UN EJIDO DIVIDIDO.
Por Emilio Kourí.


Extracto:

    En su influyente libro El agrarismo mexicano y la reforma agraria (1959), Jesús Silva Herzog le reconoce al zapatismo apenas su firme vocación agraria, pues considera que el Plan de Ayala exhibe "notorias deficiencias" como documento político, las cuales -nos dice- se explican por las evidentes limitaciones de quienes lo escribieron, Otilio Montaño y Emiliano Zapata: "El primero, un profesor pueblerino de primeras letras y el segundo un campesino que sabía leer y escribir y las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética".

    Sus reclamos agraristas se entienden y atienden, pero sus ideas políticas no.

    La segunda causa general del menosprecio al municipalismo zapatista tiene que ver con los prejuicios asociados a la imagen comunalista de los pueblos mexicanos.

    Un texto anterior esbozó algunas de las diferencias entre el proyecto zapatista y el agrarismo posrevolucionario ("Zapatismo y agrarismo", Nexos, septiembre 2019), en el que destacó la falta de categoría política y autoridad propia que definirían al ejido como una institución esencialmente débil y dependiente.

    Conviene ahora volver a ese asunto y contar la triste historia de un ejido dividido y manipulado desde sus comienzos, pues los vaivenes y las arbitrariedades que marcaron su funcionamiento desde un principio reflejan también lo que sucedería en tantos otros.

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Fuente:


Emilio Kourí. "Un ejido dividido", en
Nexos. Año de Zapata. México,
noviembre de 2019. Páginas 87 y 88.