VIENTO SUR.
Por Ignacio Retes.


Extracto:

    El Joven:

    Emiliano Zapata murió el 10 de abril de 1919 a los cuarenta años de edad. Yo no le conocí.

    He recorrido el Estado de Morelos, las ciudades, los pueblos, las rancherías donde acampaban los zapatistas, caseríos perdidos en las laderas de la sierra.

    Jonacatepec, Anenecuilco, Yecapixtla... parecen nombres inventados por pájaros. Conozco el Estado.

    En Morelos, el pueblo excava en el recuerdo, en busca de sueños, de imágenes de Emiliano Zapata.

    Hay ancianos que aseguran que no murió, que fue otro el hombre asesinado en la hacienda de San Juan Chinameca.

    Hay quienes afirman que pudo escapar, que se perdió por un camino que sólo él conocía.

    Todavía ahora, al acampar en cualquier caserío, se escucha el relincho nocturno de un caballo tendido al galope por los cañaverales, y la gente aguza los oídos, y se calla hasta que se pierde el galope en la distancia.

    Allí va Emiliano, piensan...

    Ante la ingenuidad y la belleza del mito se levanta la indiferencia de lo historia: Zapata murió asesinado.

    El crimen obedeció a motivos políticos, en aquella sucia hora revolucionaria en que la traición acabó con los caudillos.

    Los sueños de Zapata quedaron acribillados allá en Chinameca, pero el Sur levantó un viento que conmovió a los hombres y a los pueblos.

    Zapata, viento sur, carabina y jilguero, vuela por los cielos de la geografía mexicana.

    Aquí están: fragmentos de un tiempo inolvidable: los últimos días de Emiliano Zapata.

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Fuente:


Ignacio Retes.
Viento Sur.
Instituto Tecnológico de Monterrey.
Poesía en el Mundo. Número 44. 25pp.
Edición especialmente tirada para el
IV Congreso Nacional de Arquitectos Mexicanos.