DANZA DE LOS
CARRANCLANES.

Autor: Anónimo

Y cómo les quedó el ojo a los carranclanes
que al estado de Morelos fueron veloz
a conquistar a Zapata y sus generales,
pero creo que no pudieron, válgame Dios.

Decían: nosotros no semos los federales
ni el cuerpo de naranjistas que aquí mintió,
nosotros semos puros constitucionales
y con los del noroeste nomás tres dos.

Tan bravos como un Cid entraron por doquier
con un ruido sin fin de tiros a granel;
creían tal vez que haciendo este papel
habían de conseguir el triunfo por doquier,
pero en la lucha ví muy pronto descender
a esa arrogancia vil de rupas, ¡ni es de creer!

Entraron a sangre y fuego haciendo matanza
de cerdos y de gallinas con gran valor;
borregos y guajolotes en su venganza
rodaban ante las plantas del vencedor.

Se llevaron las ceriales de muchas casas,
almohadas y cobertores, cama y colchón,
metates y nixtamales, platos y tazas,
cazuelas y bacinicas, ¡qué admiración!

Marchaba el escuadrón cubierto de rubor
llevando en su excursión toda esta provisión,
porque en su corazón había mala intención.

No tenían compasión de aquel campo de honor,
y decían con valor no se oye ni un rumor,
marchemos sin dilación pues, sin ningún temor.

Triunfaban los carranclanes del pobre pueblo
que asaltaban con su estrategia sin vacilar;
se reunía de varias partes todo el gobierno,
y entraban a varios pueblos así a robar;
terrible que era el gobierno con los borregos,
y con las pobres familias que llegaban a encontrar,
se marchaban de aquel punto pero ligeros
para que los zapatistas no los fueron a derrotar.

Se iban aquellas plagas como don Luis Cartón
llevándose las varas que era su pundonor;
también marranas flacas marchaban con fervor,
con rebaños de cabras formaban su escuadrón,
de gallinas cluecas llevaban un montón
para resguardar las plazas allá en su región.

Les decían aquellos jefes a sus subalternos:
cuando salgan a campaña así lo han de hacer,
arróllense de los campus ganados aunque sin cuernos,
que al fin nuestro presidente nos da el poder,
pues les aseguro que no vamos a ser eternos
si no lo hacemos así no tendremos qué comer;
ustedes tráiganse burros aunque sean viejos
que aquí a sus mismos paisanos se los podemos vender.

Nuestro jefe Carranza así nos facultó
de perseguir matanza, porque con Zapata no;
porque no quiso Zapata no nos exterminó,
cuando en Puebla tomó la plaza y a Coss lo derrotó,
y nuestro jefe Carranza a Veracruz se peló
cuando Zapata en Puebla a todos nos corretió.


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Fuente:

Catalina H. de Giménez. Así cantaban la Revolución.
Consejo para la Cultura y las Artes / Editorial Grijalbo.
Primera edición 1990. México, p. 362-363.
Hoja volante, 1916, sin pie de imprenta.

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