque creyó que yo le iba a llevar noticias de Emiliano Zapata; me recibió en su casa, me alojó, y a la mañana siguiente, cuando me despedía de él, quería que le dijera si yo era mensajero de Emiliano Zapata para irle a decir que lo estaba llamando a la Revolución otra vez.

Cuando yo recuerdo eso, bueno, me pongo frío porque aquel campesino me iba a matar; cuando le di la espalda pensé que no tenía una escopeta aquel hombre, pero que si hubiera tenido una piedra á la mano me la hubiera aventado, porque la emoción en él era muy fuerte; y como esa emoción, muchas más, de mujeres también.

El habla de los campesinos es maravillosa, es un habla inclusive poética; ya le digo, no tengo fuerzas espirituales para poderreconstruir el mensaje del mito que yo todavía escuché sobre Emiliano Zapata, con expresiones que llegan a la poesía, que lindan con la emoción.

De manera que si los jóvenes pueden dejar un testimonio o recogerlo, cualquiera que sea el rumbo, el tema, la calidad, es valioso; más tarde vendrán otros a depurarlos, a completarlos, a darles valor; pero dejemos testimonios, recojamos testimonios, solamente una vez se producen, y si por culpa nuestra no se recogen, no en encuentran; no se trasmiten, se habrá perdido mucho para la humanidad.

Creo que la investigación histórica es la forma de herencia más rica. que pueda haber para los futuros hombres.

A.O.B.- ¿Algo que no esté incluido en nuestro interrogatorio, pero que usted quiera mencionar?

E.M.- Yo quiero hacer una pregunta, maestro. Usted decía que desde que empezó a trabajar, ,o desde que publicó su libro sobre Zapata, en los años cuarentas, ha seguido usted trabajando al respecto; me imagino que volvió muchas veces a Anenecuilco.

¿En qué situación cree que está; se ha estancado, ha continuado o cuál es el estado actual de la lucha agrarista en Morelos?

Prof. J.S.I.- Bueno, no es lucha, no es lucha armada, es lucha de demandas urgentes, es que tiene que transformarse, debemos transformar ya la lucha agraria en técnica agraria; los campesinos ahora están peleando contra lo que siempre pelearon: contra la falta de semillas, por instituciones que les tomen sus productos o los industrialicen, dándoles mayor valor.

Todavía encuentro que el nieto de Emiliano Zapata en el pueblo de Anenecuilco es campesino, con los mismos problemas de su abuelo, cuando que él se debiera haber ya tecnificado o preparado para nuevas formas de vida; es que ya han pasado 50 años de lucha y la lucha debe ser otra.

E.M.- ¿Y a qué atribuye que no sea otra la lucha, otra la forma de luchar; que, como usted dice, el nieto de Zapata no tenga ya una técnica nueva o que no haya cambiado su punto de vista?

Prof. J.S.I.- ¡Ah, es responsabilidad de todos los que pudiéramos haber hecho algo por los campesinos y que no lo hemos hecho! El campesino en México está todavía al margen de muchos beneficios de que debiera estar ya gozando.

No solamente la tenencia de la tierra, quizá ni importara la tenencia de la tierra, quizá la forma de la tenencia de la tierra sea la forma de esclavitud moderna del campesino, porque muchas veces está atado a una tierra árida que ni la puede dejar ni la puede mejorar.

El campesino necesita, necesitamos llevarle una revolución, pero llevársela, porque ésa si no podrá hacerla, el campesino no podrá hacer la revolución técnica y la revolución económica industrial; no, no podrá hacerla.

Allí deben hacer la revolución los que, por estar en algún puesto o saber algo o por tener capacidad económica, porque administran bienes, porque administran leyes, porque tienen la administración pública, la educación misma, pueden hacerlo.

Hay que hacer la revolución en el campo; y ya le digo, la revolución no va a ser por la tenencia de la tierra ni por otra cosa, debe ser precisamente para dar otras formas de revolución.

E.M.- ¿Diría usted que ésa es una nueva fase de la reforma agraria?

Prof. J.S.I.- Pues indudablemente es una nueva fase de la reforma agraria. Creo que si Emiliano Zapata viviera, como quisieran los campesinos que viviera, ya estuviera haciendo la otra reforma agraria, la reforma de los bienes, porque la tierra por sí misma no es un bien.

Creo que de la Biblia nos viene la idea de que la tierra por sí misma es una maldición, en cuanto reclama el trabajo, la fuerza y el sacrificio del hombre; son muchos bienes más lo que necesita el campesino mexicano, y si tiene la tenencia de la tierra no basta y, quizá, eso es su esclavitud.

A.O.B.- Yo visité hace unos meses un lugar muy cercano, a unos cuantos kilómetros de Anenecuilco, la hacienda de San Francisco Zacualpan, hoy ejido "Emiliano Zapata", según los informes que nos dieron. A mí me impresionó profundamente, en forma desagradable, naturalmente, la forma en que viven allí, en el casco de la hacienda, en condiciones prácticamente infrahumanas, 200 familias.

Había momentos en que de los charcos de lodo yo no sabía si eran niños pequeños o animalitos los que salían, y, sin embargo, de eso las personas se sentían muy ufanas, de que ese terreno les perteneciera.

Me meditado mucho, he pensado mucho acerca de eso y no sé, no encuentro la respuesta.

¿Por qué viven en esas condiciones? Esa tierra es de ellos; ¿por qué no la trabajan, por qué viven allí en condiciones tan malas?

Prof. J.S.I.- Pues estuvo usted parada en un polvorín; es la hacienda de San Vicente, que corresponde a San Francisco Zacualpan, y esa hacienda, así como tomé yo a Anenecuilco como representativo de los pueblos de lucha, se puede tomar a San Vicente como tipo de lo que fue la institución hacienda; es allí donde se cometieron los asesinatos tremendos del año de 1856, en diciembre, que provocaron la reclamación de España, por los españoles hacendados o empleados de hacienda de allí, y hay muchas historias más sobre ese lugar; si yo tengo tiempo, que es lo que me falta, pues porque tengo que dar clases y levantarme a abrir la escuela, hablar con los profesores y alumnos, yo haría mi próxima monografía sobre esta hacienda de San Vicente Zacualpan, que está en relación con la de Chinconcuac, donde tengo documentadas algo así como diez matanzas en el siglo pasado, de las cuales los historiadores nunca dijeron nada, salvo de aquella que fue la principal que, como digo, dio lugar a las reclamaciones de España a México y de la invasión que vino junto con la francesa y la inglesa, de manera que es un asunto importantísimo.

Ahora, ¿por qué vive así esa gente? Pues por eso, porque no se les ha dado bienes, no bastan los elementos materiales básicos como la tierra, no; hay una serie de bienes más que añadir a la tenencia o la posesión de la tierra.

La hacienda de Zacualpan, de San Vicente, para mí es un símbolo extraordinario; San Vicente quiso destruir como hacienda al pueblo, a la gente, hubo algunas matanzas allí muy dramáticas y parecía que la hacienda acabaría con el pueblo; finalmente la Revolución Mexicana, y con ella los campesinos, acabaron con la hacienda; por eso esas ruinas son la manifestación exactamente de la política de haciendas o pueblos, y sobrevivió el pueblo; la hacienda, eso sí, estaba mejor tecnificada, más sistematizada; la vida del pueblo mexicano, de los pueblos como extensiones territoriales, políticas, tienen mucho que recibir todavía, necesitan mucho para ser verdaderamente pueblos felices desde el punto de vista de la comodidad y de los bienes.

Tienen una felicidad que es la que les dio la Revolución Mexicana: la felicidad de la libertad y de la dignidad, de no verse sometidos ni ultrajados por una institución superior que los aplastaba, que les negaba derechos de su existencia, inclusive que los condenaba a ser eternamente sus peones.

Pero modernamente ya necesitan hacer otra cosa esos pueblos; creo que México está pisando exactamente la entrada a este momento en que se ve que el campesino mexicano, después de conquistar él lo que pudo, la tierra, debe ser atendido en muchas otras cosas, porque si no su revolución sería mucho más amplia, ya no sólo por la tenencia de la tierra, sino por la tenencia de todos esos bienes materiales, económicos y culturales que les estamos negando, una serie de personas bien establecidas dentro de la sociedad urbana e institucional.

De manera que esa gran revolución, si no se las hacemos ya, un día la harán los campesinos, pero ya no sólo por la tierra, sino por una serie de cosas sin las cuales no pueden vivir eternamente.

E.M.- Hay un detalle que quisiera comentar. El año antepasado, cuando fue el movimiento estudiantil, se habló mucho de las peticiones que habían demandado los campesinos a los estudiantes.

Era la primera vez, creo, en mucho tiempo, que los estudiantes se hacían conscientes de necesidades no sólo políticas, sino de tipo social del país.

A nosotros nos interesa saber qué opina usted al respecto, no tanto del movimiento estudiantil, sino de la relación o del intento de comprensión, si así se le puede llamar, de los estudiantes en función de estos problemas.

Prof. J.S.I.- Pues efectivamente, los estudiantes son el gran canal para acercarnos a la comprensión de estos problemas. Creo que los estudiantes son el más maravilloso de los vehículos para sentir esta necesidad.

Lo malo es que los estudiantes un día ya no son estudiantes, se convierten en funcionarios; los que son más revolucionarios, después son, los más, funcionarios, y entonces se olvidan y sigue la misma historia; hay otros jóvenes que van a ver las mismas necesidades, pero que a su vez van satisfaciendo las suyas propias y van olvidando las de los campesinos.

De manera que es muy buen camino el de los estudiantes, lo malo es que hagan la lucha los estudiantes en contra de las instituciones que están establecidas y se vayan a olvidar de las que ellos van a manejar; porque un estudiante no es más que una cosa provisional, un estudiante no es nada definitivo, no es nada estable, un estudiante es una cosa que no va a ser, que va a dejar de ser.

¿Qué es lo que va a ser un estudiante? Pues va a ser eso, va a ser un propietario, va a ser un beneficiario de dones, de riquezas, y entonces se va a olvidar ese estudiante; ojalá que no se olvidara.

De manera que los estudiantes de ahora no me importan, por ahora; me importa lo que van a ser más tarde, a ver si de veras van a ser revolucionarios, más tarde, porque el que se llamen revolucionarios ahorita que no tienen nada, que cuentan con su papá y su mamá, que les dan dinero, eso no tiene chiste; que sean revolucionarios cuando ellos tengan y puedan dar, entonces sí, a ver si entonces son revolucionarios.

Yo casi no he creído nunca en los revolucionarios cuando son jóvenes; yo creo en ellos cuando son maduros, entonces es cuando vamos a ver si de veras lo son.

Porque conocí muchos estudiantes, compañeros míos, yo también fui joven, ahora me acuerdo, y no sé si sigo siendo revolucionario, creo que no soy todo lo revolucionario que era yo cuando era joven.

¡Ah!, pero mis amigos que eran revolucionarios, ahora son todos señores muy bien situados, que ya ven la revolución de otro modo; que la hagan otros y que la hagan bien y que no les causen molestias.

De manera que los revolucionarios jóvenes no me importan; importa que cuando sean grandes sigan siendo revolucionarios, a ver si es cierto.

A.O.B.- Bueno, maestro, queremos expresarle nuestro agradecimiento por todo; y si hay alguna ocasión en que usted tenga algo que decirnos, que haya olvidado o que no se haya incluido en nuestro cuestionario, nos interesaría mucho volver y estar en continuo trato con usted para que nos dé informes, para que usted utilice nuestros servicios que cumplidamente le ofrecemos.

Prof. J.S.I.- Yo quisiera pedirle al Instituto Nacional de Antropología e Historia que tomase unas fotografías que yo no he podido tomar técnicamente.

Mire, usted estuvo en la hacienda de San Vicente; pues en la iglesia del pueblo, que debe estar como a unas 200 ó 300 metros -ésta investigación hay que hacerla-, está la esquina del atrio de la iglesita; allí hay unas placas en piedra que son como un escudo deteniendo la base de la que fue hacienda, con una leyenda maravillosa; dice que esas tierras les fueron concedidas al pueblo y que son de él, es decir, es como un "detente hasta aquí", que le dijeran a la hacienda; es un documento muy dramático.

Yo creo que esta complementación de la grabación de ustedes debe comprender también la complementación fotográfica.

Hay que tomar fotografías de esas haciendas, de los cascos que quedan, porque primero se cayeron por la Revolución, porque las quemaron y ahora se están cayendo ya no más por descuido y por gravedad, porque una piedra mal puesta se cae; entonces hay que tomar fotografías, porque necesitamos tener documentos fotográficos de las haciendas, particularmente este testimonio que yo marco y que es increíble; un historiador puede tomarlo y puede dar exactamente con ello dos vistas: la vida del pueblo manifestada por esa lápida de la iglesia, la vida de la hacienda por las ruinas de su casco, enfrentándose a una situación de combatientes, a 200 o 300 metros apenas; es muy dramático, esto es lo que deben tomar ustedes.

Hay muchos testimonios fotográficos que hay que tomar antes que desaparezcan en el Estado de Moros y en todas partes.

Repito, tenemos que salvar testimonios, testimonios, testimonios; si no podemos mejorar situaciones, por lo menos que queden los testimonios de lo que era, de lo que ha sido y de lo que un día tiene que dejar de ser.

A.O.B.- Muchas gracias, maestro.

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Notas:

(1) Jesús Sotelo Inclán. Raíz y Razón de Zapata. Anenecuilco. México, Editorial Etnos, 1943.

(2) John Womack. Zapata and the Mexican Revolution. New York, Alfred A. Knopf Publishers, 1969. Traducción: Zapata y la Revolución Mexicana. México, Siglo XXI Editores, 1969.

(3) Robert P., Millon. Zapata: The Ideology of a Peassant Revolutionary. New York, International Publishers, 1969.

Transcribió: Luis Moncada Rodríguez.