REFORMA AGRARIA
EN MORELOS.

Forjadores de un Estado. Tomo I.


Extracto:

    Durante la Revolución Mexicana, el Estado de Morelos -como ninguna otra entidad de nuestro país- se convirtió en el inexpugnable bastión del zapatismo y por ende, del agrarismo.

    Morelos tenía una añeja tradición hacendaria y latifundista cuyos orígenes se remontaban al periodo colonial, pero fue desde la segunda mitad del caótico siglo XIX, que el Estado se convirtió en centro vital de la producción azucarera del país.

    Las condiciones del campesinado que trabajaba las tierras morelenses eran en extremo precarias, lo que permitió que miles de campesinos respondieran al unísono el llamado revolucionario.

    Antes del estallido revolucionario, la entidad era considerada un ejemplo de progreso y un pilar del mercado nacional e internacional del azúcar.

    Decenas de prósperas haciendas azucareras se levantaron por todo el Estado.

    Sin embargo, la lucha armada que trajo consigo la Revolución Mexicana -además de la mano de obra que había cambiado el arado por el fusil- también arrasó con los campos cañeros, la planta productiva y la obra hidráulica.

    Y es que por Morelos se hizo sentir la Revolución como posiblemente como en ningún otro lugar, siendo el principal escenario del zapatismo entre 1910, año del Plan de San Luis, y 1919, año del asesinato de Emiliano Zapata.

    Al ser los pueblos y las comunidades los más afectados por el arrebato de tierras fueron ellos los personajes centrales de la lucha.

    No todas las clases veían a Zapata como el gran libertador del pueblo.

    Para la clase intelectual Zapata era visto como:

    Un hombre rudo, aunque con cierto talento natural, no concebía como posible un despojo en los bienes de los hacendados [...] no alcanzaba a discernir que la forma razonable de hacerlos era la adquisición por parte del Gobierno, mediante un pago justo, determinadas extensiones de tierras para dividirlas en lotes y poner en posesión de ellos a quienes quisieran vivir de la agricultura.

    El y los suyos no tenían más credo que el de la destrucción de todo cuanto existiera; hacer que el Estado de Morelos fuera abandonado por los habitantes y repartirse entre el escaso grupo de alzados los terrenos...

    Emiliano Zapata, más que ambiciones políticas, tenía una conciencia social.

    Fue eso lo que le llevó a empuñar las armas en contra de un régimen que claramente iba en contra de los intereses de su gente, de los campesinos pobres y desamparados que no tenían más alternativa que vivir y heredar miseria.

    Zapata siguió el llamado de Madero no tanto por identificarse con el político coahuilense -rico hacendado del norte- sino por ver una inmejorable oportunidad de participar activamente en un cambio que parecía impostergable.

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Fuente:


"Reforma agraria en Morelos", en
Morelos. Forjadores de un Estado. Tomo I.
Morelos. Estado del Sur. Cámara de
Diputados LXIII Legislatura. México,
Primera edición 2017. Páginas 147 a 162.