JOSÉ CLEMENTE OROZCO.
DIEGO RIVERA. DAVID
ALFARO SIQUEIROS.

Museo Nacional de Bellas Artes.


Prólogo:

    Estos tres grandes figurativos trazaron en muro o en tela la figura de una patria, estos tres creadores la recrearon, estos reveladores la revelaron.

    México les debe figura, creación y revelación.

    Y México no es tierra de así no más, ni de baile especulativo o virreynal: es trágica grandeza, épica serenata, cadencia del corazón más volcánico de nuestro continente.

    Estos hombres cumplieron el mandamiento de dioses enterrados y de héroes descalzos: su pintura es esencial, geografía, movimiento, tormento y gloria de una nación formidable.

    Todos ellos pudieron ensimismarse en su excelencia y destreza (como Diego en el brillo cubista) pero los tres prefirieron encarar con todos sus poderes la verdad perecible estableciéndola en su patria como constructores responsables, ligados al destino y a la larga lucha de un pueblo.

    Me tocó convivir con ellos y participar de la vida y de la luz de México deslumbrante.

    Si me asombraron con su fuerza y su ternura en su patria, aquí verán en la mía el fervor de los chilenos.

    El fuego de esta pintura que no puede apagarse sirve también a nuestra circunstancia: necesitamos su telúrica potencia para revelar los poderes de nuestros pueblos y para afirmar la fe y la conciencia del alto destino de nuestra América unida en sus raíces por la tierra, la sangre y la defensa de nuestras esencias.

    Estos tres maestros mexicanos nos indican con la responsabilidad de su grandeza la afirmación de una nacionalidad.

    Y nos enseñan la confianza y la esperanza a través de su pintura atormentada pero victoriosa.

    Pablo Neruda.
    Isla Negra, Septiembre de 1973.

     

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Fuente:


José Clemente Orozco. Diego Rivera.
David Alfaro Siqueiros.
Museo Nacional de Bellas Artes.
Santiago de Chile, septiembre de 1973.
Presenta la Embajada de México.