LA AMBIGÜEDAD
DE ZAPATA.

Por Ilán Semo.


Extractos:

    En la fotografía del 20 de junio de 1911, en la Ciudad de México, Emiliano Zapata otea el espacio con la mirada y se le nota nervioso, aunque sus rasgos siguen siendo suaves, hasta amables.

    No es el mismo que aparece meses antes, en otra imagen, riguroso y elocuente, al frente de sus tropas y montando el alazán que le regaló el cura de Axochiapan.

    Zapata regresa a sus serranías, a sus pueblos.

    El es la ambigüedad de ese otro mundo que apenas asoma: el subsuelo indígena que toca a las puertas del laberinto público con el rostro de una "comunidad de campesinos".

    Sólo Antonio Díaz Soto y Gama, un intelectual magonista, repara en este hecho.

    El zapatismo fue, en rigor, un movimiento de pueblos indígenas que se desplegó frente a la obsesión de la des-indigenización provocada por los espejismos del Progreso.

    La idea de que Zapata es el líder de una rebelión que pretende retornar a la "comunidad ancestral" es una ficción que surge, curiosamente, no de sus prácticas económicas sino del innegable carácter indiferente del movimiento frente a la edificación de un nuevo Estado.

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Fuente:


Ilán Semo.
"La ambigüedad de Zapata", en
Revista Nexos. México, 1 de septiembre
de 2001. Páginas 84-85.