LA MUERTE DE
EMILIANO ZAPATA.

Autor: Anónimo

Para Benjamín Arredondo Muñozledo

Un coronel de Carranza,
muy ladino y agresor,
fingió hacerse zapatista:
le chupó sangre al dolor,
y llanto de clorofila
soltó el monte en su canción.

Dijo Guajardo a Zapata
con serena y falsa voz:

- Mi general, yo lo invito
a saborear un lechón
con cerveza y con mezcales,
pa´hablar de Revolución.
Traiga a jefes y oficiales:
para mí será un honor.

- Cómo no, mi coronel.
¿Dónde será la reunión?
- En Chinameca, mi jefe.
- Acepto la invitación.
Llegaré por la mañana
para celebrar la unión
de un carrancista consciente,
que el Plan de Ayala aceptó...

El campo se luce en verde;
las aves cantan de amor.

(Guajardo, trama la urdimbre
de ignominiosa traición).

Zapata intuye zozobras...
- ¿Será Guajardo un felón?...
Vengan conmigo unos leales.
Vean y escuchen; si hay rumor
o misterio entre la tropa
de Guajardo, con valor
y muy decididamente
afrontemos la traición;
mas si demuestran nobleza:
¡haya paz, y guerra no!...

II

- Vuela, vuela, palomita...
Lleva un recado al varón,
que pelea por que los pobres
tengan lo que les quitó
el gobierno porfiriano
y unos curas de pilón.

¡Dile que no vaya; dile
que Guajardo es un bribón!...

III

Jinete de buen caballo,
caudillo de gran valor,
por las rutas agraristas
Zapata se encaminó.

Antes de entrar en la hacienda,
Guajardo lo recibió
con marcial respeto falso
hasta que en la finca entró.

Al pasar por el portal
le terciaron armas los
carrancistas, y la banda
tocó llamada de honor.

Trataron ciertos asuntos,
cuando una alarma llegó,
de que tropas enemigas
se acercaban al bastión.

Salió el caudillo del casco
de la hacienda, con valor,
para enfrentarse al que fuere;
y Guajardo se quedó
entre los potentes muros,
dizque en defensa interior.

(Alarma urdida en cadena,
crueles efectos causó).

Palacios, Salgado y Lima,
Zapata así lo mandó:
fueron por armas y parque
que Guajardo prometió.
Éste estaba protegido,
y allá fue la comisión.

Lima desvió su camino
y a su jefe lo llevó
a donde había unas cervezas
y su misión olvidó.

En tanto a los coroneles
Guajardo los sorprendió:
disparó traidoramente:
sin defensa los mató.

Esto se hizo a la mala
y con premeditación
y alevosía y ventaja
que merecen maldición.

Esa conducta oprobiosa
no la olvida el Pueblo. ¡No!...

El Plan de Ayala aún vive
representado en la hoz:
la esperanza roji-verde
pide campos de labor:
que las tierras y las aguas
vuelvan al trabajador.

IV

El espectro de Zapata
cabalga de noche, al son
de agudos coros de grillos
y graves quejas del peón;
y la rebeldía emiliana
se resume en esta voz:

No te olvides, campesino:
reclama la posesión
territorial, y las aguas
que hace tiempo te robó
el hacendado voraz
y el político traidor.

Recurre a todas las fuentes
del Derecho y la razón...

Habrá muchos poderosos
que, locos por la ambición,
reclamarán con argucias
lo que la Historia te dio.

¡No te dobles ante nadie!
¡Esas tierras, tuyas son!
¡Reclámalas como antaño:
con sangre del corazón!...

 


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Fuente:

José Luis Castro Dávila. Entre Aguilas y Estrellas.
Breves episodios de la Revolución Mexicana
con nuevos corridos y romances.
Segunda edición 1980. México. p. 343 -347.

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