CORRIDO DE
EMILIANO ZAPATA

Autor: Anónimo.

En Cuautla, Morelos hubo
un hombre muy singular,
justo es ya que se los diga:
hablándoles, pues en plata,
era Emiliano Zapata
muy querido por allá.

Todo es un mismo partido,
ya no hay con quién pelear;
compañeros, ya no hay guerra,
vámonos a trabajar.

Ya se dieron garantías
a todo el género humano,
lo mismo que al propietario
como para el artesano.

¡Unión! que es la fuerza santa
de todito el mundo entero,
Paz, Justicia y Libertad
y gobierno del obrero.

Así como los soldados
han servido pa' la guerra,
que den fruto a la nación
y que trabajen la tierra.

¡Quién no se siente dichoso
cuando comienza a llover!
Es señal muy evidente
que tendremos qué comer.

Si los campos reverdecen
con la ayuda del tractor,
es el premio del trabajo
que nos da nuestro sudor.

El oro, no vale nada
si no hay alimentación:
es la cuerda del reloj
de nuestra generación.

Quisiera ser hombre sabio
de muchas sabidurías;
pero más quiero tener
que comer todos los días.

Dan la una, dan las dos,
y el rico siempre pensando
cómo le hará a su dinero
para que vaya doblando.

Dan las siete de la noche
y el pobre está recostado,
duerme un sueño muy tranquilo
porque se encuentra cansado.

¡Dichoso el árbol que da frutos,
pero muy maduros:
Si señores, vale más
que todos los pesos duros!

No quiere ya relumbrones
ni palabras sin sentido,
quiere sólo garantías
para su hogar tan querido.

Es el mejor bienestar
que el mexicano desea:
que lo dejen trabajar,
para que feliz se vea.

 

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Fuente:

Anónimo. Corridos zapatistas. Colección Biblioteca
Latinoamericana. Libros en Red. 2004, 67pp.