ZAPATA Y EL
AGRARISMO.

Por Manuel Mesa.


Extracto:

    Zapata, como caudillo de la rebelión agrarista de Morelos, no es otra cosa que producto del medio en que nació y vivió. El, lo mismo que todos los peones de las grandes haciendas azucareras de ese Estado, al igual que todos los arrendatarios y medieros de los latifundios de Guerrero y de Morelos, de Michoacán y de Oaxaca, sintieron la necesidad de conquistar la tierra cultivada.

    Sin un programa para la distribución de la propiedad territorial, sin una ideología que orientara la política agraria, con la sola idea concreta de ser dueños de la tierra, todos los campesinos de esa extensa región mexicana reclamaron a tiros de fusil, con furia y encono incontenibles, lo que ellos consideraron un legítimo derecho.

    Madero y su régimen nada hicieron para entregar la tierra a quienes la trabajan. Confesaron la existencia del problema, demostraron que no existiría orden social alguno ni paz permanente, mientras los campesinos fueran esclavos del amo; estudiaron soluciones, todas éstas para crear la pequeña propiedad individual, semejante a la que existe en otros países considerados muy civilizados.

    Zapata, cuando habló con el apóstol, sólo exigió el cumplimiento inaplazable de dar las tierras a los pueblos, promesa por la cual se habían levantado en armas. Rechazó el ofrecimiento de hacerlo propietario y al considerar defraudada su causa, permaneció con los suyos en guerra sin cuartel contra los hacendados.

    Victoriano Huerta, el marihuano, quiso ahogar en sangre al zapatismo, azoló los campos, incendió los poblados, reconcentró a los campesinos indefensos para exterminar a todos los levantados en armas, pero no logró la paz y la tranquilidad que clamaban los privilegiados.

    Se extendió entonces la rebelión por todo el territorio, surgieron nuevos caudillos revolucionarios y en el fragor de los combates, en la guerra sin cuartel, la lucha campesina definió sus postulados.

    Los agraristas del Sur sostenían su causa y exigían de Villa y de Carranza la aceptación del Plan de Ayala.

    Fue entonces cuando Carranza dictó la ley del 6 de enero para quitar su bandera al zapatismo, para atraerse a los rebeldes del sur y combatir con ellos a Francisco Villa, pero Zapata no tragó el anzuelo.

    Traicionado por el maderismo desconfió de las promesas, de las leyes escritas en papel, de las gentes que rodeaban a don Venustiano. ¡Así lo sorprendió el engaño y la felonía del Carrancismo que lo asesinó a mansalva!

     

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Fuente:


Manuel Mesa.
"Zapata y el Agrarismo",
en Futuro, Revista Popular.
Tercera época, Número 10. México,
Diciembre de 1936. Páginas 20 a 22.