PUEBLA Y TLAXCALA
EN LOS DÍAS DE
LA REVOLUCIÓN.

Por Porfirio del Castillo.


Extracto:

Para ese fin partimos de Puebla en el tren de Cuautla, transbordando en Matamoros para llegar a la terminal de Tlancualpican, en cuya población teníamos amigos.

Al día siguiente de nuestra llegada se presentó en el lugar, inesperadamente, un capitán zapatista de apellido Montes con veinte hombres a su mando, el que informado de nuestra presencia mandó traernos a la Presidencia Municipal.

Conferenciamos en privado y convencimos al capitán Montes de que éramos revolucionarios con deseo de organizar algunos elementos en otra región, y andábamos buscando la forma de establecer comunicación con el Cuartel General de Zapata y otros jefes importantes con quienes cultivábamos amistad.

Puestos de acuerdo, decidimos regresar en el tren inmediato; confesándonos Montes, entonces, que su llegada tenía por objeto asaltar ese tren.

Silbó la locomotora anunciando que entraba a la curva que desemboca a la Estación. Los zapatistas se distribuyeron violentamente y nos invitaron al asalto, lo que aceptamos.

En la Estación esperaban la llegada del tren además de las gentes del pueblo una numerosa peregrinación católica procedente de Chiautla, encabezándola el párroco de aquél lugar, quien se dirigió a nosotros pidiendo respeto y garantías para sus feligreses.

Sin esperar la contestación de Montes trepé a un banco y arengué al público y a los peregrinos, encareciéndoles que ellos llevaran a la ciudad la noticia de que los zapatistas peleaban por la libertad y la justicia, que eran hombres de bien, y que el capitán Montes les había dado plenas garantías.

Abogamos en seguida por el jefe de Estación y la tripulación que estaban detenidos, presionándolos para que informaran de los valores en existencia; explicamos a Montes que con solo tener a la vista las Guías del Ferrocarril se comprobaban los valores y mercancías que existieran; y que debía darse un recibo a los empleados, de lo que se tomara, para que éstos cubrieran su responsabilidad.

Sin más incidentes el tren regresó a tiempo, viniendo nosotros, que trasbordamos en Matamoros Izúcar para detenernos en Axochiapam; de este pueblo nos trasladamos a Cuautla, después a Cuernavaca y finalmente a México, trayendo buena información.

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Fuente:


Porfirio del Castillo.
Puebla y Tlaxcala en los días
de la Revolución.
Imprenta Zavala.
México, 1953. 322pp.