EL TESORO DE
EMILIANO ZAPATA.

Autor: Anónimo

En el cerro de El Jilguero
hay un tesoro escondido
que perteneció a un temido
y terrible guerrillero.

Ese Emiliano Zapata
acumuló ese tesoro,
donde las perlas, la plata
y los brillantes y el oro,
unen su infernal belleza
en un conjunto admirable
muy capaz de trastornarle
a cualquiera la cabeza.

Los rubíes semejan gotas
de sangre que humeante
clama justicia y quizá venganza
por las existencias rotas.

Las perlas lágrimas son
de los mil infortunados
que para ser despojados
murieron sin confesión.

Y cuantas joyas valiosas
testigos mudos serán,
de escenas tan horrorosas
que siempre las mancharán.

Entre el brillar de ese oro
se ven las tristes prendas
brillar en perenne lloro
que engendraron los Atilas.

Y entre esas barras de plata,
la blancura de los huesos
de los innúmeros muertos
que sembró doquier Zapata.

Si se llegase a El Jilguero
y el oro se removiera,
se oiría el ¡ay! tan lastimero
que al morir Zapata diera.

iOh víctimas inocentes!
ahí están de vuestras vidas
las ganancias obtenidas
en monedas relucientes.

¿Cuántas fuisteis? Dios lo sabe,
sólo se podrá contar
lo que a El Jilguero hoy le cabe
en suerte de atesorar.

Ya los hombres afanosos
buscan llenos de codicia
que en su insaciable avaricia
olvidan los horrorosos
orígenes del tesoro...

Ellos sólo buscan oro,
aunque empapado se halle
en las lágrimas y sangre.

De muertos en las campañas
y en los asaltos y robos
y si le hablan... como lobos
se arrancarán las entrañas.


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Fuente:

Catalina H. de Giménez. Así cantaban la Revolución.
Consejo para la Cultura y las Artes / Editorial Grijalbo.
Primera edición 1990. México, p. 386-388.
Hoja volante, 1919,
Testamentaria de Antonio Vanegas Arroyo.

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