TIERRA Y LIBERTAD

Por José Luis Castro Dávila.

Para Jesús Sotelo Inclán

Allá en los campos se oía
una queja centenaria:

--Robó el amo nuestras tierras
y ya no tenemos nada;
sólo fatiga en el cuerpo y
rencor seco en el alma.--

Y Anenecuilco fue cuna
de un varón de mucha fama,
en todo lo que es Morelos,
sin olvidarse de Cuautla.

Después saltó los linderos
de la Nación Mexicana.

Lo llamaban: Emiliano;
su apellido era: Zapata.

Y le decía el calpuleque
a toda la gente agraria:

--Los productos de la tierra,
que sean del que la trabaja.--

Una vez fue maderista ...
Pero Madero expresaba
en un Plan, el de San Luis,
restitución necesaria
de montes, fundos y ejidos,
como también de las aguas,

para mejorar la vida
miserable de los parias ...

La promesa era bonita;
y así Emiliano Zapata
se adhirió a Pancho Madero
que justicia pregonaba.

Madero fue presidente,
y del Plan, no cumplió nada ...

Y volvió a oírse la queja
de la gente campirana:

--¡Robó el amo nuestras tierras
y ya no tenemos nada!--

Y los hombres del arado,
del machete y la guadaña,
gritaron: --¡Muera Madero!,
por no cumplir su palabra.
¡ Ya no creemos en él:
su promesa fue patraña !--

Entonces el calpuleque
llamó a un viejo camarada:
Otilio Montaño: hombre
de inteligencia muy práctica.
Era profesor rural,
pero sabía y pensaba.

Les sirvió el Plan de San Luis
de modelo, y con fe sana,
cifraron sus ideales
en otro Plan: el de Ayala.

Llamó al Pueblo el jefe de hombres
y le dijo estas palabras:

--¡Muchachos: llegó la hora;
nuestra vida hay que jugárnosla!
Firmaremos este Plan
con la mano y con las armas!
¡ O nos devuelven las tierras,
o habrá tormenta de balas!

¡Guerra a todo aquel gobierno,
que no acepte el Plan de Ayala!
¡ Guerra a ricos y hacendados
con esas tiendas de raya!
¡ Los montes, fundos y ejidos,
que sean del que los trabaja!--

Al oír los agraristas
las promesas campiranas,
sollozaron en silencio
y gritaron con el alma,
cual si de una nueva Biblia
renaciera la esperanza.

Y haciendo un gesto de gusto
que emergía de la rabia,
(con el machete en la mano,
subido como amenaza)
gritaron a voz en cuello:
¡¡¡ VIVA MILIANO ZAPATA !!!

 

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Fuentes:

José Luis Castro Dávila. Entre Aguilas y Estrellas.
Breves episodios de la Revolución Mexicana con
nuevos corridos y romances.
Segunda edición 1980.
México. p. 329-332.

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