LA REVOLUCIÓN Y EL
ESTADO EN MÉXICO.

Por Arnaldo Córdova.


Extractos:

    Uno de los fenómenos en cuya explicación la historiografía de la Revolución Mexicana mayores dificultades ha encontrado, es la alianza entre Francisco Villa y Emiliano Zapata en el tiempo en que funcionó la Soberana Convención Revolucionaria de 1914 - 1915.

    Casi de modo invariable dicha alianza es puesta en duda.

    Si es en el terreno militar, se aduce siempre el hecho, cierto y además evidente, de que villistas y zapatistas jamás anduvieron totalmente de acuerdo, y menos aún mientras Carranza se retiraba hacia Veracruz.

    Si es en el campo ideológico y político, se dice que Villa y Zapata perseguían fines por completo diferentes, pues mientras el primero pugnaba tan sólo por adquirir poder personal, el segundo era el verdadero campeón de la lucha por la tierra; por ello, se deduce sin mayores tropiezos, su alianza en ideales y en objetivos era una impostura, pues en realidad nunca fueron más allá de la mera conveniencia bélica; el acento, como es natural, se carga en Villa.

    En particular, una nota esencial parece distinguir a esta historiografía, esto es, una permanente determinación de separar a los dos caudillos campesinos, y así, por separado, aceptarlos o rechazarlos, sin términos medios; en esta operación, con frecuencia Villa resulta ser el malvado de la historia, mientras que Zapata es el apóstol.

    Para muchos el verdadero revolucionario es Zapata; Villa tan sólo es un reaccionario o un ambicioso: se afirma que antes de 1914 Villa no fue agrarista, aunque se olvida a menudo que fue maderista y constitucionalista y que la disidencia en las filas revolucionarias la preparó el autoritarismo desenfrenado de don Venustiano Carranza; Zapata, en cambio, se dice que fue agrarista desde la cuna, y en ello no hay quien no esté de acuerdo, por supuesto.

    Aun así, el que Villa haya adoptado la bandera del agrarismo en 1914, tampoco es un índice, pues ese mismo año, en la hora de su enfrentamiento con Carranza, que también era la hora de las grandes reivindicaciones sociales, Villa rompió el frente revolucionario, se estima, únicamente en pos de nuevas elecciones, para quitar de enmedio al primer jefe Carranza y llevar a la Presidencia de la República a un civil que él pudiese manejar a su antojo.

    En el caso de Zapata, por el contrario, no hay problemas de legitimación.

    En 1912, ya don Luis Cabrera, que más tarde sería uno de los más cercanos colaboradores de Carranza, en su famoso discurso del 3 de diciembre, ante la XXVI Legislatura, pugnaba porque se reconstituyeran los ejidos de los pueblos para que los jornaleros no tuvieran necesidad de hacerse zapatistas; en 1914, según confiesa más tarde el propio Cabrera, el Primer Jefe Carranza enarboló la bandera del agrarismo para "fortalecer su situación militar y política" y por esos motivos expidió la Ley del 6 de enero de 1915.

    Carranza, pues, adoptó el agrarismo sin el principal agrarista que era Zapata.

    En aquel tiempo se dijo que, con la Ley del 6 de enero, Zapata ya no tenía razón alguna para seguir combatiendo, porque los principios agraristas allí quedaban formulados; pero, como escribió Jesús Sotelo Inclán, "es el caso que en Carranza, como en Madero, tales principios fueron sólo doctrina política, propaganda para atraer a los pueblos, pero no realidad efectiva".

    De cualquier manera, el agrarismo con Zapata se legitimó en 1920 como parte integrante de la Revolución, cuando Obregón derrocó al presidente Carranza, concilió en un solo frente político a casi todos los antiguos revolucionarios e hizo suya la bandera de Ayala.

    Años después, cuando inauguró su campaña presidencial, el general Calles se dirigió a la tumba de Zapata y dijo ante una multitud: "Sépanlo todos, sépalo el elemento conservador, el programa de Zapata, es el mío".

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Fuente:


Arnaldo Córdova.
La revolución y el Estado en México.
Ediciones Era. Colección Problemas de
México. México, 1989. 393pp.