REMEMBERING EMILIANO
ZAPATA: THE THREE
MOMENTS IN THE
POSTHUMOUS CAREER
OF THE MARTYR
OF CHINAMECA.

Por Samuel Brunk.


Extracto:

    Emiliano Zapata es una de las figuras más significativas de la historia de México.

    A principios de 1911 él y un pequeño grupo de campesinos del estado centro-sur de Morelos se unieron a una rebelión más amplia contra el régimen del presidente Porfirio Díaz.

    Lucharon para impedir que las haciendas siguieran infringiendo los derechos sobre la tierra y el agua de las comunidades campesinas de su estado y para recuperar los recursos que ya se habían perdido.

    También lucharon por las libertades locales, por el derecho de los aldeanos a asumir una mayor responsabilidad por su propio destino.

    Lucharon, en suma, por las condiciones cruciales para la preservación de su cultura rural.

    Zapata pronto asumió el liderazgo de este creciente movimiento y Díaz, sorprendentemente, pronto cayó.

    Sin embargo, Zapata descubrió entonces que los líderes de otros grupos revolucionarios no consideraban la reforma agraria como un problema acuciante, si es que pensaban en el tema.

    Y así continuó luchando, durante casi una década, en la lucha que se conoció como la Revolución Mexicana, desarrollando un programa nacional y una reputación nacional en el proceso.

    El 10 de abril de 1919, fue emboscado y asesinado en la hacienda Chinameca por soldados leales a la facción revolucionaria de Venustiano Carranza, que había estado tratando desde 1915 de consolidar el poder en la Ciudad de México.

    Zapata fue enterrado en el cementerio del importante pueblo morelense de Cuautla.

    La carrera militar de Zapata había terminado, pero su carrera póstuma acababa de empezar.

    Su poder duradero se demostró vívidamente el primer día de 1994, cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en el estado de Chiapas contra el régimen del presidente Carlos Salinas de Gortari.

    Para un historiador que ha dedicado un tiempo considerable a explorar el zapatismo en archivos polvorientos, fue sorprendente -y algo desconcertante- ver como estos rebeldes chiapanecos llegaron a ser llamados, tan casualmente, los zapatistas.

    Pero el advenimiento de este neozapatismo ha contribuido a un notable concurso sobre la imagen de Zapata durante los años 90, y esto ha sido ciertamente gratificante para este estudioso, no sólo al mostrar que Zapata sigue siendo significativo, sino al sugerir cómo y por qué podría ser así.

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Fuente:


Samuel Brunk.
"Remembering Emiliano Zapata: Three
Moments in the Posthumous Career of the
Martyr of Chinameca", en Hispanic American
Historical Review. Volumen 78, Número 3.
Duke University Press. Durham,
Carolina del Norte, Estados Unidos, agosto 1998.
Páginas 457 a 490.