LA IMAGEN DE LOS
HÉROES MEXICANOS
EN LAS PELÍCULAS
AMERICANAS.

Por Paul J. Vanderwood.


Extractos:

    Como recreaciones de la historia de México es indudable que las películas Juárez (1939) y ¡Viva Zapata! (1952) pueden ser criticadas.

    Aunque algunos han dicho que ambas captan el espíritu o la esencia de los dramas que describen, los errores en los hechos, tal como hoy los comprendemos, son manifiestos en ellas al igual que una insistencia general que no viene al caso y que da a estos héroes mexicanos características y motivos que dificilmente tuvieron.

    Pero esas críticas son fáciles y no se enfocan en el problema principal.

    Estas películas nunca pretendieron ser representaciones históricas apegadas a los hechos.

    Juárez y Zapata fueron adaptadas deliberadamente para ajustarlas a las preocupaciones contemporáneas de la sociedad y de la propia industria cinematográfica de los Estados Unidos, lo cual hace que cada uno de estos filmes sea un documento fascinante para el estudio del periodo en que fueron producidos.

    La utilización de versiones cinematográficas de héroes mexicanos con fines políticos había llevado a la posibilidad de reclutar al campesino revolucionario, Emiliano Zapata, para la lucha por la democracia.

    Pero Zapata resultó ser un personaje mucho más difícil de controlar, e hicieron falta doce años más de titubeos nerviosos para que, por fin, apareciera en las pantallas de cine aunque por entonces fuera ya una víctima, algo manchada, de las tensiones de la guerra fría.

    Los planes para la película sobre Zapata nacieron en 1938 de los deseos de un zapatista de celebrar a su héroe en los Estados Unidos, y de las ambiciones de un emprendedor escritor inglés que deseaba coronar con ella su largo estudio de la Revolución Mexicana.

    El zapatista era Gildardo Magaña, cercano colaborador de Zapata durante la Revolución y gobernador de Michoacán en 1938.

    Magaña había reunido reliquias, documentos y otros materiales pertenecientes al movimiento agrario y había publicado una biografía del jefe guerrillero en dos volúmenes.

    Deseaba que Zapata fuera conocido por los norteamericanos a través de una traducción al inglés de su obra.

    Edgcomb Pinchon fue el autor inglés que se proponía hacer una crónica de "los cien años de lucha de México por un gobierno democrático", según sus palabras.

    Hasta entonces había escrito tres libros sobre ese tema, incluido ¡Viva Villa! del cual se hizo una adaptación para el filme del mismo título en 1933.

    Pero la falta de material de fuentes confiables obstaculizó el trabajo de Pinchon sobre Zapata.

    Ahora, según recuerda Magaña, Pinchon vio el medio de completar su proyecto y estableció contacto con la Metro Goldwyn-Mayer para venderle los derechos del libro propuesto.

    En esta difícil venta al estudio, Pinchon hizo hincapié en su gran conocimiento del México revolucionario, en sus relaciones personales con el gobernador Magaña y con el presidente Cárdenas pero, sobre todo, en el inmenso valor contemporáneo de una película sobre Zapata.

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Fuente:


Paul J. Vanderwood.
"La imagen de los héroes mexicanos en las
películas americanas", en México -
Estados Unidos: encuentros y desencuentros
en el cine. Universidad Nacional Autónoma
de México. Centro de Investigaciones sobre
América del Norte. Dirección General de
Actividades Cinematográficas.
Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes.
Instituto Mexicano de Cinematografía.
México, 1996. Páginas 59 a 82.