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ASESINATO DEL
VALIENTE GENERAL
DOMINGO ARENAS

Autor: Anónimo.

Triste noticia les traigo
de un crimen que ya pasó
que á mi general Arenas
Ayaquica lo mató.

El valiente Don Domingo
á Ayaquica lo citó
para que se sometiera
con Carranza á quien sirvió.

Ayaquica muy formal
le dijo que fuera á Atlixco,
y que allí lo esperaría
para volver al aprisco.

Con su noble corazón
nunca temió una celada
y con su estado mayor
se dirigió a la Cañada.

Ayaquica lo esperaba
rodeado de sus soldados,
le dió el abrazo de Judas,
y retiró á los malvados.

Con astucia infernal
Fortino estaba contento
y le ofreció como amigo
trabajar para su intento.

Díjole que muchos jefes
de Zapata ya querían
rendirse, pues se cansaban
con la guerra que seguían.

E! general ya creyó
segura la rendición,
nunca pensó llegaran
á hacerle tan vil traición.

Despues que se pasó un rato
de pláticas y promesas,
le dijo que lo esperara
que iba á retirar sus fuerzas.

El general muy confiado
bien tranquilo se quedó
sin notar que por un flanco
un bulto se levantó.

Un coronel Zapatista
sacó el revólver traidor
y por detrás hizo blanco
en el confiado señor.

La traición se alzó terrible
un cerco de hombres malvados
no dejaron ya que Arenas
fuera por leales salvado.

Otras muchas balas luego
hicieron blanco después,
y como perros rabiosos
se arrojaron sobre dé él.

Su cadaver fué arrastrado
por los montes y los llanos
por quienes quiso tratar
como si fueran hermanos.

Así terminó aquel bravo
vencedor en San Martín,
en Chiautenpan y Tlaxcala,
Apizaco y San Joaquín.

Por su corazón valiente
y por su noble lealtad,
solo, y entre los malvados,
á Atlixco se fué á entregar.

Quisieron ellos vengarse
de la supuesta traición
que á la causa de Zapata
hizo con su rendición,

Es una causa perdida
la de Zapata Emiliano,
que hace sufrir con su saña
á este Pueblo Mexicano.

Los nobles son como Arenas
que no quieren ver llorar
á la pobre Patria mía,
y la van á consolar.

No los que van al avance
sin ponerse á trabajar,
y solo en el robo buscan
la manera de medrar.

Ahora su hermano Cirilo,
que también es general,
ha jurado la venganza
y se dispone a pelear.

Seguirá contra Zapata
una guerra sin cuartel,
y ojalá que el asesino
pague su crimen muy bien.

Ya les canté este corrido
que es triste, no hay que negar
pero si fué mal cantado
creo que me han de dispensar.

 

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Fuente:

César Macazaga Ordoño (Introducción y edición) / Eduardo Guerrero
(Colección) Corridos de la Revolución Mexicana. Desde 1910
a 1930, y otros notables de varias épocas
.

Editorial Innovación. México, 1985, 103pp.

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